
Granda el Grande
Centenario del nacimiento de Alejandro Granda,
llamado por Leguía el Caruso Peruano.
En el teatro de La Scala de Milán maquillado para la obra Dafni de Mulle.
PADRE, Vicente Granda, chalaco. Madre, Teresa Relaysa, negra lambayecana. El hijo, tenor lírico de fina tesitura a quien se llegó a llamar el Caruso Peruano.
Alejandro Granda nace un 26 de noviembre de 1898 en el puerto de El Callao, de ojos negros vivarachos, cachetes redondos, alegre y extrovertido, es decir, un bebé divo que se convertiría en su adolescencia en el cantarín del barrio.
En 1922, sintió el llamado del mar y a los 24 años se embarca en el vapor Santa Elena con el grado de cuarto maquinista como Oficial de la Marina Mercante del Perú. Es en las largas travesías que las arias y la música criolla que Granda entonaba ayudaban a la tripulación a matar el tedio. En una de esas melódicas noches marinas el capitán Manuel Torrico le ofrece su ayuda para que cante en un teatro, ya no en un barco.
Alejandro Granda (en el círculo) en 1932 junto al elenco de la ópera `Iris' en la que representó a Osaka en el Teatro Sociale di Como.
Dos meses después la promesa se cumple. El futuro divo canta `E Lucevano le Stelle', el aria famosa de la Tosca de Puccini, ante doña Rosa Mercedes Ayarza, distinguida compositora peruana, quien emocionada hasta las lágrimas invita al presidente de la Cámara de Diputados, Foción Mariátegui, a los ministros de Guerra y Relaciones Exteriores, Alfredo Piedra y César Elguera y al embajador de Italia, Rufino Agnolli, a escuchar al talentoso Granda. Todos quedaron fascinados y presentaron a Granda al entonces presidente del Perú, Augusto B. Leguía. En su presencia cantó `A la orilla de un palmar' y Leguía simplemente dijo: `¡El Perú tiene su Caruso!' La vida llena de pobrezas del joven tenor cambió de la noche a la mañana. Leguía le otorga una beca para estudiar en Italia y una pensión para su familia. En 1924, antes de partir, realiza dos conciertos en los teatros Forero -hoy Municipal- y Alfonso XIII en el Callao.
Ya en Italia ingresa al Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán y conoce a Alfredo Cecchi, quien lo prepara para su debut en 1927 en el teatro Sociale di Como, con el papel de Osaka de la ópera `Iris' de Pietro Mascagni y bajo la dirección de Giacomo Armani. El éxito es rotundo. Esa misma noche, le ofrecen un contrato para 60 presentaciones en toda Italia y 25 en Alemania. De allí a la Scala de Milán no hubo más que un paso. Cantó la opera `Tosca' al lado de Carlo Galeffi y Bruno Rasa. En 1929 vendría `Rigoletto' dirigido por Toscanini. Sus triunfos en La Scala continuaron hasta 1939.
En 1932, retorna al Perú al lado de Dory Marinelly, una soprano ítalo-norteamericana con la que estuvo a punto de casarse. Canta en Lima `La Traviata' de Verdi y `La Tosca' de Puccini. En Chile `Carmen' de Bizet. En México `La hija del regimiento' al lado de la soprano Lily Pons. El gobierno italiano lo condecora en mérito a sus triunfos artisticos con el título de `Caballero de la Orden de Italia' y en 1947 el gobierno del Perú -a su segundo regreso- le otorga la orden `El Sol del Perú'.
Vicente Granda Aiscorbe y doña Teresa Relaysa, los padres. Derecha, Aurelio Loret de Mola y Miguel Molinari en recuerdos líricos.
Terminada la segunda Guerra Mundial y caído el partido fascista, Granda sale de Italia. Le confiscan todos sus bienes al relacionarlo con Mussolini, quien era un gran aficionado de Granda; y su casa en Milán es destruida por la guerra.
En 1948, sigue su peregrinaje por Estados Unidos. Se presenta en el San Carlo Opera Company, en la National Broadcasting y en la televisión de Filadelfia. Pero un mal en el oído frustra su vertiginosa carrera, después de 25 años de éxitos con un repertorio de 42 óperas, se retira en La Habana, Cuba, con la opereta `El Murciélago' de Strauss, en 1952.
Diez años después, instala una academia en Hollywood. Viaja a México como maestro de canto del Instituto Nacional de Bellas Artes. No sintiéndose contento fuera de su país natal y con deseos de realizar su gran sueño de fundar una escuela de ópera lírica, regresa al Perú. La historia no registra los detalles, pero aparentemente trabas administrativas hicieron que sólo consiguiera un nombramiento para enseñar en el Conservatorio Nacional de Música. Uno de sus alumnos fue el hoy reconocido mundialmente tenor Ernesto Palacio. La muerte lo sorprende el 3 de setiembre de 1962 a los 63 años.
Para el próximo mes de noviembre que se celebra el centenario de su nacimiento, Magali Zapata, Miguel Molinari del programa radial Antología Lírica de Sol y Armonía y Aurelio Loret de Mola, preparan todo un proyecto que abarca la producción de un libro, la reproducción del CD `La Tosca' y dos conciertos los días 26 y 28 de noviembre en los teatros Municipal y Alejandro Granda del Callao. Estarán la Filarmónica de Lima, dirigida por Miguel Harth-Bedoya y los tenores Ernesto Palacio y Juan Diego Flores, seguidores de la saga de Granda, el mulato lírico de voz celestial. (E.M)