GUERRA Sin Balas




GUERRA Sin Balas
La guerra contra la subversión y el narcotráfico, en la selva de Ayacucho, se arma de granos de café, molienda de cacao y barbasco de exportación.

Desde Bangladesh se recibe una orden de compra de 11 Tm. de insecticida de barbasco vía Internet, un experto de la mundialmente famosa marca de chocolates Hershey's visita la zona para comprobar las bondades de los frutos del cacao y el Smithonian Institute inicia pronto una investigación de la avifauna en los sembríos de café a la sombra. Son primeras manifestaciones de la expectativa generada en el exterior por uno de los programas de desarrollo rural y sustitución de cultivos de coca más intensos y complejos actualmente en marcha en el país. Mientras tanto, el precio de la coca despierta de su largo letargo, algo que coincide con la voceada presencia de ciudadanos colombianos en la región, y la sola visión de las cumbres de Sello de Oro, el selvático refugio de "Feliciano", hace recordar que la pesadilla subversiva en el Apurímac no es cosa del pasado.

Si no vas a sembrar coca, siembra barbasco. Cedro ha instalado una planta de producción de insecticida en base a bar basco en Santa Rosa y ya ha recibido las primeras órdenes internacionales. Centro: seguridad aérea en Kimbiri. Derecha: hojitas de coca al sol. Un repunte en su precio ha puesto a todos en guardia.

Escribe MARCO ZILERI

SUBITAMENTE el avión se inclina radicalmente sobre su ala izquierda, e inicia un abrupto descenso. Una mirada angustiosa por la ventanilla descubre una hoyada boscosa, campos de cultivo abiertos a punta de machete, columnas de humo que se alzan en ciertas laderas y una localidad polvorienta a orillas de un río grande. La nave pierde altura en un vértigo, realiza tres giros cerrados, se endereza, pasa cerca de ramas grandazas y toca por fin tierra arrancando aplausos del respetable. Se detiene. En medio del polvo surgen las siluetas de soldados armados con fusiles FAL desplazándose hacia nosotros.

En Marintari, escéptica dirigente del Club de Madres.

Bienvenidos a Kimbiri, Cusco.
Kimbiri es la expansión urbana de San Francisco, un pueblo joven de pistas contrahechas, discotecas y moteles de una estrella, ubicada en la orilla opuesta del río Apurímac, es decir, en Ayacucho. Un puente de fierro naranja y grande une ambas localidades, que juntas constituyen el núcleo urbano más importante en el valle del Apurímac. Lagarteando bajo el sol en la ribera, los motoristas aguardan al pie de sus peque-peques la llegada de clientes.
El miércoles 19 CARETAS acompañó en una gira relámpago a la región a Thomas Geiger, el nuevo director de la Agencia Interamericana de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) en el Perú, y su esposa Eleonor, Michael Maxey, jefe de la Oficina de Gobiernos Locales y Desarrollo Alternativo de la AID, José Corbera de Contradrogas, David Bathrick, de la ONG Winrock International, Connie Gutiérrez, coordinadora de Desarrollo Alternativo de la AID, Arnold Chacón, flamante consejero político de la Embajada de Estados Unidos, John Dickson de USIS, Peter Deinken, asesor de la AID, Carlos Espinoza de la Oficina de Narcóticos de EEUU (Enas) y Alejandro Vassilaqui, director ejecutivo de Cedro.

Semillas Alternativas
El valle del Apurímac es una de las cinco grandes regiones cocaleras del Perú en las cuales se viene implementando, desde 1995, un intenso programa de desarrollo rural, fortalecimiento de los gobiernos locales y sustitución de cultivos. En el área de influencia global del Proyecto Alternativo viven 354,000 personas, distribuidas en 41 distritos y 1,527 comunidades. 239 de éstas comunidades han suscrito compromisos de cero-tolerancia a la coca, comprometiéndose a erradicar voluntariamente un total de 16,322 hectáreas. El Perú es el principal productor de hoja en el mundo con 69,000 hectáreas de coca, 40% menos que en 1995, pero lo suficiente para producir 350 Tm. de cocaína. La meta es reducir la producción a la mitad. El proyecto es financiado por el gobierno peruano y de EE.UU. con US$ 107 millones hasta el año 2,001, US$ 16 millones de los cuales se invirtieron entre 1996 y 1997.

