
Colombia: Cumbia y Cambio
Si bien liberales y conservadores continúan al frente, el fenómeno se llama Noemí Sanín.
El conservador Andrés Pastrana Arango podría lograr la primera magistratura de su país en la segunda vuelta el próximo 21 de junio. Obtuvo ahora el 34.3% de los votos. En medio de difíciles condiciones políticas y sociales, así como en un constante clima de violencia, Colombia ha demostrado una vez más su apuesta por la democracia.
El ministro del Interior del gobierno de Ernesto Samper, Horacio Cerpa, reanimó las fuerzas del liberalismo, y conquistó primer lugar con 34.5% de los votos.
Este es el marco de la elección del 31 de mayo y de una concurrencia importante a las urnas con un 55% de participación, a pesar de la tradicional abstinencia colombiana, ya que el voto nunca ha sido obligatorio.
Horacio Serpa, con su apretadísimo primer lugar, encarna la tradición liberal del pueblo colombiano y la posible continuidad, luego de doce años de gobierno.
Andrés Pastrana, el otro cercano finalista, es un conservador con una paradójica vocación de cambio que, al parecer hoy día, sintoniza con la actitud y el temperamento de sus paisanos. Doce años fuera del poder ha generado una posición predispuesta y agresiva, así como la exitosa candidatura de Pastrana, que los pone ad portas de recuperar el Palacio de Nariño.
El tercer lugar recayó en la ex ministra de Relaciones Exteriores Noemí Sanín, que obtuvo el 26.8% de los votos, seguida por el general Harold Bedoya, ex comandante general del Ejército. Este militar, luego de protagonizar un amago golpista -hace un año-, consiguió apenas el 1.8% de la votación. Después, se ubicaron otros nueve candidatos que lograron resultados imperceptibles.
El fantasma de una guerrilla institucionalizada, un narcotráfico capaz de penetrar las estructuras del poder, y una violencia que amenaza con convertir a Colombia en tierra de nadie, se han enraizado en ese país, impidiendo que se perciban las potencialidades que los caracterizan.
Luego del derrocamiento del general Rojas Pinilla, los partidos históricos en Colombia -el Liberal y el Conservador- forjaron un acuerdo nacional para compartir el poder que ha durado varias décadas, y que han legado una cierta cultura de apertura en la clase política colombiana. Fatalmente, la violencia ha impedido que la estabilidad política y económica de ese país trascienda a favor del pueblo.
Los puntos culminantes del horror se alcanzaron, posiblemente, con el asalto a la Corte Suprema que la guerrilla protagonizó a mediados de los 80 durante el gobierno del conservador Belisario Betancur, hecho que terminó en una masacre. Tiempo después, en 1989, fue asesinado el precandidato liberal a la presidencia Luis Carlos Galán, símbolo del cambio y promesa política continental.
En este contexto, el gobierno de César Gaviria -actual Secretario General de la OEA- significó un respiro dentro de un hábil manejo de la cosa pública e importantes cambios institucionales. Pero si bien hubo avances, el proceso de paz quedó trunco y la estructura del narcotráfico -incluida la fuga de uno de su capos, Pablo Escobar- pudo mantenerse con relativa capacidad de daño.
La gran electora de la contienda del próximo domingo 21 de junio será Noemí Sanín, cuyo electorado tiene en sus manos el destino de Colombia. A pesar de que ella ya anunció que dejará en libertad a sus votantes para que decidan con criterio de conciencia, es posible que en los próximos días el arte del cubileteo político que dominan los colombianos genere acuerdos imprevistos.
Es de suponer que el electorado de Sanín, identificado con sus propuestas de cambio radical, se sienta mejor con el discurso de Andrés Pastrana y le pueda poner la presidencia en bandeja. No obstante, los liberales serán un hueso duro de roer y formidables adversarios en una final que al parecer será tan emocionante como la primera vuelta.
Colombia es demasiado bella para enfrentar a la adversidad durante tanto tiempo. Políticos decentes y muy calificados superan ampliamente a los corruptos, su empresa privada es un ejemplo para América Latina, como lo es su pujante clase media. Su arte y su producción bibliográfica e intelectual hacen de este país un verdadero oasis para la cultura. Ojalá que por medio del sufragio, los colombianos escojan el mejor camino y logren forjar la patria que merecen.
La Dama del Voto
Será la gran electora en la segunda vuelta electoral
colombiana el próximo 21.
Noemí Sanín: una figura joven para un panorama distinto.
NOEMI Sanín Posada, dueña de una gran belleza, y además de una reconocida inteligencia, destacó en la empresa privada -en una corporación de ahorro y vivienda- y luego fue ministra de Comunicaciones del presidente Belisario Betancur. En la gestión del presidente César Gaviria ocupó el cargo de embajadora en Venezuela y luego se convirtió en ministra de Relaciones Exteriores.
Con imaginación y esfuerzo, la Sanín y su compañero de fórmula, el algo excéntrico ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, barrieron en la capital y ganaron en Cali, Medellín y Barranquilla.
El presidente Samper la designó embajadora en Londres en 1994, cargo al cual renunció al desatarse el escándalo del narcotráfico en la campaña electoral. Su principal propuesta es proponer un acceso de calidad a la educación y un manejo eficiente de los recursos fiscales. Al mismo tiempo propuso reactivar la economía, generar empleo, y poner fin a la violencia y a las violaciones de los derechos humanos.
El Cambio Es Andrés
JUVENIL, simpático e inteligente, Andrés Pastrana Arango, con muchos amigos peruanos, está al borde de conquistar la presidencia de Colombia.
Hijo del ex presidente Misael Pastrana Borrero (1970-1974), fallecido hace unos meses y nieto de un gran dirigente liberal, Pastrana se considera "hijo del acuerdo nacional".
Pastrana, con 44 años, es el más joven de los tres finalistas de las elecciones colombianas en primera vuelta. También abogado, casado y padre de tres hijos, inició su vida pública como periodista y presentador de televisión. Fue concejal de Bogotá y el primer alcalde de la capital elegido por el voto popular.
En 1991, fue electo senador, cargo al que renunció para aspirar a la presidencia. Conocedor de los usos del poder y experto en juegos de alta peligrosidad, aparte de su exitosa experiencia como alcalde de Bogotá, sufrió un secuestro que casi le cuesta la vida. Está familiarizado con los rigores de la política, y Nora, su esposa, es una indispensable compañía en ese largo camino.
La principal propuesta de Pastrana es multiplicar los empleos rebajando los impuestos a las empresas que los generen. Del mismo modo plantea garantizar la educación a los niños y jóvenes, así como aumentar las obras de infraestructura y construir viviendas para los sectores más pobres.