
Desempolvando Pachacamac
El profesor Izumi Shimada y la doctora María Rostworowsky iniciarán próximamente en Pachacamac un estudio arqueológico e histórico que durará, más o menos, 15 años.
A pesar de estar tan cerca del centro de la ciudad, pocos limeños conocen el perímetro donde se asentó el centro ceremonial más famoso del antiguo Perú. Pachacamac fue una de las grandes metrópolis del Imperio de los Incas, tanto o más importante que el Cusco, a decir de algunos estudiosos. Desgraciadamente el tiempo y la incuria, amén de las invasiones, la deterioraron bastante. Pero algunas de sus viejas arquitecturas, como la del Acyachuasi -Casa de las mujeres escogidas- restaurada en la época que Julio C. Tello trabajó allí, concitan la admiración de propios y extraños. Pachacamac fue la "mezquita", donde convergían, con sus ofrendas, peregrinos de la costa del Perú, e incluso de Chile y Ecuador. Pachacamac aún guarda secretos, que aún no es tarde para desentrañarlos a base de estudio e investigaciones, que es justamente lo que se han propuesto Izumi Shimada, profesor de origen japonés, y María Rostworowsky, con el apoyo del Instituto Nacional de Cultura y el Instituto de Estudios Peruanos. Allí piensan hacer un estudio de más o menos 15 años. Mientras tanto recordemos lo que fue la Cultura de Pachacamac, tan llena de misterios y sorpresas.
A la izquierda, el oráculo de Pachacamac. Mide aproximadamente 2 metros 30 cm. de alto. En su parte media se representan diversas escenas.
CUANDO los españoles tomaron prisionero a Atahualpa, entre las cargas de oro, que sirvieron para su rescate, estaban las de la "mezquita" de Pachacamac; lo que incitó a los conquistadores, ávidos de tesoros, a visitarla prontamente.
Vista aérea de Pachacamac, tomada en el año 1960. En la parte izquierda puede apreciarse ya la presencia de algunos asentamientos humanos. Abajo, estudiantes visitando la zona.
Los primeros en llegar a su territorio fueron Hernando Pizarro, el hermano del Conquistador, y el cronista Miguel Estete. Pachacamac no era entonces sólo una ciudad y un templo, sino el principal centro religioso de la Costa, incluso de Chile y Ecuador. Tuvo su apogeo político y religioso hacia el siglo X d. C. Sus pobladores fueron dominados por los incas en el siglo XV, que procedieron a erigir con las mismas, al lado del viejo santuario de Pachacamac, el Templo del Sol.
"Al pie del templo se encontraba la ciudad, o sea las viviendas y aposentos de la población civil". Los españoles observaron que muchos edificios estaban construidos "como los de España: hay casas con terrazas -dicen los cronistas de la época. Muchos años más tarde, Cieza de León, decía de Pachacamac: "estaba edificada sobre un pequeño cerro hecho a mano todo de adobes y tierra, y en lo alto puesto el edificio comenzando desde lo bajo, y tenía muchas puertas pintadas ellas y las paredes con figuras de animales fieros. Dentro del templo, donde ponían al ídolo estaban los sacerdotes; y es fama que había junto al templo hechos muchos y grandes aposentos para los que venían en romería".
El Acyahuasi, casa de las mujeres escogidas, restaurada en 1945.
El nombre de Pachacamac ha sufrido diversas alteraciones con el paso de los siglos. Miguel Estete, uno de los primeros en visitarla, la llama Pachalcami; Cieza de León, Pachacamac; otros autores, Pachiacamac, Pachamamá o Pachomamá, y Garcilaso, Pachacamac, nombre que ha prevalecido hasta nuestros días.
Al llegar a la antigua ciudadela, a cuya entrada está el Museo de Sitio -que inaugurara Belaunde en 1965- enfilamos hacia la Plaza de los Peregrinos, al encuentro del arqueólogo Jesús Ramos, director del área de conservación de Pachacamac, que se hallaba trabajando en el Ishnu, trono del Inca, uno de los lugares en el que trabajó Julio C. Tello. "Gracias a un informe del profesor Arturo Jiménez Borja, sabemos que Tello hizo un trabajo en el Ishnu -dice el arqueólogo. Lamentablemente no hay un informe de él publicado. El hizo un trabajo de limpieza y como fruto de eso tenemos un elemento que se llama la pila, que está hecho de cantería inca con la técnica del almohadillado. Parece que al profesor Tello le traían el almuerzo aquí. Al fondo hemos encontrado periódicos del 41 donde aparece su nombre. Tello estuvo inmerso en los últimos años de su vida en el estudio e investigación de Pachacamac tratando de desenterrar, hasta que le fue posible, los secretos de esta metrópoli del pasado.
