
Y Ahora...
El Gran Bonetón
En su última aparición oficial, Primer Ministro Javier Valle Riestra reabre el debate de quien lo sucederá y para qué.


La historia republicana está llena de paradojas y sinrazones, pero pocas veces la figura de la Presidencia del Consejo de Ministros ha sido tan sombría y nebulosa. Los propósitos presidenciales al respecto forman parte del esoterismo y la cábala. Javier Valle Riestra le impuso al cargo condiciones que lindaban con la literatura, el espectáculo y el sueño. Lo cierto es que el país no sabe qué podrá hacer hoy día un nuevo Premier y habrá (tiene que haberlo) quien se corra el riesgo de devolverle dignidad al cargo sin perderla personalmente en el intento.
SUPERADA la peor parte de la crisis diplomática con Ecuador, volvieron a menudear las cábalas políticas en torno a quién será el sucesor del más controvertido y sorprendente Primer Ministro que haya conocido el actual régimen, el jurista Javier Valle Riestra.
Este, tras la renuncia y su aceptación formal pero no oficial de la misma, viajó a Miami y luego en Lima cumple, aunque a tiempo parcial, las altas funciones. Su última aparición fue el día martes 18, donde ante los dirigentes de jubilados instaló las comisiones encargadas de estudiar la legislación sobre cesantes y jubilados y proponer un sistema equilibrado y, en la medida de las disponibilidades presupuestarias, justo. Valle Riestra lució como en sus mejores tiempos de tribuno y político en el local miraflorino de las oficinas del Primer Ministro.
Primer Ministro saliente Javier Valle Riestra y jubilados: como en los viejos tiempos, con las armas en ristre y la sonrisa hiriente.
Tanto, que no faltaron los comentarios jocosos. "Si Fujimori se demora en nombrar a su sustituto, estas oficinas se convertirán en el local político de Valle Riestra", fue uno de ellos.
No es fácil encontrar un Primer Ministro que represente una media estadística entre Alberto Pandolfi y Javier Valle Riestra ("el silencio de un camposanto y la elocuencia de una ágora") y por eso los analistas consideran que el elegido final será un hombre del actual equipo ministerial.
Los cálculos se engrosaron a favor de Domingo Palermo al verlo reunirse, al principio secretamente pero luego descubierto por los periodistas, la mañana del martes. Palermo es un hombre discreto y pulcro, que guarda perfil bajo, pero ha sabido mantenerse en la cartera de Educación más tiempo que sus predecesores y ha recibido encargos de negociaciones por parte del Presidente con relativo éxito, sin que trascendieran ni bulla ni algazara.
Asesores cercanos aseguran, sin embargo, que no será Primer Ministro. Es casi el mismo discurso para los otros casos mencionados en la semana: Jaime Yoshiyama, Sandro Fuentes, Beatriz Boza, Susana de la Puente, para no hablar de los exquisitos sueños de opio de un Luis Bedoya Reyes o de Pedro Pablo Kuczinsky.
Los rumores en algún momento se centraron en la posibilidad de que fuera una dama la elegida para el premierato, lo cual en estos tiempos pinta bien. Pero las dos candidatas mencionadas en los corrillos negaron en todos los tonos tal eventualidad. Dicen las malas lenguas, sin embargo, que una mujer como la congresista Martha Chávez hacía coquetos mohínes cuando se le planteaba qué respondería si Alberto Fujimori la invitaba a presidir el Consejo de Ministros. Habladurías limeñas.
La actuación breve, accidentada y a veces surrealista de Javier Valle Riestra es un factor de peso para disuadir al más pintado de aceptar un encargo como el de Primer Ministro. No obstante el brillo polémico que éste imprimiera al cargo, se trata de una responsabilidad extraña y casi fantasmal.
En la práctica, el Presidente Alberto Fujimori y Valle Riestra despojaron al cargo de galas y tareas específicas, salvo el honor de acompañar el esfuerzo solemne de redemocratizar y darle vigor humanístico a la Presidencia del Consejo de Ministros.
Hay una fractura en ese cargo, esa es la pesada herencia de un experimento que, según fuentes cercanas a Palacio, ha hecho que Fujimori tenga una viva desconfianza ante el consejo de quienes propusieron a Valle Riestra.
Si, como se dice, fueron Valdimiro Montesinos y el general Nicolás de Bari Hermoza Ríos los propulsores de la aventura Valle Riestra, es perfectamente natural y probable que Fujimori no los requiera de nuevo para emprender un camino insólito y poblado de sorpresas.
¿Qué papel le tocará desempeñar al nuevo Primer Ministro? Aunque el gobierno crea que ha sorteado, gracias a las exigencias de la política exterior, el hondo dilema planteado por Valle Riestra (no reelección, democracia, respeto a los derechos humanos, reconstrucción de las instituciones jurídicas) ha quedado en claro en la opinión pública que cada una de estas cuestiones ha sido escamoteada por una mayoría parlamentaria obtusa y con nula sensibilidad para recoger los dictados de la opinión pública.
La desierta sala de la Presidencia del Consejo de Ministros en Miraflores: de sus dueños tal vez olvidada, cubierta de polvo...
Lo lógico es que se pensara por ello en personalidades que como Yoshiyama o Fuentes se han caracterizado por ser dialogantes y guardan un mínimo de formas coherentes con un diseño menos autoritario.
La experiencia indica, sin embargo, que Fujimori se ha demostrado a sí mismo, a raíz del esperpéntico paso de Valle Riestra, que con los únicos que puede entenderse en el ejercicio del gobierno es con aquellos que le llevan el amén. Y lo más probable es que tienda la mirada hacia figuras que forman parte ya de la antología de los útiles para todo: Tomás Gonzales, Manuel Vara Ochoa o Daniel Hokama.
Restablecer la credibilidad en la institución del Premierato es más que difícil en las actuales circunstancias. El gobierno preferiría que se mantuviera en el limbo y los ministros, por su parte, que resienten exista una barrera intermediaria que les corte el acceso privilegiado con el Presidente, también están contentos con la desaparición de Valle Riestra.
El espacio que le toca al que venga a reemplazar al tribuno que revivió en la escena pública gracias al fracaso de su gestión que nació larvada, es en definitiva formal, accesorio y, lamentablemente, lleno de óxido. Pero la marcha al sacrificio es una parte irremediable de la política, como bien lo saben quienes han elegido colaborar con el actual régimen unipersonal, hijo de la ingratitud.