
Macrosilencio
Ministro Baca entrando a reunión con los líderes de Confiep. Adentro no pasó nada espectacular y él se mostró particularmente mudo.
Primer ministro Alberto Pandolfi: su segundo debut no fue auspicioso.
LA economía peruana, pese al discurso gubernamental, no está exenta de problemas. El órgano más afectado por la enfermedad asiática ha resultado la Bolsa de Valores (ver nota). La optimista afirmación del ministro de Economía, Jorge Baca Campodónico, en Washington ("el Perú no es Rusia") puede ser un buen eslogan, pero habría que recordarle, que ni el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, duerme tan tranquilo.
Incluso, el flemático francés Michel Camdessus, director gerente del FMI, es en estos días un manojo de nervios al ver cómo se extiende la crisis internacional. Si bien su reunión del jueves 3 en Washington con los ministros de Economía de América Latina no tuvo frutos visibles. Su mensaje, más que a la comunidad internacional ("Latinoamérica no es Asia") estaba destinado a dos públicos específicos: al congreso de EE.UU. para que apruebe el aumento de cuota al FMI y a la banca norteamericana sumamente deprimida, luego de la rebaja en la calificación del Moody's (reclasificó a la baja los bonos de la deuda de Brasil y Venezuela y adelantó que tiene en el mismo camino las de México y 11 bancos argentinos).
El cielo latinoamericano sigue cargado de nubarrones. Ecuador comienza a sentir los síntomas: la devaluación es allí inminente. Colombia ha devaluado 9 %, Chile 11 % y la devaluación en Brasil (acaba de aumentar la tasa de interés de 19 % a 25 %) está en la sala de espera para desencadenarse en octubre, cuando Henrique Cardoso alcance la reelección. La situación esta tan movida, que Menem ha tenido que entonar un canto del cisne: "Nunca devaluaré".
La reelección en el Brasil está costando mucho. El país ha perdido US$ 10,000 millones de reservas en la última semana de agosto. El ministro Pedro Málan ha anunciado un nuevo paquete fiscal.
La reelección en el Perú también tiene sus bemoles. El MEF y el BCR realizan denodados esfuerzos para que la bandera de la estabilización no se le caiga de las manos. Para que el tipo de cambio no se le dispare, el BCR no sólo ha secado la emisión suspendiendo los créditos a los bancos (llevando la tasa interbancaria a 44 %, la más alta del año), sino que sigue subastando certificados en soles y acaba de rebajar 1.5 % la tasa de encaje promedio en moneda extranjera (con lo que alimenta al sistema bancario con US$ 137 millones).
El MEF no se queda atrás. El gasto público no se siente. La recaudación Enero-Agosto ha caído en casi 3 % en términos reales. Pese a ello, por algún oscuro motivo o ilusamente para que el pan baje de precio, el MEF acaba de suprimir la sobretasa al trigo importado, con lo que los molineros, léase Alicorp, Lucchetti y otros, dejarán de pagar alrededor de US$ 70 millones al año.
EL DEBUT DEL TRIO
"LOS PARCOS"
El empresariado viene reclamando una participación más activa en la elaboración de medidas para enfrentar los vaivenes internacionales. No sólo salvaguardas, y la prohibición de importar ropa usada, sino también un plan de aumento de la competitividad que pase por la reducción de sobrecostos.
Finalmente, el lunes 7, el gobierno quiso dar una muestra de permeabilidad. Sin embargo, a decir de Carlos Bruce, presidente de ADEX, "los empresarios salieron decepcionados" de su largamente esperado encuentro. Antes de la reunión, la CONFIEP y la flamante Coordinadora Nacional de la Producción y el Comercio afinaron documentos para enfrentar la crisis externa que día a día toca el timbre de la economía peruana, pero al final el encuentro resultó protocolar.
La expectativa era grande para escuchar a Alberto Pandolfi (primer ministro), Jorge Baca (ministro de Economía) y Gustavo Caillaux (ministro de Industria).
En las dos horas que duró la reunión en la Presidencia del Consejo de Ministros, Manuel Sotomayor, presidente de la CONFIEP, y Eduardo Bruce abundaron en planteamientos. En primer lugar pidieron que el diálogo se institucionalice.
