Danza Fúnebre




Danza Fúnebre
Maritza Garrido Lecca y una poco conocida aparición en el cortometraje "Estigma". A seis años de su captura el recuerdo de la carrera que sepultó.

Nelly Malásquez, Miriam Lértora, Maritza Garrido Lecca, Carolina Teiller, Aurora Colina, y Carlota Ureta Zamorano en premonitorio velorio, escena del corto dirigido por la cineasta Martha Luna.

Foto JORGE DEUSTUA

ERA 1986 y ella era (todavía) conocida únicamente por sus grandes dotes de bailarina. Fue en este año que Maritza tuvo una breve incursión en la pantalla grande. Fue en el corto de 13 minutos en 35 mm. de la cineasta Martha Luna llamado "Estigma" y filmado en los ambientes de la Quinta Presa. Este proyecto experimental, acreedor al segundo lugar del Festival Nacional de Cortometrajes y Premio al Mejor Montaje, es una versión libre de "La Casa de Bernarda Alba". Presenta una danza interpretada por Pachi Valle Riestra, alternando escenas del baile con fotos fijas en sepia, escenas de la misma obra, tomadas por el reconocido fotógrafo Jorge Deustua. Allí aparece Maritza Garrido Lecca Risco interpretando a Magdalena, una de las hijas de Bernarda, la viuda represora. Magdalena es una mujer de 29 años algo contestataria que dentro de su personaje secundario encuentra la oportunidad para quejarse de las imposiciones de Bernarda.

Asomándose, Lértora, Colina, Malásquez, Maritza, Teiller, Ureta. Maritza se presentó en distintos montajes sólo hasta 1990, año en el que su vinculación terrorista la absorbió casi por completo.

Coincidentemente, luego se entendería por qué, Maritza siempre buscaba los papeles que de alguna manera expresaban desacuerdos o inconformismos. "Hexagrama", obra en la que participó y que dio a conocer como su predilecta, manifestaba en la danza los sentimientos generados por la violencia externa, por la represión y la inestabilidad económica. Grande fue su decepción cuando invitó a unos "amigos suyos" quienes salieron de la obra diciendo que "eso" no expresaba violencia. La bailarina intentaba darle un contenido político a la danza pero sus ideas no eran del todo compartidas con sus compañeras.
Su vida familiar fue siempre muy tranquila. De familia religiosa, Maritza se dedicó desde pequeña a la danza.Se inició en la danza clásica con el Ballet de Miraflores y el Ballet Nacional. Ya en su adultez se vincularía a la danza contemporánea en Danza Lima. Se sentía muy atraída por su contenido, por la explicación teórica que cada movimiento le demandaba. Siempre cuestionaba los montajes y dejaba claro que quería expresar sentimientos fuertes y dramáticos. Con su mirada dulce y sus ideas de izquierda, que ponía sobre el tapete cada que se tocaba el tema, nunca despertó sospechas entre sus compañeros. Ni siquiera en Maureen Llewellyn Jones, prima suya y compañera de danza, quien la conoce desde pequeña y podría decir que siempre fue cariñosa y estudiosa, una chica como cualquier otra.
Maritza, la engreída de la familia por ser única mujer, se entregó a la danza por completo. Participaba en los ensayos y apareció en algunos montajes. Uno de ellos fue "Siete solos para seis bailarinas" en donde pudo demostrar su capacidad expresiva. Tenía el cuerpo ideal para ser bailarina y todas las ganas para expresar los inconformismos que su apariencia serena y equilibrada ni siquiera traslucía. Algunos allegados confirman que su arte no fue lo suficientemente pasional como para desahogar sus ideas. Callada y tranquila se iba adentrando secretamente en un oscuro sendero.

Izquierda: la caída de la bailarina hace 6 años, setiembre de 1992. Derecha: Carlota Ureta, Maritza Garrido Lecca, Carolina Teiller, Miriam Lértora y Nelly Malásquez cuando su prioridad era la danza. Ella tejía otros planes en secreto, los que acabarían transformando su vida en una pesadilla llamada cadena perpetua.

Con el tiempo empezaría a descuidar sus ensayos pero no su interés por la danza. No le gustaba presentarse en los estrenos pero luego se incorporaba aludiendo cualquier excusa siempre muy bien justificada. Fue en el '87 cuando el grupo de danza recibió una invitación para presentar en Barcelona una interpretación de "El Río", poema de Javier Heraud. Maritza se negó a ir pero en cambio se fue a Cuba a un seminario de educación, carrera que había estudiado. Su interés obviamente no era sólo en el seminario.
Esta sería la primera de una serie de ausencias que fueron en aumento. La bailarina con excelente capacidad técnica e interpretativa según los entendidos, empezó su paulatino distanciamiento. El primer símbolo externo de cambio que las personas cercanas a ella reconocieron fue el de su vestimenta. Dejó los pantalones anchos y el pelo suelto por faldas a la rodilla y un discreto moño. "Trabajo en una agencia de traducciones", decía. Nadie imaginaba la verdad.
Maritza empezó a faltar a los ensayos. Sin embargo, sus compañeras sentían que a pesar del distanciamiento quería seguir ligada a la danza. Inventaba excusas que sonaban reales, relacionadas con su supuesto trabajo En vísperas de su captura, además de dictar clases en la casa de la calle Uno, invitaba a sus compañeras de baile a ensayar para futuros montajes en los que ya nunca aparecería.
A veces demoraba en abrir la puerta, como dándole tiempo a alguien de esconderse. "Es que estoy sola y no encuentro la llave". Fingía con talento y utilizaba de coartada a sus compañeras para despistar a quienes ya la tenían en la mira. Algunas sospechas surgían. Como, por ejemplo, qué hacía una mujer tan bella e inteligente casada con un hombre tan escaso y seco como Carlos Andrés Incháustegui. Pero de su actividad terrorista, nada. Ya no manifestaba sus ideas políticas con tanta frecuencia y permanecía en su casa (nada menos que la guarida de Abimael Guzmán) pero sin perder el contacto con la danza. De la captura sus compañeras se enteraron cuando apareció el flash en televisión y las citaron a declarar. Nunca más hablaron con ella.
Hoy, a sus 33 años y reclusa en Yanamayo, Maritza pasa los días en su helada estancia perpetua haciendo artesanías en miniatura que ocasionalmente envía. También sigue bailando, pero a solas y en silencio. (V. T. R. M.)