

Bueno, Bill Clinton a pesar de ser rubio y de ojo claro, pucha, no es allá más de lo que acá es, por ejemplo, un Espichán, sólo que en lugar de lucir la identidad de un ceramio Paiján con Rolex, o sea, tiene esa pinta pues de gringo exitoso que se puede cepillar si quiere a Glenn Close en el lavadero de la cocina y regio. Pero no te engañes, o sea, se trata de un corroncho bien trepón, hija, que encima se consiguió a su noviecita doña perfecta, la que por su lado viene a ser una especie de Martucha, ag, hija, con la diferencia de que Hillary se puede poner encima un Mary Mac Faden (que es como la Lady Cónsul de allá) azul EDELNOR y la gente la ve regia, mientras que la pobre Martu no pasa del sastrecito rabicortón y la blusa percudidona ella.
Y en cuanto a la tal Lewinsky, qué quieres que te diga: imagínate algo así como una pachurri con pretensiones de llegar muy alto pero hija, o sea, siempre encuentra una manera de cortar camino que por lo general es un atajo que pasa por los barrios bajos, tú me entiendes. Bueno, a ese modelón cámbiale el peinadete medio paje-que-fue de la Mónica, así como el tailorcito color celeste-manto-de-la-Virgen, y zámpale una permanente zanahoria y un entero rojo/pimentón mini tipo cántaro de chicha de jora, con panty blanca y zapato del mismo color del chachá y qué te queda: Susy pintiparada, dime que no.
Ya, ahora que tienes la traducción de los actores, pucha, traza el escenario y en lugar del Salón Oval, pucha, mete a Espichán con Susy a hacer la chubichanga en lo que fue el hemiciclo de los Senadores, hija, donde mi abuelito Julio de la Piedra daba unas leyes regias sobre el azúcar y ya, pues, sólo que acá para que el vestido de la interfecta fuera una prueba, o sea, qué quieres que te diga, habría que repasarlo no sólo por el ADN sino por el abecedario completo, cómo te explico.
Ahora, déjame decirte que yo me daría por bien servida y podría morir en paz si pucha, o sea, la vida me pusiera por delante la oportunidad de ver a Espi por televisión, hija, bien a la corbata amarilla y con su vaso de Tang al costado, o sea, diciéndole a la nación que en verdad tuvo su cochoflón impropio con la Susy, qué real-maravilloso ni ocho cuartos.
Bueno, acá lo dejo, hija, segura de que has aprendido horrores hoy conmigo. Me voy volando porque Titín me ha llamado a que lo asesore haciéndole terapia a los damnificados del Niño, hija, a ver si maduran y desarrollan un poco de tolerancia a la frustración. Chau, chau. (Rafo León).