Prácticas Privadas Vergüenzas Públicas




Prácticas Privadas
Vergüenzas Públicas
Clinton admite su culpa, Lewinsky se dedica a triste carrera de ex favorita. Una cuestionable investigación que se ensañó en cuestiones privadas.

La hora de la verdad, la admisión ante el mundo. Para la opinión pública norteamericana, con esto ya fue suficiente.

CUARENTA millones de dólares despilfarrados en una investigación de cuatro años para llegar al siguiente parto de los montes: dos personas adultas tuvieron una relación sexual consensual. Claro, esta involucra al Presidente de los Estados Unidos y por ello el coeficiente de morbo se dispara, peor aún cuando la incomprensible contraparte del hombre más poderoso del mundo es una joven que parece haber comido demasiadas hamburguesas en su vida adulta.
En los EE.UU. se creó el cargo de fiscal especial que ha ejercido Ken Starr pensando en asegurar una investigación justa y a fondo en caso que un presidente cometiera actos ilícitos de gravedad comparable al escándalo de Watergate, que es el que se tuvo como referencia. Eso está muy lejos de lo que se ha investigado ahora: acusaciones de mentir acerca de un posible revolcón con toma y daca y de cómo así un vestido Gap quedó almidonado al natural.

De supuesta víctima a feliz beneficiada. Mónica Lewinsky sonríe ante rentable popularidad en sesión fotográfica pagada.

¿Tan ajena al desliz humano y a la tentación carnal es la supuestamente puritana moral norteamericana, incapaz de tolerar picos hormonales en la Casa Blanca? Pues no, y Marilyn (que nunca guardó un vestido, es más, no siempre los necesitaba) debe hacer el salto del tigre en su tumba. Contabilícese más adelante la copiosa relación de presidentes con amantes (conocidas). Sucede que en este caso se han combinado una cuestión política con la dinámica propia de los medios de prensa, la misma que una vez inmersa en el tirabuzón del frenesí noticioso no conoce cómo detenerse. Adicción que se refleja en el hecho que los norteamericanos dicen estar ya hartos del tema, pero igual quieren saber más: ¿Hace cuánto Clinton duerme en el sofá? ¿Mónica sufre de amigdalitis?
Clinton ha tenido un gobierno notablemente exitoso -presupuesto equilibrado, inflación controlada, aumento de empleo- y por eso debería juzgársele, pero es tal la hipocresía de la lucha política que se insiste en imponer el fundamentalismo del sí o no -lo hizo o no lo hizo- como un imperativo moral. El sí o no es un problema entre él y su esposa, y hasta cierto grado de la propia Mónica Lewinsky, que hasta el momento no ha dicho esta boca es mía.
No se descarte además cierto nivel de envidia y piconada. Starr tiene toda la pinta de aquel que cree que fellatio es algún tipo de ópera. Y el poder que ahora ejerce como fiscal especial arrinconando al inquieto pelvis presidencial contra la pared del salón oval, podría ser la salvación de su vida social: el poder es el mejor afrodisíaco, lo decía Kissinger guiñando un ojo. El presumible neofitismo de Starr respecto a las pulsaciones de Eros se resume en el chiste que hacían en la Tv. la noche del lunes 17:
-¿Por qué Starr tuvo que interrogar durante tanto tiempo, cinco horas, a Clinton?
-¿Por qué hubo que explicarle qué es el sexo?

King Klinton, su gestión es tan exitosa como su atracción sobre el sexo opuesto. Un gobierno de logros concretos, pero donde la juventud y la presencia, socialmente, tomaron la ruta de uno de sus modelos políticos, el inquieto John F. Kennedy. Derecha, risas de Mónica Lewinsky en mercantilista sesión pagada por la prensa norteamericana, y que delataría ciertos rasgos de una personalidad sicópata. ¿Qué mujer guarda vestidos manchados?