El arte textil acusa una mezcla de varios estilos.
El arqueólogo Ramos trabaja allí desde hace ocho años. Primero fue subdirector, y a partir de 1996, director. Está tan concentrado en su trabajo que, muchas veces, se queda a dormir en la ciudadela.
Frente a la unidad de Ishnu está el viejo Santuario de Pachacamac, lamentablemente tan deteriorado, que hoy sólo se puede apreciar desde lejos, pues abrirlo al visitante causaría aún más destrozos. En el santuario estaba el famoso oráculo o ídolo, que los españoles creían que era de oro y se llevaron el gran chasco de su vida cuando vieron que sólo era de madera. El oro estaba en las poblaciones vecinas.
En tanto el Templo del Sol, que mandó a erigir Pachacútec luego de conquistar Pachacamac, se encuentra en la parte más alta de la ciudadela. Un estrecho pasaje con grandes paredes de piedra, lo lleva al visitante hasta la terraza. Bajando se llega a un lugar que está frente al mar, donde una legión de escolares escuchan ensimismados, su historia y leyendas. Los estudiantes pagan un sol para ingresar, mientras los turistas cinco soles. Esta parte, que pertenece al Templo del Sol, conserva sus hornacinas que, a primera vista, parecen asientos, pero, según algunos arqueólogos, era para poner los ídolos de sus dioses y, luego, celebrar un ritual.
Izumi Shimada. y María Rostowroswsky.
Pero la parte más sugerente o vistosa, la constituye el Acyahuasi, que se restauró en el tiempo que Tello trabajó en la ciudadela, o sea en la década del '40. Corredores de adobe y tierra, un patio enorme, una construcción de dos pisos, rodeada de cuatro puquiales, dan una idea de lo que habría sido en su época el llamado Ayachuasi que, en quechua, quiere decir casa de las mujeres escogidas. Allí vivían, por ejemplo, hijas de curacas, ejercitándose en labores de artesanía, de tejido, preparación de chicha, etc. En ella estaba terminantemente prohibido el ingreso de hombres. En el edifico había una especie de ventanas, que los arqueólogos llaman "ventanas ciegas". Son 28, justamente las que rige el calendario lunar inca, que tiene 28 días.
El ámbito de Pachacamac es bastante grande. Tiene aproximadamente 200 hectáreas. Pero en las últimas décadas ha sufrido invasiones, que han comprometido parte del cementerio. "Ahora estamos en juicio -declara Ramos. La gente no entiende. Ellos dicen que necesitan vivir y, por lo visto, no les interesa el resto".
Pachacamac desde otro ángulo. Derecha, el doctor Tello, quien pasó sus últimos años desentrañando los enigmas de Pachacamac.
Finalmente, está el Museo de Sitio, donde se conservan el oráculo, cerámicas, telas con primorosos dibujos, máscaras, etc., testimonios que hablan de un pasado magnificiente, que las nuevas generaciones deben aprender a conocer y amar, porque es parte de un patrimonio invalorable, acaso único en la subregión.
Por suerte hay interés en estudiar y hacer investigación arqueológica y también histórica de lo que fue la cultura de Pachacamac. El profesor Izumi Shimada, de origen japonés, que hace unos años enseñó en Estados Unidos y actualmente hace trabajos de investigación en Sicán, tiene entre ceja y ceja, una vez concluida su tarea en el norte, pasar a Pachacamac y hacer un estudio de más o menos 15 años, conjuntamente con la doctora María Rostworowsky, con el apoyo del Instituto Nacional de Cultura. Y en ese objetivo se están haciendo gestiones para su financiamiento ante empresas públicas y también de cooperación internacional. Tarea que canaliza el Instituto de Estudios Peruanos (IEP).