Y El Divo Redivivo


Y El Divo Redivivo
Francesco Petrozzi superó el cáncer, dejó la televisión y volvió triunfalmente a la lírica. Podría decirse que es el José Carreras peruano.

El tenor Francesco Petrozzi homenajeó a Alejandro Granda por todo lo alto, con bombo y todo.

Entrevista Teresina Muñoz-Nájar

UN homenaje al notable Alejandro Granda organizado por la UNI devolvió a Francesco Petrozzi a estos lares. Con veinte kilos de más y una voz, según el crítico Yori, "de purísimo timbre". Ofreció dos conciertos la semana pasada. Pero el público quería oír más -"y a mí que no me gusta", dice Francesco- por lo tanto tuvo que repetir un tercero. Para incrementar aún más su felicidad le pidieron que cante el Himno Nacional en el Desfile Militar de Fiestas Patrias. En consecuencia, su talento, con lágrimas incluidas, se desperdigó por todo el territorio. Como se recuerda, Francesco Petrozzi fue animador de un programa de Tv., "Noche de Miércoles". De pronto, le detectaron un tumor maligno en el estómago y tuvo que viajar al extranjero para que lo operaran. En el hospital se dio tiempo para revisar su vida. Había estudiado canto en los mejores conservatorios de Europa. ¿Qué hacía entonces entonando baladas por la televisión?
-De verdad, ¿qué hacía ahí?
-Al salir del colegio me fui a Alemania a estudiar teoría y solfeo, luego me gradué en la Escuela Superior de Canto de Madrid pero extrañaba mucho el Perú, por eso regresé. Me puse a cantar baladas, gané un festival de la OTI y hasta actué con Cattone en la primera versión de "Annie". Después viajé a la Argentina para trabajar en televisión y, finalmente, tuve aquí mi propio programa.
-Pero usted era ya un tenor...
-Debo confesar que la televisión me encanta. Además, cambié la lírica por vivir en mi país.

En el Otelo de Verdi, su debut en Europa. Derecha, recital en el Ford Center for the Arts de Canadá.

-Sin embargo, su paso por la televisión fue criticado. Exagerado protagonismo se decía...
-En verdad era un poquito insoportable porque se me había pegado esa autosuficiencia tan típica de los argentinos. Pero me corregí, eso nadie lo duda.
-¿Le costó retomar el canto lírico?
-Cuando replanteé mi vida a raíz del cáncer me pregunté a mi mismo: "¿Tendré mi voz todavía?". Hice una prueba sentado en la cama del hospital y me di cuenta que a pesar de no llegar a los agudos, mi voz era absolutamente limpia. Cuando decidí irme al extranjero, primero al Canadá y después a Alemania, volví a ensayar y mis cuerdas vocales se reactivaron inmediatamente.
-Comenzar en Europa no habrá sido fácil...
-He tenido muchísima suerte. Imagínate que me contratan sin tener que dar una audición. Tengo mis agentes, claro.
-Está en una edad privilegiada, puede interpretar aún a muchos personajes...
-Para cada tipo de voz hay una gran gama de personajes. Como tenor lírico he interpretado papeles del repertorio verdiano y verista. El Otelo, el don José de Carmen, el Cavaradossi de Tosca, el Rodolfo de La Boheme, el Radamés de Aída. Quisiera hacer pronto el Duque de Manto de Rigoletto...
-¿Qué dicen de su voz los críticos europeos?
-Me comparan con Carreras.
-Hablando de divos, ¿alguna vez logrará serlo?
-Me contento con ser una persona decente, pero si Dios me manda la gloria, bendito sea.
-"Para la ópera hay tres requisitos: voz, voz y voz", decía Verdi...
-No soy nadie para refutar a Verdi, sin embargo, debo decir que ahora interesa mucho la dramatización. En la lírica ya no existe el cantante que se planta en medio del escenario como un mueble. Eso aburre.
-Y a usted, me da la impresión, le encanta actuar...
-Me fascina. Cuando ensayamos una ópera cantamos parados, echados y sentados, nos preparamos para todo lo que requiere el drama.
-Luis Alva, por su parte, afirma que también hay que poseer el look adecuado...
-Eso es lo ideal. Cuando ya no es posible y el intérprete es grandioso, entonces no queda otra cosa que taparse los ojos. Vale la pena.
-¿Alva no le ha propuesto venir a Lima para las temporadas que él organiza?
-Me invitó para hacer "El Murciélago", justo cuando yo tenía otros compromisos. Para mi fue un honor, Luis Alva es el mejor tenor ligero del siglo XX...

A los 9 años, Francesco canta tangos en restaurante argentino.

-¿Cuál es la diferencia entre ligero y lírico?
-Tenemos el mismo registro. El ligero, no obstante es el virtuoso, el que puede hacer coloraturas, el que canta óperas de Rossini y Mozart.
-El estar gordo, ¿es beneficioso para el canto?
-No he engordado a propósito. Al parecer mi cuerpo lo necesitaba porque el despliegue de energía que supone cantar un papel como el de Radamés o Rodolfo es impresionante.
-¿Llegará a ser tan desmesurado como Pavarotti?
-Jamás.
-Pavarotti ha confesado que ama el silencio, ¿usted también?
-He notado con este pequeño auge que a mí también. Por ejemplo, ya no canto todo el día como lo hacía antes. Prefiero estar callado.
-¿Cómo cuida la voz?
-Existen muchos mitos alrededor de la voz de un lírico -que no debe tener mucho sexo o no hacer demasiado ejercicio, cuando con lo único que hay que tener cuidado es con los cambios fuertes de temperatura.
-¿Cuánto gana por una temporada de ópera?
-No quiero volver a cometer ese pecado.
-¿Qué pecado?
-El de hablar de mí mismo.
-Ultima vez, por favor...
-Bueno, última vez: en una sola noche puedo ganar hasta diez mil marcos.