Hora Del Té


Hora Del Té
En regia visita a Londres, Alberto Fujimori almorzará con Isabel II, tomará té con Tony Blair y deberá lidiar con un convidado de piedra, Camisea.

Fujimori e Isabel II: El viernes almorzarán juntos en el Palacio de Buckingham.

` Dios Salve a la Reina' invoca el himno de Gran Bretaña, pero la delegación oficial peruana encabezada por el presidente Alberto Fujimori que llegó a Londres a partir del martes y en dos armadas, debe estar tarareando a éstas alturas de la visita `Dios Salve el Proyecto'. El Proyecto Camisea, claro está.
La regia visita de 72 horas de la comitiva peruana al Reino Británico tiene como aperitivos centrales una cena de gala en el jardín botánico de Kew Gardens el miércoles 8 -se inauguran dos exhibiciones sobre la Amazonia-, una entrevista con el Primer Ministro Tony Blair, seguida de un almuerzo con el alcalde de Londres, Richard Nichols, y una cena sobre el río Thámesis el jueves 9. Y, como cereza de la torta, un almuerzo con la Reina de Inglaterra, el viernes 10 -a la 1 en punto de la tarde- en la que a su vez Su Majestad Isabel II será condecorada, y viceversa.
Pero más allá del las alfombras rojas y los esplendores del protocolo, y las reuniones programadas con los empresarios e intelectuales `peruanistas' británicos, el destino inmediato del megaproyecto del gas de Camisea ciertamente es la principal preocupación de los visitantes peruanos.
La agenda oficial nada dice sobre reuniones con representantes de Shell en Londres, pero es previsible que extra-curricularmente se busquen limar las asperezas aún existentes en el llamado Contrato del Siglo.

DEL DICHO AL HECHO

El próximo 15 de julio el consorcio Shell-Mobil deberá definir si prosigue con la II Etapa del Proyecto, que implica la construcción del gasoducto para transportar el gas de la selva del Cusco a Lima para el año 2002 a un costo aproximado de US$ 3,000 millones. Es decir, pasar del dicho al hecho. Y el problema es que hasta ahora no se sabe cuál será la decisión del consorcio.
El asunto no tiene nada que ver con los pergaminos democráticos del régimen, ni siquiera con el riesgo-país del Perú, sino con demandas puntuales respecto a la participación del consorcio transnacional en la distribución del gas en Lima, y el precio al que ha de ser vendido. Esa fue la razón por la cual dos meses atrás Shell-Mobil postergó la decisión esperada, y puede ser la razón por la cual terminen por inhibirse del todo. Para nadie es un secreto que una decisión negativa representaría un duro golpe para el país.

Proyecto de Camisea en pindingas.

En Lima, Shell admite "que se está hablando con el gobierno sobre asuntos estructurales" y que a la fecha "no se llega a una solución". Shell-Mobil demanda contar una participación minoritaria en la empresa que vaya a distribuir el gas en Lima (elegida mediante licitación en mayo de 1999 de acuerdo al cronograma de Promcepri), pues considera que de esa manera garantiza que el gas que explotan y transportan a la costa llegue a sus clientes en los términos contractuados.

A QUE PRECIO

Pero un asunto más complicado es el del precio. La transnacional afirma que para que su inversión sea económicamente viable el gas debe colocarse en Lima a US$ 2.50 el millón de BTU, pero para la Comisión de Tarifas Eléctricas de EEMM el precio máximo puesto en la central eléctrica debería ser de US$ 1.61. Este último cálculo representa el 10% del precio del barril de Residual Fuel Oil (RFO), uno de los hidrocarburos que se usan como parámetro en este tipo de modelos.
Fuentes del consorcio consultadas señalan su desconcierto por el hecho de que el gobierno peruano haya hecho públicas estas apreciaciones pocas semanas atrás, pues considera que en un régimen de mercado libre el gobierno nada tiene que hacer. Además, se cuestiona que los parámetros utilizados sólo consideran al gas para la generación eléctrica, habiendo una manga de derivados petroquímicos en cartera.
Está claro que hasta el momento el gobierno peruano no da su brazo a torcer. La Ley prohíbe la integración vertical de las empresas dedicadas a energía, para evitar el natural monopolio de quien controla la explotación, el transporte y la distribución del recurso. Y, a su vez, aspira a que la alternativa térmica que representa Camisea contribuya a reducir los precios de la energía.
Se afirma que la reina de Inglaterra nada tiene que ver en este menjunje -a diferencia de su colega de Holanda que tiene una buena tajada de las acciones de Shell- y a pesar de que todas las unidades de transporte de Shell en el Reino Unido llevan impreso en la carrocería el escudo de la corona británica por tratarse del medio oficial de transporte de hidrocarburos en la isla. Pero quizás una guiñadita ayudaría a la causa.