La Captura Bajo Una Nueva Luz




La Captura
Bajo Una Nueva Luz
Testimonios escritos y orales definen la verdad de un hecho que cambió la historia del Perú.

Ya preso, volvió a llamar a la guerra. Pero a partir de entonces comenzó el desbande y la división de sus fieles. Después pediría un Acuerdo de Paz.

Escribe CESAR LEVANO

EL 12 de setiembre de 1992 -día de la captura de Abimael Guzmán- marcó un punto de inflexión en la historia del Perú. Sin que nos diéramos cuenta, ése puede haber sido el principio del fin del siglo XX en el Perú, un siglo manchado acá por la sangre y las dictaduras.
Poco antes de ese día, diarios tan serios como "The New York Times" editarializaban sobre la necesidad de auxiliarnos mediante una fuerza armada continental.
Seis años después, al conjuro de nuevos testimonios escritos y orales, los reflectores de la historia pueden enfocarse sobre el panorama que rodeó la captura de Abimael Guzmán y aquilatar mejor ciertos hechos que han permanecido deliberadamente ocultos o distorsionados, o han sido mostrados de modo incoherente, como cabos sueltos que no se entrelazan.

El general Ketín Vidal reorganizó y reorientó la lucha antisubversiva. Al lado, Maritza Garrido Lecca -durante el seguimiento policial- saliendo de la casa en Surquillo en la que Guzmán cayó. En Lima, rodeado de mujeres, soñaba con la victoria.

PERU: RINCON DE MUERTE

1992 es el año del autogolpe del 5 de abril.
La noche del sábado 8 de mayo de ese mismo año se produce la matanza de presos senderistas de Canto Grande: de 560 recluidos en los pabellones 1A y 4B, faltan al final cerca de un ciento.
1992 es también el año en que se confrontan dos métodos y dos estilos de lucha estatal contra el terrorismo sanguinario de Sendero Luminoso y el no menos cruel del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).
En 1992, dos hechos sintetizan esa disparidad. El 16 de julio de 1992, dos meses antes de la captura de Guzmán, Sendero Luminoso coloca media tonelada de explosivos en el jirón Tarata, Miraflores. Consecuencias: 29 muertos, 100 heridos, cientos de casas y tiendas destrozadas o resquebrajadas.
Dos días después, el 18 de julio de 1992, el grupo paramilitar Colina, obedeciendo una orden superior que algún día será revelada, incursiona en la Universidad Nacional de Eduación "Enrique Guzmán y Valle" (La Cantuta), secuestra a nueve estudiantes y un profesor a los que luego asesina, descuartiza, quema y oculta.
¿Hay alguna relación entre estos dos últimos episodios?
El Fiscal del caso La Cantuta, Dr. Víctor Cubas Villanueva, acaba de publicar un libro en que apuesta por el sí:
"Comentarios periodísticos sostienen que en esos días los integrantes del grupo Colina se encontraban en graves problemas por la administración y disposición de las elevadas sumas de dinero con que contaban para sus actividades encubiertas y que había un fuerte cuestionamiento, precisamente porque el terrorismo estaba en inusitado avance.
Lo curioso del caso es que jamás durante el proceso investigatorio se exhibió prueba alguna de que el profesor y los nueve estudiantes hayan sido militantes de Sendero, menos aún que hayan estado comprometidos en actividades terroristas". (La Cantuta: crónica de la investigación policial, Palestra Editores, p. 19).
Paradoja. El grupo Colina, ejecutor de la matanza de estudiantes y beneficiario de un segundo horror, la amnistía, recibía dinero a raudales. Entretanto, la Dirección Contra el Terrorismo (DINCOTE), la que capturó a Guzmán sin una sola baja de ningún lado, había sido hasta poco antes un tugurio con un solo baño para 600 personas. Sólo tenía unas cuantas máquinas de escribir vetustas marca Remington y Underwood. Los oficiales tenían que hacer cola para usarlas. No poseía computadoras, hasta que en abril de 1992 se capturó al jefe del MRTA Peter Cárdenas Schultz y se le decomisó sofisticado equipo de informática. Tampoco contaba con grupo electrógeno. Cada apagón, de los muchos de ese tiempo sombrío, implicaba un ritual de velas encendidas en cada cuartucho, de frágiles tabiques, en que se había lotizado la Dincote.