SEMANTICA Y SEXO

"Sí, tuve un contacto inapropiado". El eufemismo leguleyesco provocó vergüenza ajena cuando un resuelto Bill Clinton -tan resuelto como cuando siete meses atrás decía que jamás tuvo una "relación sexual" con la Lewinsky- mandaba el lunes último su mensaje a los norteamericanos. Medio mundo se debate actualmente en una semántica que podría redefinir los términos "sexo", "contacto", "apropiado" e "inapropiado", semántica puesta en crisis por las andanzas del fiscal Ken Starr y los circunloquios de Clinton. Lo que Starr y demás actores políticos quieren descubrir, al fin y al cabo es si hubo o no mentira bajo juramento. Torpe y tramposa manera de querer hacer zozobrar, peligrosamente, una presidencia. Mientras tanto, entre la "relación sexual" y el "contacto inapropiado", Clinton estaría descubriendo todo un universo desconocido para el hombre común donde el deseo y el poder mental logran un orgasmo más o menos exitoso. Lo complicado es explicarlo, vía satélite, a la esposa y al mundo.
El vestido de la Lewinsky supuestamente manchado de cromosomas y ADN del Presidente vendría a ser la pieza clave. De comprobarse esta versión, Clinton tendría que matizar nuevamente sus definiciones: "contacto a distancia", "relación con excitación al cincuenta por ciento", o "pequeña travesura de contacto estando apenas desnudo". Esto demuestra que al igual que en los crímenes homicidas, tampoco existe la infidelidad perfecta. Cualquier amante furtivo y animado por el delirio de los extramuros de la legalidad, siempre debe tomar precauciones de cirujano: extirpar olores, sabores, manchas, fotos, vídeos, es decir, dejarlo todo como estaba antes y picarla, cosa que Clinton no supo hacer. Luego, consumado el acto, pretendió guardar silencio en la mejor tradición norteamericana del "don' t kiss and tell" (traducción libre: un caballero no tiene memoria), pero enredándose en su propia telaraña de tal manera que Starr se lo encontró servido en bufé, all you can eat.

Ecce Homo

Desnudo ante la opinión pública internacional quedó el Presidente norteamericano luego de su propia admisión de culpa. Las decenas de encuestas que inmediatamente se pusieron en marcha daban cuenta de un hecho saltante. Si bien su popularidad sufrió un bajón, la gran mayoría consideraba que con el humillante episodio del mensaje contrito la investigación de Starr debería llegar a su término.

En todo caso, la pregunta de rigor es: qué clase de mujer obsesiva guarda un vestido así en el closet después de tantos meses. Ningún amor patriótico puede ir tan lejos. Por otro lado, la ética de la "jugadora" entre los famosos y poderosos manda guardar trofeos de guerra y a exhibirlos cuando el bolsillo esté apretando. Ese tal vez sea el caso de la Lewinsky, más allá que algunos republicanos oportunistamente insistan en ponerse en el lugar del indignado padre de la ex interna de la Casa Blanca. Lewisnky ya cobró su sesión de fotos en exclusiva con Vanity Fair, y ahí tiene para liposucciones y Rosa Mosqueta para varios años, lo que da algunas pistas de sus intenciones y de su posible futuro profesional: Hacerse tristemente famosa y rica bajo alguna carpa como la mujer que le demostró a Clinton, cultor del saxofón, que el clarinete también tiene su encanto.
Pero en la ciénaga política la infidelidad en sí misma es lo que menos importa cuando se juega la credibilidad o la permanencia en el poder. Consultando localmente por el lío en el que Bill Clinton se encuentra, llegamos a declaraciones sorpresivas.
Fernando Maestre, sicólogo de la televisión, no dudó en pensar que la Lewinsky puede ser una sicópata: "Convertir el vestido manchado en una prueba, revela una personalidad sicopática, utilitaria. El sicópata no tiene pudor, ni moral. Es de un esquema ético cambiante. Puede encubrir a un asesino o ganar un juicio fraudulento".
Hay versiones que aseguran que la Lewinsky es bastante mentirosa, y sus propios desmentidos -que no tuvo relaciones, que tuvo relaciones- van por ese camino. Pero ¿cómo se detecta a estos individuos?


Todos presidentes, todos infieles. Washington, Jefferson, Roosevelt, Nixon y JFK.

