Palmas Democráticas




Palmas Democráticas
Cónclave de defensores del pueblo resulta un tonificante desafío.

120 personalidades de España, Portugal y América no vinieron a evaluar al Perú. Pero en sus mensajes tradujeron lo que el país reclama: libertad y democracia..

NO deja de ser una ironía que el domingo 6 de setiembre se congregaran en Lima 18 Defensores del Pueblo de Iberoamérica y 120 delegados, cuando aún no se acallaban los ecos del despropósito de la mayoría parlamentaria de impedir la realización del referéndum y, más aún, dieran rienda suelta a su furor vindicador, suspendiendo a Javier Diez Canseco por 120 días y se dispusieran a ordenar una investigación en contra de Foro Democrático, el movimiento inspirador de las firmas y de la reafirmación democrática del país.
El Presidente viajero, objeto y actor de estas jornadas que conmueven la vida interna del país, aunque fuere a distancia, tampoco ha estado ajeno al debate, o no pudo escapar a él por la insistencia de los periodistas, sea en Panamá o en Bucarest.

Alberto Fujimori: de Panamá a Bucarest las mismas incómodas preguntas.

Al inaugurarse el III Congreso de la Federación Iberoamericana de Ombusdman, el Defensor del Pueblo de España y presidente de la FIO, Fernando Alvarez de Miranda, dio un discurso inaugural que no dejaba margen de duda acerca de lo que hoy se piensa en materia de democracia,de derechos humanos, de respeto a las instituciones civilizadas y modernas que le dan cuerpo y sentido a una vocación democrática.
En algunos momentos, según lo han confesado muchos de los cientos de asistentes, provocaba interrumpirlo mediante sonoros aplausos porque su discurso principista parecía una proclama opositora en un clima político tan enrarecido como el peruano. "Ninguna razón de Estado puede justificar la violación de los derechos humanos" sostenía con énfasis, mientras era notorio el rostro incomodado del ministro de Justicia, Alfredo Quispe, y del draconiano vicepresidente del Congreso Ricardo Marcenaro que fingía diabólico desdén.
En esta cita habría que haberse movido como quien cruza campo minado, si se hubiera tratado del Congreso peruano, tal es la situación dogmática de un régimen que, como lo ha dicho, el ex primer ministro Javier Valle Riestra (que por lo demás hubiera sido un dignísimo representante oficial en el evento) prefiere la planilla a la historia.
La realización del evento ha sido posible por el pulso del propio Defensor del Pueblo local, Jorge Santistevan de Noriega, y por la cooperación externa (Unesco, Fio, PNUD, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, la Comision Andina de Juristas, la Agencia Española de Cooperación Internacional).Sólo Promperú y la Cancillería han cooperado a nombre del gobierno. Ciertamente la Alcaldía de Lima también estuvo presente. La tibieza oficial es explicable: allí donde la libertad y la democracia se enarbolan como elementos fundamentales de la sociedad contemporánea, el oficialismo teme sufrir reproches, azoros, temblores.
La visita del Defensor del Pueblo de España no es casual y adquiere mayor importancia ante la inminente llegada del Presidente del Gobierno español, José María Aznar, (ver entrevista). Y es que en esta oportunidad, el régimen tiene que hacer malabares para demostrar sus pergaminos democráticos, tras expresiones rotundas como las del editorial del "New York Times", las del embajador norteamericano Dennis Jett, la severa advertencia del Banco Mundial sobre la restitución de facultades al Consejo Nacional de la Magistratura y, por cierto, las manifestaciones de la ciudadanía peruana.
No puede dejar de sorprender que un refrescante clima de debate de ideas principistas, en las que se fija la atención en los derechos de los ciudadanos, en los que se destacan los llamados derechos de tercera generación (los económicos y sociales), en los que aceptando las bases del libre mercado se suscita la necesidad de la vigilancia a favor del consumidor de servicios o en los que, finalmente, se auspicia la plena autonomía del sistema judicial y la seguridad jurídica como base del desarrollo, la inversión y la economía, resulte en el Perú una audacia y provoque en los oficialistas el ceño del reproche o el rictus del temor.
El panorama político ha terminado por írsele cerrando al gobierno.Su candidato a la municipalidad de Lima, Juan Carlos Hurtado, se ha quejado de que la prensa se fija en lo accesorio y no informa sobre sus planes de gobierno edilicio para la Gran Lima. Lo que ocurre es que él mismo manda señales cruzadas, fruto en una buena medida de la poca confianza que inspira en el auditorio y en la remota convicción que tiene cuando tiene que hablar del fujimorismo y sus secuelas.

Embajador Dennis Jett: vuelve a la carga. Ministro Alfredo Quispe: busca citas para explicar "democracia" peruana.

En el otro extremo del espectro está la exposición del plan de gobierno del Primer Ministro Alberto Pandolfi, que antes de terminar su cansina exposición ya había perdido virtualmente vigencia y, por lo mismo, no ha merecido resonancia alguna, no obstante que el debate económico está en el centro del interés público.
Se dirá que es poco lo que puede añadirse en un escenario donde la voz tonante es la del Presidente Alberto Fujimori. Si ésta se ausenta -y entre idas y vueltas puede sumar un mes de lejanía- el resto es silencio.
Pero en realidad el propio Fujimori está ahora a la defensiva. En la conferencia de prensa en Panamá, tras la cita con Jamil Mahuad, su homólogo ecuatoriano, estuvo nervioso y hasta contrariado. La idea de que la reelección reafirma la democracia fue una salida terca ante el acoso de una prensa que lo mira como un autoritario inexcusable en un hemisferio que insiste en lucir credenciales democráticas.
Aun en el caso que el país continuara en una especie de lasitud cívica -que no es el caso si se analizan las encuestas donde las actitudes autoritarias son reprobadas- aún así la actual coyuntura debería preocupar al régimen porque además de la corrosión política manifiesta los problemas económicos de éste y el próximo año son de tal dimensión que deberían inclinarlo a no dañar ya más la maltrecha imagen externa del Perú.
Aunque suene impertinente, el viaje a Rumania de Alberto Fujimori ha llevado a muchos a bromear: como si no le bastara con lo que ha practicado en materia de autoritarismo ahora quiere aprender de Drácula.Hasta los chistes han empezado, como ocurrió con Leguía, Odría y Velasco, a ser las armas de la resistencia cívica.