LA PROCESION POR DENTRO

El 11 de diciembre del año pasado, el general PNP en retiro Antonio Ketín Vidal Herrera pudo por fin recibir la condecoración que le había conferido el Colegio de Abogados de Lima. Era una ceremonia diferida. Anteriormente, en 1993, los diarios anunciaron que el acto se iba a producir. Pero el general no llegó. Hasta donde se ha podido averiguar, el propio Presidente Fujimori le había prohibido, a última hora, asistir.

1992 fue el año del autogolpe de Fujimori y también de la matanza del Penal Castro Castro (foto al lado) y de la media tonelada de explosivos que Sendero colocó en el jirón Tarata de Miraflores (29 muertos, 100 heridos).

Pues bien, esa noche de diciembre de 1997, el general dijo en el Colegio de Abogados capitalino: "No fue casual que apresáramos a Abimael Guzmán con vida. Había que establecer la diferencia entre ellos y nosotros. Ellos habían optado por la muerte y la violencia sin escrúpulos. Si nosotros hacíamos lo mismo, ¿cuál era la diferencia? El problema era de orden moral".
Según personas de su entorno, Ketín Vidal es sumamente religioso, y en cada momento de prueba acude al consejo y la guía de eminentes sacerdotes y prelados católicos.
Ese puede ser el manantial de ciertas actitudes del general y del curso que imprimió a las investigaciones -y que en 1992, sin que el Presidente Fujimori, ni el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), ni el ex capitán Vladimiro Montesinos, tuvieran nada que ver- asestaron un golpe demoledor a la subversión armada.
Otros datos para el perfil profesional del general Vidal provienen de las etapas de especialización en inteligencia que pasó, en los años '70, en la ex Unión Soviética, y en Inglaterra. Alguna vez, en círculo de paisanos de su lejana provincia del Marañón, confidenció:
-De los rusos aprendí que en los trabajos de importancia había que guardar estricta reserva. De los ingleses obtuve la convicción de que la lucha contrainsurgente es ante todo política y que lo que hay que ganar es la conciencia del pueblo, y, en consecuencia, aislar a los alzados en armas. En Malasia, los ingleses habían derrotado a una caudalosa y agresiva guerrilla procurando respetar los derechos humanos. Distinta había sido la táctica contrainsurgente de Francia en Argelia, que la condujo a la derrota.
El personal de la Dincote sabía, además, por experiencia, que en oportunidades anteriores la injerencia política no había favorecido en nada los operativos. Un caso célebre puede ser el ocurrido con la captura de Osmán Morote, el 11 de junio de 1988, bajo el gobierno de Alan García. Morote estaba en Lima para una reunión clandestina importante. Se le apresó en lugar de efectuar un seguimiento que hubiera podido conducir a la caída de Abimael Guzmán.

Osmán Morote (izq.), en pugna con Abimael cayó por obra de delatora. Al lado, Benedicto Jiménez y Juan Gonzales, jefes antisubversivos.

En ese momento, Morote se enfrentaba a Guzmán en una pugna estratégica. El primero sostenía que era necesario seguir privilegiando el campo, dentro de la concepción maoísta de guerra popular y prolongada del campo a la ciudad. Guzmán había llegado a la conclusión optimista -y absurda- de que era ya el momento de lograr el equilibrio estratégico, y que tanto la urbe como el campo tenían igual importancia. Informe confidencial indica que una senderista, esposa de alguien del entorno de Morote, delató a éste.
Como para dar mayor peso a su teoría, el jefe y fundador de Sendero Luminoso se había instalado en Lima, rodeado sobre todo de mujeres dispuestas a morir por él. En el momento de su caída, lo rodeaban cuatro mujeres. Una de ellas era Elena Iparraguirre, su segunda esposa. Las otras eran Laura Zambrano Padilla, encargada de recaudar narcodólares para la caja central del senderismo; María Pantoja y Maritza Garrido Lecca.

