
Cita y Emboscada
Valiéndose del Rohypnol, poderoso hipnótico, jóvenes abusan de chicas desprevenidas. Su ingreso a EE.UU. ha sido prohibido.
En cualquier discoteca un "conquistador" introduce la pastilla en el vaso de la víctima. (Dramatización: Lucho y Romy). Izquierda: Cristóbal Mujica, víctima de la "borra mentes".
Ayssa Franco, por no conocer las leyes norteamericanas fue detenida por posesión ilícita de drogas.
Es la típica historia del mal uso del Rohypnol. Abuso sexual y pérdida de la memoria como efecto colateral en la víctima. De la disco al lecho, sin resistencia, sin recuerdos, sin culpables. ¿Quién fue? Nadie sabe. El agresor está libre de polvo y paja.
Tal es el caso de "Mario" (nombre cambiado), joven limeño que conoció el uso alternativo de la pastilla en un viaje a Miami. No tiene sangre en la cara a la hora de contar lo que él considera una travesura.
-¿Cómo descubriste la pastilla?
-Me di cuenta que lo que tomaba mi papá para relajarse y dormir, se usaba en discotecas de Miami, como Liquid y Bash, para drogar a las hembritas.
-¿Y decidiste darle uso local?
-Al principio estaba palteado. No sabía cuánto usar, así que opté por darle un cuarto de una pastilla de 2 mg.
-¿Y?
-Invité a bailar a esta chica que recién había conocido. Estacioné el carro frente a la discoteca y abrí una caja de sangría.
-Continúa.
-El vaso que le serví a ella tenía la pastilla hecha polvo en su interior. Luego de quince minutos, estaba totalmente borracha.
-¿Borracha?
-Se había puesto sensible, dócil y hablaba con palabras enredadas.
-¿No se durmió?
-Sufrió un predesmayo, fue como si se le borrara el casete. Pero no se durmió. Así que arranqué el carro y la llevé a la Costa Verde.
-Ya me imagino.
-Luego la llevé a su casa. Podía mantenerse en pie y caminar. Si otra persona la hubiera visto, hubiera pensado que simplemente estaba ebria.
-¿Y ella qué pensaba?
-Nada. Porque cuando la llamé me contó que no se acordaba de nada, que le dolía el cuerpo y que había sentido una gran resaca.
Definitivamente no fue una travesura. Fue un delito. La tenencia del Rohypnol, cuyo nombre científico es flunitrazepam, está considerada por la DEA en el peligroso nivel de la heroína, la marihuana y el LSD. Debido a su creciente difusión, se teme alcance las "epidémicas proporciones" del crack y la cocaína. De hecho, en 1996 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la "Ley sobre la Prevención y el Castigo de la Violación inducida por Drogas". Pero eso no ha detenido su ilegal comercialización en las calles de Miami. Allí el precio de una tableta de 2 mg. varía entre $ 1.75 y $ 5.00. En las boticas de Lima una caja de 30 pastillas cuesta 59 soles. Y si bien en Pharmax sólo la venden con "receta archivada", CARETAS la consiguió en otra farmacia sin prescripción médica y sin ningún problema. Y es que, como dice el psiquiatra Mariano Querol, "el problema aquí no es el medicamento, que por cierto es un excelente hipnótico que yo receto, sino el caos y descontrol en su comercializacion". Está en lo cierto. Muchos han sacado cuentas y han visto la posibilidad de pagarse las vacaciones, la estadía o el pasaje. Craso error. Porque cada vez son más los limeños que caen en el aeropuerto de Miami con una considerable suma de Rohypnol en las maletas. Y no precisamente sufriendo de insomnio. En otros casos, el pecado ha sido la inocencia.
Mariano Querol: "Los médicos sabemos que debemos recetarlo con sumo cuidado y por breve tiempo".
¿QUE LLEVA AHI, SEÑORITA?