"Los sicópatas son grandes glotones, adictos, tienen una vida sexual desordenada y rápidamente se meten a la cama" Más porotos para la Lewinsky, que se vio rápidamente seducida por el Presidente saxofonista y no presume de una figura muy esbelta que digamos. "En todo caso", sigue el Dr. Maestre "de haber habido relaciones, el Presidente cometió una ligereza muy grande. La relación entre poder y sexo es directísima. Todo aquel con poder cree que puede obtener lo que sea, esto tal vez haya mareado al Presidente".
No es extraño, entonces, que para los presidentes del país más poderoso del mundo el himeneo político tenga una historia ilustre.
George Washington fue víctima de los británicos cuando lo relacionaron con una tal Mary Gibbons. El redactor de la Declaración de la Independencia, Thomas Jefferson, cortejó, al parecer, con una inglesa en París y se cree que tuvo como amante y como madre de algunos hijos a una esclava negra llamada Sally Hemings. Franklin Roosevelt, no contento con tener una aventura con su propia secretaria, Marguerite "Missy" LeHand, también la tuvo con la secretaria de su esposa Eleanor Roosevelt. A John Kennedy, playboy por excelencia, lo han implicado con Marilyn Monroe, Angie Dickinson y las secretarias de la Casa Blanca Priscilla Weir y Jill Conwan. Se rumoreó que Richard Nixon tuvo un affaire con una camarera china llamada Marianne Liu que conoció en Hong Kong y que ayudó a establecerse en los Estados Unidos en 1969. George Bush también tuvo problemas con Jennifer Fitzgerald, una conocida y vieja amiga del Presidente.
Nada como una amante para hacer zancadillas al Presidente. Y en la sociedad norteamericana esto es más cierto que en otras. Marco Aurelio Denegri ve que la discusión está demasiada inflada: "Todo es un problema folclórico. Que se ocupen de esto es una babieca. Pero, por favor, allá en Estados Unidos la gente no sólo guarda vestidos con semen, sino pelos del pubis y condones de hace veinte años para chantajear después. La nación norteamericana nació como una colonia penitenciaria, los peregrinos eran personas que habían cometido delitos, es decir, un pelotón de bestias. Como ha dicho el Times, cada elección es la formulación de un circo. Y lo del vestido no tiene nada que ver con fetichismo, en absoluto." Enérgico y al grano.

REACCIONES POST MEA CULPA

Las encuestas hechas después del mensaje mostraron cierta ambivalencia: desilusión mezclada con perdón. Según la consulta realizada por CNN/ Gallup/Usa Today, a la pregunta considera que lo sucedido pertenece al ámbito privado o público, la respuesta fue: privado 63%, público: 37%. Según la misma encuesta, a la pregunta ¿está usted satisfecho con la explicación del Presidente?, el 57% respondió que sí, 43% dijo que no. Y finalmente, a la pregunta si aprobaban la gestión del Presidente, 62% dijo que sí, 32% dijo que no.

En el Perú, a Starr le faltarían manos para casos realmente graves, como espionaje y corrupción del propio gobierno.

Clinton ha perdido puntos, pero al mismo tiempo la opinión pública ha decidido que ya es hora de dejarlo en paz. "Hemos elegido un Presidente, no un Papa", declaró un ciudadano con gran entendimiento de la grandeza y miseria humanas. Paralelamente, el negocio lewinskiano sigue viento en popa. La línea de ropa Tommy Hilfiger publicará en breve sus nuevos avisos impresos: una joven y hermosa chica con aspecto de practicante, casi arrodillada en medio del salón oval haciendo contacto visual con alguien por encima de ella.
Hillary romperá toda la vajilla en privado, pero en público se ha comportado -ante las torpezas de su marido- como una primera dama de excepción. La lavada de trapos va a ser con piedra pómez.
Por lo pronto, el más beneficiado es, al parecer, Matt Drudge, periodista que desde el Internet (drudgereport.com), mantiene el minuto a minuto en la información, confirmada o sin confirmar. Bill, gracias por tu libido, le escribió el otro día al celebrar los once millones de chismosos visitantes. El último chisme (no confirmado) de Drudge: En su mea culpa televisada Clinton habría usado una corbata azul plateada con rombos, regalo nada menos que de una robusta practicante cuyo nombre no quisiera acordarse.


