Dale la Mano al Tigre


Dale la Mano al Tigre
El viaje de los Clinton a China ya no es un juego de ajedrez sino el negocio del siglo que viene.

Oscar Málaga en rebelde atuendo, capturado por China.

Oscar Málaga partió hace seis años a China y fue conquistado. Periodista de esta casa, prefirió el mundo del Celeste (y boyante) Imperio donde se tejieron mil y una historias sobre un próspero mandarinato gastronómico. Lo cierto es que el poeta Málaga continúa en la brega periodística y nos entrega un divertido y sorprendente relato de la China que vivió y gozó Bill Clinton y su familia.

Escribe desde Pekin OSCAR MALAGA

POTUS (President of the United States), antes de dejar China declaró que estaba fascinado y que si las cosas seguían el camino correcto era posible que estas visitas se hicieran con más frecuencia. Pocos momentos antes había recogido los veinte ternos que se mandó hacer donde Sam The Tailor, el sastre de más prestigio en Hong Kong.
Flotus (First Lady of the United States), llegó vio y cautivó, además recorrió tiendas y mercados en busca de souvenirs. En Shang-Hai estuvo a punto de causar un desastre cuando fue reconocida. Todos los que estuvieron cerca a ella están seguros que será la futura candidata presidencial en el 2004.

Presidente norteamericano Bill Clinton estrecha las manos de escolares chinos en Pekín. Donde estuvieron los Clinton cosecharon multitudinarias muestras de aprecio.

Foto AFP

Ckotus (College Kid of the Unites States), sigue sin entender cuál es el trabajo de sus padres pero no se perdió una noche en Shanghai. Mientras Bill y Hillary se encerraban en su habitación del Ritz Carlton después de un banquete en el que se sirvió la famosa Sopa de Gallo Negro y Tortuga, dicen que mejor que el Viagra, ella paso la noche bailando en una conocida discoteca en medio de una multitud..... de ágiles roperos de tres cuerpos y algunas bellas, pero no menos contundentes, agentes de seguridad.
Potus, Flotus y Ckotus son los nombres con que designan a Bill, Hillary y Chelsea Clinton los 140 miembros de seguridad de la Casa Blanca que los acompañaron en su visita-invasión a China. Invasión porque, además del Force Air One, aterrizaron en China cuatro aviones comerciales llevando a la comitiva presidencial, más de mil personas, y otros tantos aviones de carga del ejército donde se comentaba traían, además de las diez limousines blindadas, hasta agua para los baños matinales de la familia presidencial. Lo cual no sorprende viniendo de un americano. Yo una vez encontré a fines de los '60, en medio de la Plaza San Martín a un neoyorquino que brújula en mano trataba de encontrar la ruta que lo llevaría hasta el mítico Hotel Comercio. Cuando le señalé el Jirón de la Unión escondió la brújula algo azorado. Bill Clinton debe de haber hecho algo parecido con la comida que traía, porque que comió chifa, comió...y en abundancia.
Lo que no hubo en abundancia fue información sobre el viaje en los medios de comunicación chinos. El día de la llegada de Clinton a Xiam esta fue emitida en directo... por la televisión de Hong Kong. Los chinos del continente se debieron contentar con menos de dos minutos en el informativo de la noche. Días antes la televisión china había pasado algunos momentos del viaje que hizo Jian Zemin, presidente de China, el año pasado a los EE.UU. y evidentemente sus calurosos abrazos con el "amigo" Clinton, pero nada mas. Y el primer día de la llegada de Clinton a Beijing las calles por donde pasaría la comitiva presidencial aparecieron limpias de vendedores de helados, cigarrillos, gaseosas, y también de mendigos; los alrededores de la Plaza Tian An Men estaban cerrados al público desde la noche anterior, las avenidas principales verdes de tanto policía con celular o walkie talkie en mano, y los atascos fueron tan impresionantes que difícilmente los beijineses olvidarán el paso raudo de Clinton por las calles de su ciudad.

En Hong Kong, el Presidente norteamericano se entrevistó también con diferentes opositores. Aquí con Martín Lee, del Partido Democrático contrario a Pekín.