PLAN MARSHALL CAMPESINO

El valle del Apurímac es actualmente el escenario de uno de los programas más intensos y complejos de desarrollo rural bajo ejecución en el país, una suerte de Plan Marshall campesino. Se trata de una de las regiones más pobres y aisladas del Perú, y tiene el triste privilegio de ser la segunda región de mayor producción de coca en el Perú, después del Huallaga.
Es también uno de los lugares en el país donde las rondas campesinas siguen reclamando armas y municiones para defenderse de Sendero Luminoso.
Treinta años atrás, antes que SL arrasara con todo por estos pagos y la producción se narcotizara hasta hacer de la coca un monocultivo, en la década de 1980, antes incluso de la reforma agraria, el 40% del cacao que se producía en el Perú se sembraba aquí. También eran vastos los campos de café, y por cierto de yuca y de plátanos y, en menor medida, piña, mangos y cítricos.

Eloy Cabrera de ONG Prisma: US$ 3 millones en créditos vía "banquitos comunales" y préstamos en soles a 25% interés/año de Banex.

Hoy quedan apenas 5,000 hectáreas de café de las 18,000 existentes, y un 20% de las 12,000 hectáreas de cacao que había en los buenos tiempos.
A bordo de camionetas pick-up, resguardadas con cuatro soldados por tolva, salimos en caravana de San Francisco rumbo a la localidad de Santa Rosa, ubicada a unos 40 minutos de distancia. Los muchachos del INADE han hecho un estupendo trabajo en la rehabilitación de la carretera. A lo largo del camino se ven campesinos secando sus hojas de coca, bosques depredados para abrir campo a chacras desesperadamente míseras, y una buena cantidad de caseríos. Abajo, en el llano, el Apurímac serpentea impasible rumbo al Amazonas.

EL PALO Y LA ZANAHORIA

En el transcurso de los últimos años el gobierno peruano y el norteamericano vienen implementando en el área una estrategia múltiple que apunta a sustituir los cultivos de coca por aquella de productos lícitos. Para lograrlo no se escatiman en el uso del palo como el de la zanahoria: por un lado, operaciones de interdicción para cortar el puente áereo entre las zonas productoras y los narcos. Por el otro, programas de desarrollo rurales alternativos al de la coca.
"El evitar la llegada de la avioneta de los narcos a la zona fue como cortar el flujo sanguíneo al tráfico", describe Michael Maxey.

El río Apurímac: en los buenos tiempos el 40% del cacao peruano se sembraba aquí. Ahora es el segundo productor de coca en el Perú.

Y el asunto pareciera estar funcionando. El colapso en el precio de la hoja de coca, y el hecho que permaneciera por los suelos durante meses, es atribuido a la efectiva ruptura del puente áereo. Si no hay cómo sacar el producto, no hay mercado. Si no hay mercado, el precio se va al tacho. Según las estadísticas del proyecto, en 1995 se cultivaban en el valle 21,000 hectáreas de coca, hoy se estiman que son unos 12,600.
Pero en las últimas seis semanas un peligroso repunte en el precio de la coca -de US$. 15 a US$ 20 por arroba- ha puesto a todos en guardia. Se dice que hay presencia en la zona de narcos colombianos y eso lo admite hasta el propio comandate EP Fernando Angulo. Se teme que si la tendencia alcista persiste, los campesinos retornen a sus cocales.
"La clave del éxito del programa de sustitución de cultivos es mantener bajo el precio de la coca", dice Maxey.

LA TIERRA PROMETIDA

El área de influencia del proyecto en el valle del Apurímac se extiende desde el caserío de Sivia -a cinco horas río arriba de San Francisco- hasta el de Nueva Esperanza: un total de 12,000 Km2 con cerca de 100,000 habitantes. Zona eminentemente migratoria, el 60% de los pobladores hablan quechua y castellano. El 40% restante, sólo quechua.
La guerra contra Sendero los empobreció, pero el colapso de la economía de la coca los empobreció aún más. Estudios nutricionales efectuados a fines de 1996 revelaron que el 45% de los niños menores de tres años en la región padecían de desnutrición crónica. Hoy, de acuerdo a Maxey, la cifra se ha reducido a 35%.
Y, sin embargo, los expertos consideran que la zona tiene un potencial agropecuario formidable.
"El río Apurímac discurre a 500 metros de altura sobre el nivel del mar", explica Maxey desde un mirador en la ruta. "A partir de ahí hasta los 2,000 m.s.n.m. tenemos aquí un gran ecosistema para el café".

¡Carambas, cacao! Thomas Geiger, nuevo jefe de la AID/Perú, y Michael Maxey, jefe del programa de desarrollo alternativo. Derecha: rentabilidad del café vs. la coca... hasta hace poco. La clave del éxito está en los bajos precios de la coca.

