
Gallo De Tajada
¿Su misión es ganar o bajarle la cresta al contrario?
Sale de la manga chinesca por segunda vez y lo hace con ánimo sonriente, aunque sabiendo que la carrera es desproporcionada. Juan Carlos Hurtado Miller no tendría por qué hacer esto, convencido de la necesidad de democratizar al país. Es más, desempolva un discurso descentralista que fue, en algún momento de 1993, una de las cartas para presentarse como potencial adversario de Fujimori en las elecciones de 1995. La política tiene sus recovecos y, lo que es peor, sus contradicciones. En esta semana hay ya otro contendor para Lima, pero sobre todo un político que, como Javier Valle Riestra, discute broncamente con su conciencia.
Alberto Andrade: tomándola con soda.
Almirante (r) Luis Giampietri: de rehén a técnico en seguridad.
EL lanzamiento el viernes 24 en el Hotel Bolívar de Juan Carlos Hurtado Miller como candidato a la Municipalidad de Lima por la agrupación filofujimorista Vamos Vecino no fue ya una sorpresa. Un día antes, CARETAS anunciaba que "El Gringo" era la carta mayor del gobierno para mocharle votos, ya que no la victoria, a Alberto Andrade, quizá el único personaje que, por el momento, le quita el sueño al reeleccionista Alberto Fujimori.
Como lo reconocieron todos los sectores políticos se trataba de una decisión acertada. Hurtado Miller es una figura política de polendas y un hombre de caballerosas y múltiples amistades.
El decorado, la liturgia y los sermones fueron cuidadosamente estudiados.
En Vamos Vecino hasta el último minuto se confiaba en que se impondría, finalmente, Ricardo Chiroque, voceado candidato a San Juan de Lurigancho, pero que el pasado domingo 19 fue tentado para Lima por Edgar Añamuro, secretario de organización, y por Rolando Reátegui, el secretario general del movimiento. Hubo luego otras entrevistas (chifita de por medio) hasta que lo citaron para el viernes 24. El creyó que se trataba de una cita para finiquitar el asunto. Al ver el hotel lleno de gente y en la mesa presidiéndola a Juan Carlos Hurtado Miller, comprendió que le habían jugado una mala pasada. Una de tantas.
El discurso del candidato Hurtado Miller, como es lógico, era angélico. Vamos Vecino lo llamó, él pensó, no preguntó qué movimiento era este de tan súbito y auspicioso crecimiento, no había conversado con nadie del gobierno sobre el tema, tuvo hasta tres meses para empaparse de la problemática municipal.
Un independiente más que no pedía apoyo del gobierno. Pero que se creía con derecho a pedirle a Andrade un debate para ver quién tenía razón en la manera de enfrentar los problemas de Lima, tras otorgarle una calificación estadística sobre la base de 17 temas identificados minuciosamente por un hombre que, pese a sus calidades personales, se parecía demasiado a aquel embajador inglés que, preguntado si era monárquico o estaba a favor del Regente, le respondió al Cardenal Mazarino: "Yo, señor, soy un humildísimo servidor de los acontecimientos".
Demasiado parecido, además, con otro personaje que ha sabido de la tajante ingratitud del shogún, Jaime Yoshiyama Tanaka. Un deportista, un ex militar, una mujer corajuda, las promesas de cambiar el mundo a partir del viejo sillón de Nicolás de Ribera, el Viejo.
Juan Carlos Hurtado Miller reúne altas calidades profesionales (ingeniero agrónomo en los tiempos en que Fujimori estudiaba en la Agraria) e intelectuales, con estudios que le permiten tener una visión y un compromiso de la economía engarzada con la vida social. No es, a todas luces, un acomodaticio, sin arte ni parte, pero la fortuna política le ha sido esquiva.
Ha hecho referencia a sus 17 años de funcionario público que han alimentado su vocación de servicio, pero que igualmente le impidieron crecer con un perfil propio de dirigente. Sucesivamente desfiló por Acción Popular (fue ministro de Agricultura, presidente del Banco Agrario, de Cofide y director del BCR), mantuvo cordiales relaciones con el PPC y luego con el Fredemo, hasta surgir de pronto, retirado ya de AP, como primer ministro y ministro de Economía de Alberto Fujimori en su primera administración, aplicando un paquetazo ortodoxo "de prestado", según paladina confesión.
Para el arquitecto Fernando Belaunde aquello constituyó un duro golpe, de allí su frase lapidaria: "El que se fue, se fue", descartando cualquier proximidad futura. Es verdad que Alan García le ofreció el Ministerio de Agricultura y lo declinó por expreso veto de FBT, un sacrificio de varios años. Cuando asumió el cargo de Primer Ministro y titular del MEF, confesó: "En estos últimos cinco años sólo me llamaron tres personas: García, Barrantes y ahora Fujimori. Ya es tiempo que haga algo, aunque me queme en tres meses".
Un candidato común y corriente: tras entrevista paga playa de parqueo.
En realidad se quemó en siete meses y estuvo desde el 91 hasta la fecha en la lista de las expectativas (se habló de su candidatura presidencial en 1995, luego de una plancha con Javier Pérez de Cuéllar, hasta Foro Democrático pensó que podría ser candidato a la alcaldía de Lima, pensamiento que también le rondó a Fujimori en 1992). Como ha ocurrido tantas veces en nuestra vida republicana, Hurtado Miller pertenece a aquel grupo de personalidades descollantes que, por avatar o descuido, no ocupan los cargos que luego el país sin duda les hubiera agradecido.
Si esto es así, ¿por qué lamentar que sea un candidato al Municipio, disputándole la primacía a Andrade?
Las oportunidades en política, sin embargo, tienen su tiempo y su sentido.
Es improbable que un agudo político como es JHM no perciba que el fujimorismo tiene dos objetivos muy claros: la perpetuación en el poder del actual mandatario y, por tanto, la eliminación a mansalva de todo aquel que pueda considerársele potencial adversario.
Los pasos del gobierno están, pues, supeditados a estos dogmas. Para satisfacerlos puede, incluso, lavar el rostro con personajes de tradición democrática, pero que no tienen un juego específico, tras haber provocado legítimas aspiraciones en el pasado.
Uno de ellos es Javier Valle Riestra, a cuyo arrojo individualista hay que sumar su pertinacia en una causa previamente perdida: desmonarquizar la Presidencia, la no-reelección de Fujimori. El otro es JHM (no por nada la primera reacción de JVR ha sido aludir a un "parentesco espiritual" entre ambos). Hurtado Miller sostuvo ya en 1993 que se oponía a la reelección de Fujimori, del mismo modo que afirmó la necesidad de una economía de rostro humano y un proyecto descentralista, aspectos que el fujimorismo no sólo ha desechado sino que ha ahondado en sentido contrario, llevando al país a una polarización inexcusable, con la que tampoco puede estar de acuerdo Hurtado Miller, un político que cree en el consenso.
Si, en efecto, su candidatura a la alcaldía fuera para consolidar el predicamento fujimorista en los sectores populares, Hurtado Miller es el candidato menos indicado, pues se trata de un profesional con arraigo en los sectores A y B. Se trata de un hombre que acepta ir al sacrificio con el único propósito de darle a Alberto Andrade una tajada considerable para que se diga luego que ganó con las justas. Esa es una maniobra perversa que probablemente no haya pasado por la mente de Hurtado Miller, pero que consolida en los hechos.