Foto AFP

El primer día en Beijing para Clinton y su comitiva la preocupación era si después de las tímidas declaraciones de Potus acerca del asunto aún pendiente de las turbulencias (así le llaman los chinos) de 1989 en Tian An Men, sus referencias al Dalai Lama, ante las que el presidente chino Jian Zemin respondió diciendo que China estaba dispuesta al diálogo, y sobre los derechos humanos, los cuadros llamados "duros" del partido comunista y del ejército chino estarían en la cena que se les ofrecería en su honor en el estridente Gran Palacio del Pueblo. En la noche todo el mundo respondió a la lista y estuvo en el lugar que le correspondía y, también, todos, escucharon en silencio y con rigor diplomático los himnos nacionales de ambos países que precedieron al de bienvenida.
Claro, la noche anterior habían sido guardados, por prevención, 16 disidentes. Uno de ellos, Wang Youcai, sobrestimando la presencia de Clinton en territorio chino, había intentado, en una provincia del sur de China, inscribir legalmente en las instancias oficiales el Partido por la Democracia Chino. Evidentemente, gracias a este exceso de euforia, pasó la visita de Clinton a la sombra.
Pero más allá de esas costumbres difíciles de olvidar por la seguridad china, lo que Clinton encontró, y el gobierno chino que persiste en seguirse llamando comunista mostró al mundo, fue de que si bien es un gobierno autoritario ya no se puede considerar a China, de ninguna manera, un país totalitario. Es decir que este país (que ha logrado en menos de una década lo que Estados Unidos tardó casi 55 años y Japón más de 30: doblar su producto nacional bruto), ha liberalizado sus costumbres, ampliado el espacio de lo privado, y sobre todo ha permitido que una gran parte de la población tenga acceso a la propiedad.

La China actual, que ha soportado la crisis asiática entre otras razones porque sólo el 20% de sus ingresos provienen de la exportación, vive un rápido proceso de expansión de su mercado interno. En la actualidad cuenta con más de 200 millones de personas en condiciones de participar en el consumo; más de un millón de millonarios, que aunque parezca increíble son presentados como modelos por los órganos oficiales del partido comunista; y por si esto fuera poco, en cualquier esquina de la ciudad, a vista y paciencia de la fuerza publica, pueden encontrarse, y comprarse por menos de tres dólares, libros que hablan de la corrupción que afecta al régimen y que tiene como protagonistas a los hijos de dirigentes y generales.
Caminar por las calles de Shanghai Cantón es sorprenderse a cada paso por la cantidad de productos de lujo expuestos en las vitrinas de fastuosos Mall repletos de gente. En la Avenida Wang Fu Xing, hace menos de dos meses se ha inaugurado el más inmenso Mall de todo el Asia. Y las noches nada tienen que ver con esas desoladas calles chinas de los años '60. Ahora discotecas, restaurantes, club de jazz (de moda en las grandes ciudades chinas), clubes privados, bares, Mc Donalds, etc, encienden sus gigantescas marquesinas dando un color de fiesta y placer a la ciudad, y se llenan de las minifaldas más escalofriantes del mundo. Es verdad que también desde hace un año un temor latiguea el alma de los chinos: ser despedidos del trabajo. El estado chino ha decidido cerrar todas sus fábricas no rentables y reducir drásticamente su burocracia. Y para evitar una posible explosión social este estado necesita aumentar el porcentaje de inversión extranjera en el país. En este contexto se debe entender la visita de Clinton a China.
Pero cuando un emperador visita a otro emperador, y es así como los chinos consideran esta visita (y por lo tanto no se interesan en las acrobacias sexuales de Clinton en la oficina oval, a Mao también le gustaban, y bastante, las mujeres, dicen), no se tiene el mal gusto de hablar de negocios. Se comenta sobre la amistad, la belleza y riquezas de sus respectivos reinos. Los negocios vienen después, porque la confianza y el respeto que son los principales motores que traen el capital se siembran en las sobremesas que siguen a cada chifazo, en las conversaciones "off the récord", en apartes amistosos, durante las visitas a los lugares históricos de la ciudad. Y Clinton ha escuchado estas melodías del cielo, y al parecer le han inflamado el corazón. Ahora sólo falta que lleguen los empresarios con sus toneladas de oro. Si así fuera, China entraría de la mano de EE.UU. al tercer milenio, y eso cambiaría la distribución estratégica del poder en el mundo; y si no fuera así, China, es verdad que con mayor dificultad, tiene la capacidad de convertirse, de todas maneras, en una de las potencias más importantes de ese milenio que pronto llegará. Y eso también Clinton lo ha entendido después de recorrer la vitrina que China le ha ofrecido.