
Las Fintas Del Premier
48 horas antes del mensaje ante el Congreso, primer ministro Javier Valle Riestra prepara su discurso.
Viernes 3, 7.45 a.m. Cumbre del Morro Solar. El primer ministro Javier Valle Riestra hace sombra con el boxeador de la liga de Pueblo Libre, Felipe Fonseca. Las piedras renales que tuvieron al Premier postrado en días previos son ahora cosa del pasado. Es el mensaje ante el Congreso de la República que debe dar en poco más de 48 horas vista, lo que lo inquieta, lo angustia, hasta se diría que lo neurotiza. "Es un trabajo infernal", afirma sobre su nuevo cargo. "No hay tiempo para reflexionar", explica. Pero ya estrena algunos de los jabs lingüísticos que luego incluiría en su discurso ante el Congreso. Cosas como: "Yo no asumo el pasivo ni el activo del régimen". El Premier ha bicicleteado desde Pescadores hasta el Túnel de la Herradura, vuelta en U rumbo al Morro Solar en contra al tráfico -con la escolta de dos automóviles y una moto pisándole los talones- y breve sesión de boxeo en las alturas. El hombre tiene un físico envidiable, pero su salud lo preocupa: "Mi presión normal es 12:8, ahora la tengo en 16:9. No es nomal, no es normal...".
EL presidente del Consejo de Ministros, Javier Valle Riestra, cumplió el pasado lunes 6 con su cometido de presentarse al Congreso, conforme al mandato constitucional, y refulgir, como no había ocurrido jamás durante el extendido imperio fujimorista, con inusitada luz propia.
A quienes previeron que se trataría de un ejercicio solitario (sin el apoyo del Presidente, del Consejo de Ministros y de la misma bancada oficialista) respondió previamente con coordinaciones apresuradas y de último minuto.
Conversó el sábado con el Presidente Alberto Fujimori recién desembarcado del avión y aún bajo los efluvios de su reencuentro con sus ancestros nipones.
Poses del tributo. Polémico, agudo, cansado, Javier Valle Riestra hizo lo posible porque su presentación fuera un espectáculo.
El viernes tuvo un consejillo de ministros, que consistió básicamente en recibir la burocrática y cansina información de cada ministerio, y el sábado por la tarde (con retraso, hijo de su indisciplina) sometió a los ministros aquella parte del texto que era de su cosecha, además de las "sorpresas democráticas", ese conjunto de leyes que deberían ser reformadas y sugestiones jurídicas del tipo de la comisión de reforma constitucional o el alto comisionado anticorrupción.
Los ministros sabían de antemano que todo ese conjunto de sorpresas había sido previamente "limpiado" por el mandatario, de modo que las opiniones que se vertieron fueron velaturas generales, una especie de coro prudente y distante.
El Presidente Fujimori se reservó la negociación con la bancada de Cambio 90/Nueva Mayoría. El secreto máximo rodeó lo que se dijo en la cita, pero es evidente que se pidió disciplina, la misma férrea disciplina que ha rodeado todos los actos reflejos de aprobación por parte de la mayoría parlamentaria.
Se convino, asimismo, que la presidencia del Congreso recayera en Víctor Joy Way, repetición de plato que implica por parte del gobierno la búsqueda de un interlocutor dúctil en el supuesto nuevo clima de diálogo y concordia entre mayoría y minoría. Es verdad que similar propósito lo llevó la primera vez a la presidencia del Congreso y que falló en el intento, como ocurrió con Carlos Torres y Torres Lara porque fueron víctimas y a veces involuntaria comparsa de la intolerancia. Hay, sin embargo, hoy, una nueva esperanza que habrá que ver si se plasma.
EL EXORCISMO DE LA PALABRA
La presentación de Javier Valle Riestra, como no podía ser de otro modo, provocó general expectativa y será en los días futuros materia de continua polémica precisamente por tratarse de una personalidad que desde su nombramiento sorprendente el pasado 4 de junio ha hecho gala de heterodoxia (inédita en el cerrado círculo autoritario del fujimorismo) hasta arribar al peligroso acantilado de la excentricidad.
El Primer Ministro apeló -como es natural- a sus dotes oratorias, pero sobre todo a presentarse como una autoridad sin poder, a partir de lo cual previno a sus oyentes que no podría cambiar de la noche a la mañana ni la naturaleza del gobierno actual ni los mecanismos mediante los cuales éste opera. Y es allí donde empiezan a cernirse severas dudas acerca del extraño papel que le ha tocado en suerte a Javier Valle Riestra.