Sotomayor, un tanto debilitado por la creación de la Coordinadora, puso especial enfásis en las cuentas de la reconstrucción (Pandolfi hasta ahora sólo ha mencionado un avance en el gasto de 12 % de la bolsa de S/. 1,800 millones prometidos). Con inusuales arrestos señaló que había pasado la etapa de las metas optimistas.
Bruce, en cambio, blandió un hacha contra los sobrecostos. Recordó que sigue latente el Impuesto a los Activos, que no se ha cumplido con el cronograma de reducción del nuevo Fonavi, la reducción en la tasa del IPSS, etc.
Pandolfi fue el único de los ministros que hizo uso de sus cuerdas vocales. Pero, no entonó ninguna melodía celestial, sino que se limitó a anunciar una nueva presentación del trío dentro de 30 días. Si bien el silencio de Baca podría explicarse por su metida de pata en Washington, cuando señaló que Venezuela estaba así a causa de sus candidatos presidenciales Hugo Chávez e Irene Sáez, el laconismo de Pandolfi y Caillaux no es una virtud en las actuales circunstancias.
La "cumbre" empresarial y tres ministros en todo su esplendor. Los encuentros se repetirán.
Quizá por ello los dirigentes empresariales no ocultaron su desazón. Caillaux, al ver los rostros desencajados, susurró unas frases a Pandolfi, quién inmediatamente bajó el plazo de la nueva cita a la mitad (15 días) y anunció que cada mes habría una nueva reunión.
Hasta la fecha el gobierno se resiste a crear un comando de acción contra la crisis.
PANDOLFI I vs PANDOLFI II
Hasta la presentación del gabinete Pandolfi el viernes 4 fue desilusionante. Tanto como lo fue, por sus resultados, el plan de gobierno de Pandolfi I (vigente entre abril de 1996 y julio de 1998, 26 meses). Pruebas al canto. Hace dos años y meses el ingeniero Pandolfi nos habló de un modelo que cual veloz coche de Ben Hur iba a ser tirado por cuatro corceles: el turismo, la minería, la explotación de hidrocarburos y la agroindustria.
En la minería, los resultados de la etapa Pandolfi I no han sido alentadores. El taciturno ministro, ni siquiera cuando ocupó la cartera de Energía y Minas logró sacar adelante los grandes megaproyectos.
Quedaron postergados La Granja en Cajamarca (US$ 2,300 millones de inversión), Quellaveco en Moquegua (US$750 millones), y no consiguió que la canadiense Barrick Gold se entusiasmara por el proyecto aurífero de Quicay en Cerro de Pasco. Lo único que ha quedado en pie, con una trama de suspenso que envidiaría Agatha Christie, es Antamina con sus US$ 2,500 millones de inversión. Unos dicen que se anuncia el miércoles 16, otros en cambio hablan de una breve prórroga.
En Hidrocarburos tampoco hay mucho que hablar. Si bién con Pandolfi I se firmaron 25 contratos de exploración y explotación (10 contratos en el 96, 3 en el 97 y 12 en lo que va del 98), hasta la fecha sólo se ha encontrado petróleo en el pozo Dorissa de OXI. Por otro lado, la negativa del consorcio Shell-Mobil para continuar con Camisea habla por sí sola. Ahora todas las expectativas se encuentran cifradas en lo que pueda lograr el nuevo Zar de Camisea, el exministro Jorge Camet.
El cuarto corcel de Pandolfi, la agroindustria también se quedó en el partidor. No salió ni el ansiado Reglamento de Tierras ni la Ley de Aguas, ni hubo mayor avance en la privatización azucarera. Tampoco se logró que los beneficios de la ley de Promoción Agraria se extendieran a la agroindustria, tanto que el propio ministro de Industria Caillaux sin inmutarse dijo que "no conocía la agroindustria". Quiza por ello, Pandolfi II está ofreciendo ahora el oro y el moro. No sólo ha prometido que la exportación de este sector pasará de US$ 340 millones (1997) a US$1,000 millones en el año 2,000., sino que también ha anunciado un novísimo Fondo de Inversión Agraria.
