EDITORIAL


EDITORIAL
¿El Fin Del Fujimorato?

ESTA vez el Clásico `Presidente de la República', al que generalmente acude el Jefe del Estado en el hipódromo de Monterrico, se convirtió en una metafórica carrera de caballos con parada de borricos.
Los ocho años de galope en las encuestas de Alberto Fujimori se han reducido a un trote rezagado, y la adversa reacción popular ante su mensaje este 28 de Julio amenaza con espantar al animal.
Fujimori inició su discurso diciendo que cuando se dirigió al país por primera vez hace ocho años lo hizo sabiendo que iba "contra la corriente" al proponer una política de rigor fiscal.
Eso no es exacto.
En 1990 todo el Perú suponía que un reajuste económico era inevitable y la opinión pública estaba preparada para sufrir medidas drásticas con tal de detener la inflación.
Esta vez, en cambio, las explicaciones del Presidente sobre los límites presupuestales y la imposibilidad de aumentar sueldos y pensiones han caído en oídos sordos y corazones decepcionados.
Esta vez sí que nada contra la corriente.
Es que en el país se está cuajando un marcado cambio climático en la psicología política alimentado por fatigantes frustraciones económicas y una coyuntura internacional adversa.
La crisis asiática no amaina sino empeora y afecta a naciones como el Perú. Camisea, con todas las razones que puedan acompañar a nuestros intereses, parece un fracaso del gobierno. Para muchos empresarios, la época de vacas gordas de 1994 y 1995 ha terminado sin que hayan logrado tomar un vaso de leche. Y la sustancial camionada de firmas respaldando un referéndum para cuestionar la tosca ley de "interpretación auténtica" ya genera una sensación de rechazo mayoritario a un intento de segunda reelección. La retirada de Menem, finalmente, señala el camino.
Javier Valle Riestra, el Primer Ministro mayormente ignorado a pesar de su contorsionado apoyo al caudillo, observa que"sibilinamente" -proféticamente- el Presidente ha insinuado una despedida en su mensaje.
Puede que tenga razón.
Cuando Fujimori dice que "al final de mi mandato quiero dejar un país sólido y bien encaminado", ¿no está diciendo adiós?
El problema con el presidente Fujimori es que a estas alturas nadie le cree del todo y muchos esperan algún contragolpe de jiu jitsu que ponga las cosas de cabeza nuevamente.
Además, allí están las celebraciones onomásticas costosas, la manipulación del aparato electoral y las medidas que intentan satisfacer a tirios y troyanos. ¿No forman parte de una campaña electoral? ¿Y qué del lanzamiento de Juan Carlos Hurtado? ¿No se trata de socavar las alternativas?
Sí, sin duda todo eso contradice la idea de una despedida franca.
Sin embargo, al categórico verbo "dejar", Fujimori sumó otras alusiones a cambios y recambios que apuntan a un relevo.
Podría ser que el "fujimorato" -que el régimen en su conjunto de impulsos, intereses y privilegios- se niega a fenecer, pero que el hombre está considerando seriamente desmontar del caballo.
No sería la primera vez que esto sucede.
El discurso de Fujimori contiene pasajes en los que pide comprensión. Es arduo otorgar compresión a quien ha sido muy mezquino con sus adversarios y antecesores.
Pero hay que intentarlo.
Se puede comprender, por ejemplo, que para Fujimori es muy difícil anunciar ahora con claridad su retiro de la contienda electoral en el año 2000. Siendo un político sin partido y sin lealtades que no sean coyunturales, corre el riesgo de quedarse sin gobierno antes de que éste termine formalmente.
Pero aun sin esa definición, y dados los cambios atmosféricos e insinuaciones retóricas, ha llegado el momento de preguntarse:
¿Fujimori está diciendo adiós?
¿Estamos frente al fin del fujimorato?


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