Mundo Piraña


Mundo Piraña
Al pie de la Plaza de Armas, niños se drogan y asaltan. Su hogar, un terreno baldío llamado "El Hueco".

Las organizaciones dedicadas a rescatar a los niños de la calle están más que preocupadas. A la reciente proliferación de niños callejeros en abandono, se suma la negativa de instituciones a realizar nuevos donativos debido al alto pago de impuestos que dicha operación supone. Mientras tanto, una población de pirañitas entre 6 y 17 años vive parasitariamente del robo, las drogas y la prostitución. Este es un descenso a los infiernos infantiles de la sociedad limeña.


Pocos se imaginan lo que hay tras el muro, un universo de niños viviendo
al filo del abismo. Derecha: "Payasito", de 11 años, en terokal.

Escribe GASTON AGURTO

LA pregunta pudo parecer ingenua pero, dadas las circunstancias, había salido del corazón:
-¿Aquí duermes?
Parado al borde de un hueco de cinco metros, Víctor, de 12 años, miró a su alrededor. La excavación de un edificio en ruinas, apenas cimientos, columnas, fierros retorcidos. Y luego respondió:
-Sí.
-Se trata de una obra abandonada, ubicada en el pasaje Santa Rosa, vecino a la Plaza de Armas, donde convive una docena de pirañitas de entre 6 y 14 años. El terreno luce lleno de basura, latas de terokal, caca y...
-¡Carajo, ratas!
Una rata oscura, del tamaño de una nutria, se escabullía por una de las grietas que los pequeños también utilizan para guarecerse del frío y de las batidas del Serenazgo.

Tratando de espantar al fotógrafo con una pedrada, "Primito", de 13 años. Ni la torre de la iglesia de Santo Domingo los ampara.

-¿No te dan miedo?
-Ya nos conocen. A nosotros no nos muerden. Esa pregunta sí que fue ingenua. Miedo a los roedores, a quién se le ocurre. Si estos niños (que según el INABIF son entre 500 y 600 en Lima) conviven con la dura calle y sus peligros. Ellos mismos son un peligro. Arranchan carteras, teléfonos celulares y bolsas de comida a la salida de las pollerías. Les encanta el pollo a la brasa. Son capaces de canjear su bolsa de terokal por una pierna de pollo.
Pero tras de ese vagabundo, tras ese mendigo, tras ese peleador callejero, tras ese delincuente, tras ese drogadicto, hay un niño. Que explica:
-Aquí sólo nos asustamos en las noches. Al costado, en la Municipalidad, penan. Suenan pasos, gritos. Nosotros nos despertamos y tiramos piedras, porque parece que alguien se está acercando.

-¿Y no te dan ganas de regresar a tu casa?
-Esta es mi casa.


Director del INABIF, Luis Bringas: "Se trata de niños sin vínculos familiares, sin un referente adulto ni escolaridad. Pero con una irresponsable libertad que los arrastra a las drogas, al robo, a la perdición". Centro: pirañas alrededor de la Plaza Mayor. Derecha: "Osito", de 17, y July (embarazada de 16), pareja en vías de recuperación.

  • En reciente encuesta, 313 niños y adolescentes entre 6 y 17 años confesaron ejercer simultáneas conductas de riesgo en un solo día. Del total, 235 robaban, 191 consumían inhalantes, 72 mendigaban y 25 se prostituían. Estrategias de sobrevivencia, las llaman los técnicos del INABIF. Pero no todo está perdido. Porque existen instituciones estatales y privadas que en la medida de sus posibilidades tiran del otro lado para librar a estos pequeños del abandono.
    Entre las no gubernamentales están Generación, que actúa con fondos de Rädda Barnen y bajo la batuta de Lucy Borja. Trata de readaptar a los niños en base a alimentación, educación, trabajo digno y sobre todo mucho afecto. Según los educadores de la calle, el mejor antídoto contra la violencia.
    Está también el Instituto Mundo Libre, que dirige Marilú de Gonzales Posada, que enviara a cuarenta niños de la calle al mundo de Disney. Pero al margen de la anécdota, expone un par de propuestas. Primero: Un proyecto de ley destinado a fomentar las donaciones a entidades que, como las mencionadas, brindan ayuda humanitaria, en vez de ahuyentar potenciales donantes cargándolos de impuestos. Segundo. Lo que ella llama "tarifa de la solidaridad", destinada a despertar la sensibilidad de los municipios bajo una queja atendible: "¡Es inaudito. Un albergue infantil paga agua, luz y teléfono en iguales condiciones que una discoteca, o un chifa!"
    Por parte del Estado está el Inabif (con un presupuesto anual de 56 millones de soles para atender una población de 30 mil personas). Cuenta con una buena iniciativa que CARETAS no tuvo la oportunidad de constatar, como hubiera querido, debido a descoordinaciones de índole burocrático. En todo caso, según el director Luis Bringas, una camioneta sale todas las madrugadas a "pescar pirañitas" y brindarles alimentación, chocolate caliente y asistencia médica.

  • Si la Municipalidad tiene su hueco, el Palacio de gobierno también tiene el suyo. Queda frente a la fachada que no ven los turistas, la que da al deshidratado río Rímac. Visitamos la zona. En las riberas del río hay covachas donde conviven ex pirañitas convertidos en flacos tiburones. Allí comparten los desperdicios recogidos del mercado, el botín de sus asaltos al paso y el feroz vicio de la pasta básica, que casi irremediablemente le sigue al terokal. Allí se están consumiendo poco a poco.

    Bajo la gigantografía de la Virgen, Víctor (el pequeño de la pirueta) y su pandilla.

    Sobre las vías del tren encontramos deambulando a una adolescente embarazada. Llevaba una bolsa de caramelos y un frasco de terokal. Nuestra guía le dijo: "no hagas eso, tu hijo va a nacer deforme". Pero ella no entendió, siguió su rumbo como una zombi.
    Luego nos internamos en la sombra del túnel, corría el humo de algunas fogatas encendidas y un par de pirañitas desocupados intercambiaban estas tristes palabras:
    -¿Tienes hambre?
    -Sí.
    -Yo también.
    Seguimos por un pasadizo oscuro de unos cien metros de largo, y llegamos al hogar de "Wafer" y Heidi. Un colchón arrimado en la esquina, una caja de frutas en lugar de la mesa de noche, una vela. Es una pareja de enamorados que ha dejado el terocal, pero no el robo. El se despide de ella diciendo: "Ya vengo, voy a laburar" (es decir, trabajar en la delincuencia, en el asalto). Ella sale hasta la puerta y le responde: "Cuídate". Y lo sigue con la mirada hasta verlo desaparecer entre los peatones del puente Trujillo, sus víctimas en potencia.
    Cuando salíamos del túnel fuimos rodeados por una horda de pirañitas homosexuales, que chillaba como si estuviera en pie de guerra. Son los que se prostituyen y roban en las discotecas de la avenida Emancipación, en la zona roja del jirón Cailloma y en las plazas Manco Cápac y Grau. Al despedirnos, "Cristina", un esperpento infantil con labios pintados y ademanes exageradamente femeninos, me estrechó la mano haciéndome sentir el cosquilleo de su dedo medio sobre la palma: el código secreto de la prostitución homosexual. A pesar de todo lo visto esa tarde, se me escarapeló el cuerpo.