En abril de este año, Ayssa Franco, gerente de finanzas de una empresa médica (y hermana de Sofía, la conocida animadora de televisión), fue detenida en el aeropuerto de Miami. Al revisarle las maletas, el agente de aduanas encontró, entre otras cosas, un frasco con aceitunas, pastillas para adelgazar preparadas por el doctor Max Alvarez, y dos cajitas de Rohypnol. Esto último puso en alerta a los guardias, que la detuvieron bajo el cargo de posesión de drogas ilícitas. La condujeron con esposas al Federal Detention Center, de Miami. Allí le colgaron un número en el pecho y la fotografiaron de frente y de perfil. Había quedado fichada. "No sabía qué hacer. Estaba nerviosa. Me estaban tratando como una criminal. Dentro de mí, decía que todo eso tenía que aclararse, que no había hecho nada ilegal. ¿Cómo iba a saber que una pastilla que se compra en Wong, y que estaba llevando para mi prima que sufre de insomnio, me iba a traer tantos problemas? Luego me explicaron que las mismas se echaban en el trago para dormir y violar a las chicas. Recién ahí comencé a ver la gravedad del problema. Fue para mí un shock terrible".
Fueron 21 días de pesadilla. La detenida sufrió una fuerte depresión y bajó varios kilos debido al estrés. Luego de un juicio de criminalística y otro de migraciones, que le costaron cinco mil dólares, pudo salir en libertad. No se habían encontraron pruebas de delito en su contra.
Le dieron sus enseres personales. Revisó que su pasaporte no tuviera ningún sello acusatorio. Y salió a la calle, a caminar rumbo a casa de su prima bajo el aplastante sol de la Florida.
Vencida por el flunitrazepam y el alcohol, la "presa" queda a disposicion de los bajos instintos.
Por esos días otros peruanos habían sido detenidos en el aeropuerto de Miami por el mismo motivo. Algunos inocentemente; otros, quizás, a sabiendas. La embajada de Estados Unidos en Lima convocó a una conferencia de prensa para informar oficialmente que el Rohypnol era una sustancia prohibida y penada con la cancelación definitiva de la visa y cárcel de hasta cinco años. Pero la desinformación continúa.
DESCUBRIENDO A CRISTOBAL
Durante los ochenta un afrodisiaco vacuno mantenía en alerta roja la libido de los adolescentes. Se decía, se fantaseaba, que una dosis controlada de "yombina" transformaría a una niña de su casa en prácticamente una nudista de cabaret. Tal era el mito. La realidad del Rohypnol de los noventas, en cambio, se presenta ciertamente brutal. Como para no aceptarle un trago a nadie. Como se ha dicho, sus efectos sedativos inhabilitan a la víctima ante cualquier tipo de abuso. Pero no sólo sexual.
Los asaltos a "vaso cargado" se perpetran igual en bares, buses interprovinciales y taxis. Este último es el caso de Cristóbal Mujica (hijo de Manongo Mujica), que cometió el error de aceptarle un trago a un "taxista despechado". Aquí el joven músico cuenta su propia historia: "Luego de comer y tomar algo en el restaurante El Cortijo, a eso de las once de la noche tomé un taxi con dirección a mi casa, en Chorrillos. El chofer se mostraba deprimido por un lío de faldas. De pronto, sacó una botella de cerveza y dos vasos descartables, uno montado sobre el otro. Me pidió permiso para tomar un trago y se lo tomó de golpe. Luego me ofreció un trago en el otro vaso. Me creí el cuento, acepté y me tomé un sorbo. No me acuerdo de nada más". A la mañana siguiente, un patrullero lo ubicó recostado en una vereda en las inmediaciones del cine Balta, de Barranco. Estaba dormido en calzoncillos, congelándose. "Cuando me levanté en el hospital Casimiro Ulloa, de Miraflores, eran las cuatro de la tarde y un médico me habló del somnífero Rohypnol. Me habían robado todo: ropa, billetera, llaves. Sólo agradezco que no me hayan violado ni extirpado algún órgano, como he escuchado suelen hacer".
No más historias. La imagen del agente secreto que vierte sobre un brebaje el polvo escondido en el pequeño compartimento del anillo, ha pasado de la ficción a la realidad. Sólo que el agente ahora puede ser cualquier caradura limeño. No en vano a esta pastilla también se le conoce como la píldora del olvido ("forget pill"), tropieza y cae ("trip and fall") o la borra mentes ("mind erasers"). Nombres que obligan a reactualizar el viejo consejo paterno: ya no basta no hablar con extraños, sino tampoco aceptarles tragos. Hacerlo podría dar comienzo a la pesadilla.