A TODA MAQUINA

Los éxitos de 1992, y en especial, la captura de Abimael Guzmán tiene su origen en las profundas reformas que se introdujeron en el transcurso de ese año en la Dincote. No puede olvidarse que Ketín Vidal asumió la dirección de ese organismo en diciembre de 1991.
Rompiendo una discreción obligada, ahora se puede hacer el inventario de los cambios que permitieron que la "Operación Victoria" del 12 de setiembre de 1992 mereciera su nombre. En primer lugar, ese año se consiguió desalojar a Seguridad del Estado del tercer piso del edificio central de la PNP y trasladarla al actual cuartel del Rímac. Se cambió el 80 por ciento de un personal inadecuado para sus funciones. El GEIN (Grupo Especial de Inteligencia), decisivo en la captura de Guzmán, incrementó el número de sus miembros de doce a noventa.
Lo más importante, la moral de la Dincote experimentó una transformación, una auténtica palingenesia o regeneración.
Cabe recordar que la desmoralización anterior había tenido un episodio culminante: el robo de 23 mil dólares, destinados al pago del personal, de la caja fuerte de la Dincote. Este escándalo determinó la salida del general John Caro, en ese momento director de la unidad.
Los policías que hasta entonces integraban el organismo eran, casi siempre, personal de desecho de otras ramas policiales. Debido a que Sendero asesinaba tantos oficiales de la Policía y de los institutos armados, había renuencia para ingresar en ese servicio. Vidal tuvo el acierto de reclutar oficiales recién egresados de la Escuela Nacional de Policía.

Captura de Peter Cárdenas, del MRTA, en 1992, dio sus primeras computadoras a la Dincote.

Los malos hábitos de la tortura, la siembra de pruebas y hasta el cobro de coimas para liberar a presos, muchas veces inocentes, se acabaron. Cierto es que por primera vez, gracias a un diagnóstico descarnado de Vidal, el gobierno de Fujimori -y en particular el general Juan Briones, ministro del Interior- empezó a preocuparse por la Dincote. Hubo un presupuesto nuevo, que permitió equipamiento, nueva tecnología de inteligencia, útiles de escritorio de último modelo, readecuación y modernización de los espacios. Se asignó al personal un estímulo económico, más o menos equivalente a un sueldo más.
-Del tugurio de Pueblo Joven pasamos a hotel de cinco estrellas, sintetizó en esos días un oficial, que hoy, como casi todo el personal exitoso de 1992, está dedicado a otros menesteres.

FUJIMORI LO SUPO DESPUES

El ingreso en el refugio del "presidente Gonzalo" en Surquillo se produjo a las 8.45 de la noche. De inmediato, el jefe de la acción, mayor Valencia, comunicó la captura al GEIN, donde estaban, a la espera del resultado, el general Vidal y el coronel Benedicto Jiménez, uno de los artífices de la investigación junto con sus colegas Juan Gonzales Sandoval y Marco Enrique Miyashiro.
Ambos se dirigieron velozmente a la casa de Los Sauces, refugio de Guzmán. Una de las primeras órdenes de Vidal fue respetar la vida del prisionero. Luego dijo a éste:
-Soy el general Antonio Ketín Vidal, jefe de la Dincote.
Ambos se extendieron las manos.
Los policías presentes recuerdan lo que entonces dijo el director de su institución:
-Usted tiene que saber que en la vida se gana o se pierde. Esta vez le ha tocado perder. Espero que haga una interpretación dialéctica de esta situación.
El general Vidal invitó a tomar asiento a Abimael Guzmán, quien se quejaba de dolor en las caderas a causa de su viejo mal, la soriasis. Luego respondió:
-Es cierto que me han detenido y que detendrán a muchos más. Pero lo que está aquí (señaló su cabeza) y en el pensamiento del pueblo nadie lo va a eliminar.
A las 9.30 de esa noche, el general Vidal hizo llamar a Palacio para dar la buena nueva. El edecán de turno indicó que el Presidente Fujimori aún no había vuelto de su viaje de descanso a Iquitos.

EPILOGO

Hay quienes nunca podrán perdonar a Antonio Ketín Vidal y su equipo haber obtenido el triunfo decisivo e incruento en esa batalla. No faltaban entre ellos quienes querían un Abimael muerto, sin considerar que entonces se hubiera convertido para muchos en un mártir y un héroe.
Lo cierto es que Ketín Vidal fue sacado de la Dincote en diciembre de 1992, meses después de la captura. El grupo mismo fue desactivado y sus jefes enviados a instituciones que nada tenían que ver con la lucha contra el terrorismo.
A lo mejor los vuelven a llamar ahora que Oscar Ramírez Durand ("Feliciano"), elegido como tercer hombre en el Congreso de Sendero realizado del 18 al 29 de junio de 1989 bajo la hegemonía total de Guzmán, arrecia su campaña violentista. El primer hombre era, desde luego, Guzmán, y el segundo, Elena Iparraguirre.


Restos Mortales
A pesar de sus graves heridas, Sendero Luminoso sigue con su lucha asesina.

"Feliciano" el escurridizo líder terrorista.