En suma, la ansiada reunión fue, si no un diálogo de sordos, un diálogo con mudos (los de la parte oficial).
Cruje La Economía
Entre el crash de 1929 y el pluf de 1998 hay similitudes
y diferencias. En algunas cosas la historia se repite.
ANTE el avance de la crisis
internacional renace el fantasma de la gran depresión mundial de 1929,
que afectó inicialmente a los países desarrollados y amplió sus tentáculos al
resto del planeta. Por suerte éstas guardan más diferencias que similitudes,
aunque siempre hay cosas que se repiten.
"Nuestro sistema monetario mantiene una solidez inalterable, todos
estamos de acuerdo en mantener el respaldo de nuestra moneda y la crisis
de cambio en tales circunstancias tiene que ser forzosamente transitoria",
decía la Cámara de Comercio de Lima en su reporte anual de 1930. Sin
embargo, la crisis se prolongó más allá de lo esperado.
En la historia económica mundial las crisis han tenido un promedio de
duración de 7 años. La del 29 se extendió hasta 1935 y la de 1973 hasta
1980.
Jorge Chávez, economista y presidente ejecutivo del Grupo Maximice
dice que la principal diferencia entre la crisis actual y la de 1929 está en su
punto de partida. Mientras la primera se originó en el centro de la
economía mundial (Estados Unidos), y afectó primero a las economías
desarrolladas, la actual se inició en el Asia en medio de la fortaleza de la
economía norteamericana y la de Europa.
Ahora Asia cae y el resto del planeta adopta medidas para enfrentar
el problema referidas a la situación fiscal y monetaria de cada país.
Afortunadamente estas medidas no significan un aumento del
proteccionismo, que en 1929 causó la parálisis del planeta, destaca
Chávez.
En 1929 no había una salida, se hicieron varios intentos pero la gran
depresión agotó sus efectos con los años, agrega. En parte, el inicio de la
segunda guerra mundial y con ello el incremento del gasto público, bajo un
esquema keynesiano, generó una puerta de escape a los problemas que
siguieron al jueves negro (29 de octubre de 1929).
Las medidas se concentraron en la defensa del tipo de cambio a través de
política monetaria y fiscal contractivas. Las presiones de la depresión
condujeron al control de cambios, proteccionismo y moratoria de la deuda a
nivel generalizado. En otras palabras, nadie pagaba y nadie compraba.
Esto generó una caída en la producción mundial, y por lo tanto la
escasez de muchos productos que provenientes de los países desarrollados
llegaban a nuestros países. No era raro ver en aquellos años a las damas
limeñas con el dibujo en sus piernas de las costuras de las medias que no
podían lucir, y autos paralizados por falta de repuestos y llantas.
El PBI de países desarrollados cayó 16% entre 1929 y 1933, mientras
que en el mismo período el producto de América Latina se redujo en
13.3%.
Por fortuna, a diferencia del 29, hasta el momento la crisis asiática no
ha sido muy severa con la producción. Esta ha disminuido en su ritmo de
crecimiento pero no se ha retrocedido en promedio. En 1996 el PBI mundial
creció 3%, en 1997 3.2% y para este año se espera un crecimiento entre
2.5% y 3%. En este escenario las principales economías crecerían este año
2.3%, frente al 2.5% registrado el año pasado.
EFECTOS EN EL PERÚ
El Crash de 1929 también se extendió por contagio a nuestras latitudes. Si bien la crisis se produjo en los países desarrollados, las empresas subsidiarias con matrices en Estados Unidos y Europa en América Latina empezaron a quebrar. Se cerraron los flujos de capitales externos basados entonces principalmente en forma de préstamos. Descendieron exportaciones y se generó un déficit en el presupuesto. Aumento de la deuda, se redujo el precio internacional del oro y la moneda se depreció. Hubo una brusca caída del empleo, aumento del costo de vida y se produjo la quiebra de bancos, entre ellos el más importante en esos años: el Banco del Perú y Londres. Todo esto condujo a la desorganización del leguiismo, y finalmente el golpe de Sánchez Cerro. La debacle económica terminó con el oncenio de Leguía.