Maxey es un experto en el grano. A mediados de 1996, hacía maletas para regresar a Washington D.C. después de ocho años de servicios en Costa Rica, y otros tantos en Brasil, a donde llegó en la década de 1970 como parte del Peace Corps. Terminó sin embargo en el Perú como director del programa de sustitución de cultivos de coca de la AID. "Es una prioridad", recuerda que le ordenaron.
El café y el cacao son los productos bandera del proyecto, pero también el arroz, la piña, el palmito, el plátano, las actividades forestales, la ganadería y hasta la producción de insecticida en base a barbasco están siendo promocionados activamente en la zona. Se trata de proyectos pilotos que contemplan el reforzamiento de la organización de productores a través de comités, acompañados de paquetes de asistencia tecnológica y crediticia e identificación de mercados potenciales -nacionales o extranjeros- donde colocar los frutos esperados.

FE Y FRUSTRACIONES

La expectativa que ha despertado el proyecto es palpable en la ruta, así como lo es también el desconcierto y frustración de muchos otros.
"La dolencia del pueblo es no saber explicar bien al entender de las autoridades", inicia su alocución un campesino cocalero de la localidad de Marintari, parado sobre un montículo de piedras que se utilizará para la construcción de un puente. "El Perú le debe al valle gran respeto. Gracias a la `defensa' (rondas campesinas) estamos tranquilos, vemos estas obras. Pero lo concreto, señores, es que no es necesario que alguien venga y diga "saca tu coca". Estamos dispuestos a sacar de raíz. En este tipo de trabajo lo felicitamos, pero necesitamos otro tipo. Ahora tenemos que poner la faena, poner días sobre días, cuando lo poco que debemos merecer es alimentación para nuestra familia. Los de la `defensa' lo merecen porque se han ganado el prestigio contra la `revolución'.

Alcalde de Santa Rosa, Leoncio Pérez, quiere colonizar Sello de Oro, refugio de "Feliciano". "Hay buen caf[e", dice.

David Bathrick de la ONG Winrock International ensaya una reflexión:
"Estamos intentando forzar la sustitución rápida de una economía rural basada en el mercado de la coca, por una de productos lícitos", dice. "De echar a andar una economía de mercado en un ambiente sumamente precario en términos económicos y de supervivencia".
Bathrick es un veterano con 30 años en estas lides. Trabajó en el Perú en la década de 1970, fue director de agricultor AID en Tailandia en la década de 1980, y está casado con peruana. "El narcotráfico introdujo al mundo rural del Apurímac a la economía de mercado: los narcos trajeron semillas mejoradas, crédito -en maletín, pero crédito al fin- e incluso valor agregado en el empleo. Se trataba de una economía ilícita y artificial, pero ahí estaban los aviones entrando y saliendo. Ahora intentamos convencer a la nueva generación de campesinos -que reclaman desesperadamente por mercado- de participar de una política de desarrollo legal y sustentable", dice Bathrick.

SELLO DE ORO

En el pueblo de Santa Rosa, Antonio Godoy está a cargo de la planta de procesamiento de barbasco y de la construcción de un centro de acopio de cacao. Calza una gorra de los `49ers', zapatillas Nike, un polo sin mangas. Habla de calidad total. De sellos de garantía. De extensión rural y de la necesidad de que los promotores agropecuarios vivan en la zona. Limeño, administrador de empresas de la Universidad de Lima, Godoy vive con su esposa, Carmen, en Santa Rosa. Las cuentas del rosario que lleva colgado al cuello adquieren entonces otro significado.
"Por el manejo poscosecha por el que atraviesa el cacao, lo que debería de ser uno de los mejores productos del mundo, es uno de los peores", explica.

En la comunidad de San Agustín, miembro de comité cafetalero, frente a vivero "solar". Ya hay 24 comités en el valle.

Presente en el acto se encuentra el alcalde de Santa Rosa, Leoncio Pérez. Natural de Huanta, Pérez, 45, llegó al Apurímac en 1974. "Entonces era una gran zona de café. Puro camión Volvo había", recuerda. Cuando Sendero asoló la región, no migra. Integra las rondas. Es juez de paz. "Nos hemos abstenido de comer", dice.
¿Y sigue habiendo presencia de Sendero Luminoso?
El alcalde señala una cumbre a lo lejos, la más altas. "Eso es Sello de Oro. Hacía ahí quiero construir una carretera. Colonizar la zona. Es buena región para el café". Sello de Oro es donde presuntamente se encuentra refugiado "Feliciano". El alcalde sonríe. Tiene tres dientes de oro.