Escribe DAVID MONTOYA

" Después de dos ofensivas militares y el golpe neurálgico sufrido el 12 de setiembre de 1992, Sendero ha logrado sobrevivir", dice el analista Carlos Tapia. Seis años después, de la captura del "Presidente Gonzalo", esa sería la conclusión: el más feroz grupo terrorista que ha actuado en estas tierras languidece, pero no ha muerto.

¿DONDE ESTAN?

El Sendero Luminoso de Oscar Ramírez Durand, "Feliciano", se encuentra efectivamente debilitado, aunque ha renovado su militancia en los sitios donde trasunta. Sus principales bases de acción militar y política se encuentran en el valle del río Apurímac y el valle del río Ene, ambos concebidos como un solo espacio geopolítico; y también en el Alto y Medio Huallaga.
Las huestes senderistas -según el Consejo por la Paz- lograron ejecutar 436 atentados en 1996 y 500 el año pasado. Y en el primer semestre de 1998 ya bordean los 200. "Muchos de ellos -dice Francisco Diez Canseco, presidente de dicho organismo- no fueron registrados por la prensa nacional; son informaciones recogidas por nuestros comités".
Si comparamos estas cifras con el promedio anual de actos terroristas entre 1980 y 1992, resulta que el nivel operativo de SL descendió en un 20%. No deja de ser significativo.

Presencia política y militar senderista en el Perú, y en Ayacucho.

Feliciano se moviliza, como puede, por los valles mencionados, mientras procura preservar su influencia en el espacio urbano de Huamanga y, con muchas limitaciones, en los distritos limeños de El Agustino, Ate-Vitarte y San Juan de Lurigancho.

CAMBIO DE PIEL Y DE ESTILO

La lógica del terror, sin embargo, no ha sido enterrada. El asesinato del alcalde de Saposoa (capital de la provincia sanmartinense de Huallaga), Celso Rodríguez, lo demuestra. Y su incursión en la localidad de Sacanche confirma que SL está ocupando zonas tradicionalmente dominadas por el MRTA.
Un síntoma claro de lo que allí viene ocurriendo es la decisión de los mandos militares del Frente Huallaga de obligar a los campesinos a organizarse en rondas. El Ejército necesita tener información sobre los movimientos de líderes terroristas como "Clay", "Artemio" y "Alex".
A su vez, en el Frente Huamanga, el Comando Político Militar acaba de ordenar el traslado de dos batallones de comandos para reforzar el trabajo contrasubversivo. No es para menos. Después de setiembre de 1992, SL logró tomar hasta en tres oportunidades la capital de la provincia de La Mar.
Según Diez Canseco, los militantes senderistas que realizaron esta incursión eran adolescentes que frisaban los 15 años. Ha habido, asimismo, una variación de estilo: hoy, los seguidores de Abimael Guzmán se presentan duros e intransigentes con los militares y la gente del gobierno; y abiertos a la autocrítica con la población. Así ocurre en Lima.

EL NUEVO SENDERO

El mismo SL también tiene su interpretación, por supuesto. "El 80 en el Perú iniciamos la guerra popular -dice una de las últimas ediciones de El Diario, su porfiado órgano panfletario- enarbolando el marxismo-leninismo-maoísmo. Hoy, trece años después, por problemas de dirección proletaria y dentro del repliegue político general de la revolución mundial, la guerra popular objetivamente ha entrado a su fin, querrámoslo o no. ¿Se ha detenido la revolución? No, prosigue y proseguirá en nuevas condiciones".

El Acuerdo de Paz es una insistente propuesta de Abimael Guzmán en su conocido panfleto.

Este es el mensaje que Guzmán envía a la empecinada militancia ligada a Feliciano, al parecer tratando de que acepten el Acuerdo de Paz. Pero, ¿cuál es su juego?
Lo que el, cómodamente encarcelado, presidente Gonzalo estaría tratando de conseguir es que Feliciano y sus hombres depongan las armas. De ese modo, intentaría negociar con el gobierno mejores condiciones carcelarias y finalmente crear el escenario propicio para el soñado II Congreso Partidario. Así se protegería él mismo y protegería a SL de una debacle definitiva. Por eso, el acuerdo de paz se ha convertido en la nueva fe de los terroristas presos, que esperan tiempos mejores. Feliciano y sus huestes tienen el mismo objetivo, aunque con su cuota de ferocidad que deja muertos y heridos en este indeseable sendero.