El pretende alentar una súbita vocación democrática en un régimen que se ufana de haberlo conseguido todo por el camino del autoritarismo. Y confía en que mediante la palabra y la actitud samaritana pueda ir cambiando a exponentes de un régimen que los ha ido educando en el cinismo, el sofisma, la complacencia y el verticalismo. Si la política peruana fuera una escuela tantrica o budista, tal vez el experimento docente de Valle Riestra podría llegar al extremo de trocar los demonios en ángeles y darnos un tratado ejemplar de rehabilitación milagrosa.
Soldados partiendo de San Marcos: una oferta simbólica. Centro, Antero Flores Aráoz, abstención. A la derecha, Carlos Ferrero, el principal aliado de Valle Riestra.
Por el contrario, la ciénaga puede terminar ahogando al pescador de almas o corrompiéndolo, al aceptar la compañía de personajes que hoy por hoy constituyen escollos de la reconstrucción democrática del país.
Exasperado, en algún momento del debate parlamentario, Valle Riestra se preguntó: "¿Es que acaso Vladimiro Montesinos es el único malhechor del país?". Tampoco es que todos los males estén únicamente en el gobierno, ¿pero colaborar con éste y sus defectos acaso lo exime al régimen de que se tenga una profunda desconfianza acerca del uso que está haciendo de la figura de Valle Riestra?
El Primer Ministro, con orgullo, ha rechazado el juicio de quienes temen que sea usado con la frialdad y el doblez con que lo ha hecho con otras personalidades. Ahora es útil para darle un ropaje democrático al gobierno, urgido como está de presentar una imagen distinta en la comunidad internacional y en los mismos predios internos, y por eso puede ponerle en bandeja a los congresistas de la mayoría para que le otorguen un voto de confianza, no obstante que muchos de ellos lo hacen a regañadientes. Pero puede igualmente despedirlo con acritud, destempladamente y sin gratitud.
El problema con todo no es sólo lo que podrá ocurrir con Javier Valle Riestra en los apremiantes días futuros sino en la traducción de las palabras en hechos, en el trazo siquiera somero de un plan de acción, en la definición de lo que ahora cautelosamente Valle Riestra ha llamado "un plan mínimo".
¿Se han ido o no reduciendo las expectativas del propio Valle Riestra acerca de lo que puede hacer al frente del gabinete? Su discurso oficial, el escrito y entregado a los congresistas el lunes 6, atestigua que sí.
Lee y aprueba lo que los ministros han preparado (texto similares a los que leyó en su oportunidad Alberto Pandolfi) y, asimismo, hay una pulida franca en la forma en que solicita la revisión de las leyes inconstitucionales, a las que ahora califica simplemente de causantes de resistencia en la ciudadanía. El sabe, como cualquier observador, que es menos que ingenuo creer que estas leyes van a ser cambiadas por quienes las dieron en su momento ufanándose de su intransigencia.
Víctor Joy Way: también le tocó alguito. Repite el plato como presidente del Congreso.
Es verdad que las críticas al discurso de Valle Riestra de pronto equivocaron el blanco. Le pidieron precisiones y definiciones que, primero, no están en el campo de acción que él mismo se ha restringido, y segundo que son materia de una modificación del modelo económico, cuyo perfil, si es que cambia, será materia del discurso presidencial del 28 de julio, y luego de que Jorge Baca Campodónico se aposente en el cargo del Ministerio de Economía. Pero queda claro que la presentación del Primer Ministro es insuficiente y poco viable mientras no exista la definición del marco general que debe dar Fujimori el 28 de julio. Esto lo ha anotado Rafael Villegas, ex presidente de Confiep. Lo de Valle Riestra ha sido, a lo sumo, un tentempié, que sólo adquirirá sentido cuando se conozcan los platos de fondo que se los reserva el gran mandarín.
LUNES Y MARTES EN EL CONGRESO
Las plenarias de ambos días serán memorables en el folclore político, como todo el mundo lo sospechaba. Según el propio Javier Valle Riestra, ha sido un triunfo su presentación porque ha podido recibir críticas, discutir y ver el espectáculo curioso de que la mayoría, lo defienda con una convicción en la que ninguno de sus miembros creía, y la oposición tenía empeño e indignación, pero actuaba descoordinadamente. Para la mayoría, Valle Riestra se parece más a una pesadilla que les recuerda sus culpas que a la bendición de un franciscano redentor. Para la oposición, Valle Riestra era una especie de "bete noire" que, sin embargo, le hablaba en un lenguaje muy parecido al que en sus banderas reivindica.