Poder Tropical
Mientras Clinton sufre, los presidentes latinoamericanos gozan. Al sur del río Grande, una canita al aire no tumba a nadie.

EN nuestros lares, el poder siempre ha estado rodeado de sensualidad y nadie ha caído por eso. Los gobernantes incas, por ejemplo, casi tenían licencia para fornicar, cosa que no le movía ni una pestaña al Padre Sol. Huayna Cápac, sólo por citar un caso, para tomar posesión del Callejón de Huaylas, diseminó hijos en varios valles y mujeres del lugar.
Durante el virreinato, el romance entre el virrey Amat y Juniet y Micaela Villegas, la legendaria "Perricholi", fue el más paradigmático, pero de ninguna manera el único. La llegada de la religión católica atemperó los ímpetus amorosos de los gobernantes, pero no produjo una real transustanciación de las costumbres.
Los libertadores tampoco eran hombres de un solo aposento. Es más: parte de la gracia de Simón Bolívar era su irrenunciable condición de mujeriego, que nadie condenó ni pretendió usar para desacreditar la gesta emancipadora. Las mujeres de la época lo esperaban con ansias de libertad, y acaso con ojos de deseo, mal que le pesara a Manuelita Sáenz.

Ya en tiempos contemporáneos, el desfile de casos de infidelidad o de rupturas matrimoniales en el poder es interminable. Desde Juan Domingo Perón hasta Carlos Andrés Pérez, pasando por Manuel Prado Ugarteche y Fernando Belaunde, los nuevos personajes femeninos -que en muchos casos fueron las secretarias privadas- han entrado en escena sin que el mundo se venga abajo.
Claro que han habido, digamos, ritmos y estilos. Hay distancia entre un discreto Salvador Allende, echándose canitas socialistas al aire con La Payita, su secretaria, y un Anastasio Somoza excesivo, rodeado de amantes mientras su país era devastado por un terremoto. Ambos luego serían derrocados, pero ninguno de ellos por su conducta sexual.
¿Qué terremoto se habría producido en Estados Unidos si un presidente se presentaba, como el ex mandatario brasileño Itamar Franco, junto a una mujer sin prendas íntimas? Nadie lo sabe. Pero que un fiscal como Keneth Starr no haya descansado -cual inspector Gerard tras el Fugitivo- hasta que Clinton confiese su "relación impropia" demuestra que los aires puritanos de los comienzos no descansan en las Montañas Rocallosas.
Se dirá que hay perjurio y mentiras de por medio, lo cual amerita un proceso. Sólo que también hay un sabor a cabe político mezclado con hipocresía decimonónica. Quien debe estar muy entretenido -o indignado- en estos momentos es Larry Flint, el magnate de la industria pornográfica que motivó una memorable película de Milos Forman. Su rabiosa denuncia de la doble moral norteamericana ha tenido aquí una prueba de alto nivel.
Las últimas encuestas, sin embargo, advierten que la opinión pública del país del norte no seguirá a los conservadores en su cacería. Las propias feministas norteamericanas, que suelen ser radicales cuando de hombres se trata, apoyan al Presidente. La escritora Erica Jong ha dicho: "prefiero mil veces a un Presidente activo de la cintura para abajo que a un fascista como Keneth Starr".
Entretanto, en el barrio latinoamericano, la repulsa contra lo que se considera una persecución a Clinton continúa.Tal vez somos más sinceros en aquello de no tirar la primera piedra. O abrigamos la escondida tentación de, un día, ser también poderosos y que se nos perdone todo. Total, el mito del latin lover no tenía por qué echarse a perder debido a unas cuantas pesquisas judiciales.
En Estados Unidos, en cambio, quizás los héroes tengan que bajar de su pedestal enhiesto o de su sillón sereno -como Abraham Lincoln- y andar a caballo como los nuestros, con su aspecto viril y su actitud arrojada y acaso fálica. Nadie dice que eso sea bueno o malo; sólo que forma parte de nuestro ser y probablemente es la envidia de culturas mucho más metidas en sí mismas y en sus culpas. (Ramiro Escobar La Cruz).