La minoría libró una batalla no del todo clara. Primero, no fue capaz de presentar unidad en la crítica y menos en la propuesta alternativa. Hubo dos cartas abiertas al Primer Ministro, distribuidas horas antes de su presentación con el fin de situar los términos del debate, que luego en el hemiciclo fueron olvidadas. Segundo, como todos quieren ser estrellas de un firmamento más bien exiguo, se disputaban los adjetivos y los gestos pensando más en las fotos y las cámaras que en el efecto final de esta disputa que tenía como fin primordial discutir la viabilidad de la democracia en un gobierno autoritario per se y de la corrección del modelo económico social implantado por el régimen fujimorista.
Hay razones profundas para desconfiar de la tramoya montada por el gobierno, ciertamente. ¿Pero era necesario centrar las baterías únicamente en Valle Riestra? El pedido casi unánime era que el Primer Ministro renunciara o, de lo contrario, la profecía constante era que Valle Riestra fracasaría. Este, en cambio, optó por el camino de la sinceridad personal (nada con el poder, vocación de servicio, apóstol de la democracia), de la confesión de soledad y de años de entrega por la causa del Peru ("Hagamos Patria", conforme al reclamo juvenil de Víctor Andrés Belaunde) y de la incomprensión. La minoría no le dio ni siquiera el beneficio de la duda, como dijera Antero Flores Aráoz, quien junto con Lourdes Flores Nano, votó con una abstención, puesto que lo que se propone Valle Riestra, aunque sea de palabra, no es desdeñable ni rechazable en sí, al reivindicar valores democráticos; que lo pueda lograr en otro cantar, y para eso tiene que transcurrir, cuando menos, un tiempo prudencial.
José Barba Caballero, en una intervención breve, sostuvo que todo el espectáculo de la presentación se reducía a una palabra: la vanidad, la peor consejera en política. Y no puede negarse que, teatralidad aparte, el Primer Ministro hizo gala de desplantes vanidosos. Su lectura del texto formal, hecho sobre retazos de información sectorial, fue un alarde de personal aburrimiento. Adoptó todas las posturas imaginables para indicar que se trataba de "un ejercicio de masoquismo". Luego sus referencias a Haya de la Torre ya no parecían gratitud de discípulo sino ostentación de homólogo. Antes de la réplica el día martes, Valle Riestra buscó una sala para ajustar las respuestas, junto con sus asesores. Encontró una, la que precede a las oficinas del presidente del Congreso, que luce un grandioso óleo de Víctor Raúl Haya de la Torre. Al verlo exclamó: "Esta es la sala", tiró al suelo los libros y papeles que portaba y con mirada visionaria contempló el cuadro y guardó silencio. Estaba ante la historia creyéndose abanderado de la misma.
Congresistas Juan Hermoza, a puro puro, Martha Chávez, a puro pulso,y Javier Diez Canseco, a pura rabia. Seguido, Ministros de Justicia, Alfredo Quispe, y de Energía, Daniel Hokama, en sonriente consulta con oficialista Oscar Medelius.
Comentó también ante sus asesores cada una de las intervenciones de los congresistas de la oposición, destacando que lo habían tratado con respeto, salvo dos que le dolieron, tal vez porque hirieron su vanidad: la de Anel Townsend y la de Javier Alva Orlandini. Ya en el hemiciclo concedía interrupciones por doquier, pero se dio maña de cobrar venganza con Alva Orlandini, atribuyéndole un pasado progolpista, y negándole una interrupción a Anel Townsend.
Otra forma de la vanidad es sin duda la tendencia de Valle Riestra a convertir el accidente -sino la fatalidad- de su acceso al premierato como si se tratara de una epopeya. Cada referencia suya -apostol, mártir, soldado, Quijote, jurista, demócrata- está al servicio de una gran frase y una pomposa definición egolátrica. En cambio, los otros parecen seres menores, indigentes intelectuales o, lo que es peor, "miembros de la hepatocracia", es decir, los que gobiernan con el hígado.
¿Qué queda, aparte de la anécdota, de esta presentación del Primer Ministro? La perplejidad y la preocupación del país no han disminuido ciertamente porque es un caso único esta dualidad de opiniones en el seno del gobierno, de la que se ha ufanado Valle Riestra, pero más por ejercicio dialéctico que por una razón de Estado. En el sector empresarial, por ejemplo, se ha coincidido en que no hay un solo anuncio respecto a la política económica, y por eso el cable de AFP con las declaraciones del ministro Baca Campodónico (ver recuadro en esta edición) tratando de insinuar que las novedades en el plano económico serán materia del discurso presidencial. Quizá la mejor definición de su propio papel la ha dado Valle Riestra, al indicar que es "un equilibrista" sin medir que ella contribuye en mayor grado a la desazón colectiva y a la impresión de que hay un juego peligroso que puede ser señal de desgobierno. Nadie puede por mucho tiempo resistir una situación que implique estar en la cuerda floja. Y menos toda una colectividad nacional.
Cuestión de Fondo
No hay que engañarse. Lo fundamental es conseguir que el gobierno derogue la ley de reelección.
LA presentación y el debate subsiguiente sobre el programa de gestión del gabinete Valle Riestra no ha concluido nada sobre el tema principal: la eliminación real y completa de la reelección presidencial.
Es más, el asunto se ha entrampado.
Cuando se anunció que se había completado la recolección de firmas (un millón 200 mil) algunos voceros oficialistas señalaron que si el JNE validaba las firmas necesarias, no se opondrían al referéndum. Otros sostuvieron que estaban de acuerdo pero siempre y cuando se cumpliera con la ley Siura (que plantea que además de las firmas se apruebe con un mínimo de 48 votos de congresistas la convocatoria al referéndum).
A finales de mayo, Foro Democrático presentó las firmas y los planillones para el referéndum. Asistió Javier Pérez de Cuéllar.
La oposición planteó, una vez más, que esta traba no podía aplicarse puesto que según el JNE el proceso de recolección de firmas se había iniciado antes de la dación de la ley Siura.
Al llegar al gobierno Javier Valle Riestra, lo primero que dijo, apenas juramentado, es que estaba en contra de la reelección presidencial y que por lo mismo apoyaba el referéndum y se disponía a proponer la derogatoria de las leyes que facilitaban la segunda reelección del presidente Alberto Fujimori, empezando por la famosa "Ley de Interpretación Auténtica", cuyo solo enunciado demuestra lo absurdo y arbitrario de la mayoría oficialista.
Si Valle Riestra hubiera sido consecuente con estas ideas, probablemente debió en su presentación pedir la derogatoria de la Ley de reelección y todos sus complementos legales. Pero obviamente el Consejo de Ministros le ha enmendado la plana y sólo ha planteado "la revisión y estudio" por parte del Congreso de las leyes cuestionadas, lo cual parece una sinrazón dado que ese mismo Congreso fue el que las aprobó, haciendo gala de prepotencia y sumisión al probable dictado de Palacio de Gobierno.
Lo curioso es que ante la eventualidad reiterada por Valle Riestra de que esas leyes serían derogadas (o cuando menos la ley de interpretación auténtica), la oposición, entusiasmada con el hecho de tener los planillones completos tras dos años de arduo trabajo, consideró que se trataba de una maniobra para evitar la consulta popular.
Y así, el Primer Ministro se ha dado el gusto incluso de decir que ante ese temor, él convocará a referéndum cuando el JNE dé la luz verde verificadas y validadas las firmas.
Quizá sea comprensible la desconfianza de los promotores del referéndum en el sentido que mientras no se deroguen las leyes reeleccionistas, la única forma de presionar y ganar a la opinión pública es abogar por el referéndum.
Sin embargo, las señales que proyecta la oposición son contradictorias, puesto que confunden el medio con el fin. Si el gobierno deroga la ley de interpretación auténtica, aunque en la práctica deje sin objeto al referéndum, se habrá conseguido el objetivo principal: impedir la candidatura reeleccionista e inconstitucional de Alberto Fujimori.
El congresista Oscar Medelius ha deslizado ya, con malevolencia, que aun sin ley de interpretación autentica, Fujimori podría postular. Pero esto constituiría no sólo un escándalo, sino una aberración, puesto que la derogatoria de la ley reeleccionista tiene por único objeto cerrarle el paso al apetito presidencial. Y además está de por medio la palabra empeñada por Javier Valle Riestra.
Es obvio que hay desconfianza acerca de lo que haga el gobierno en los próximos días, empezando porque puede desconocer los propósitos de Valle Riestra, pero la oposición no debería resistirse a la eventualidad de la derogatoria de la ley reeleccionista, claro está sin abandonar las tareas en pro del referéndum. Es decir, ver para creer.