
En Nombre Del Valor
La otra batalla de nuestros militares por minas ecuatorianas.
El soldado
E.P. Rogelio Mendoza, llegando mutilado de
la frontera con el Ecuador
al grupo aéreo No 8. Le espera la rehabilitación y las terapias en el Hospital Militar.
MARTES 8 de setiembre, 7 de la noche. Mientras el soldado Rogelio Mendoza Hernández entraba a la Sala de Shock Trauma del Hospital Militar, con el brazo izquierdo herido por esquirlas y el pie derecho perdido por el estallido de una mina, en un conocido hotel miraflorino los militares miembros del Consejo Consultivo de la MOMEP celebraban con una cena formal el inicio de sus conversaciones en Lima.
Sentados a la misma mesa estaban el general Plinio Abreu, coordinador general de la MOMEP, el general José Calle Calle oficial de enlace ecuatoriano, y el general Raúl O'Connor, nuestro oficial de enlace peruano. O'Connor tenía ya el encargo de formular, con claridad y firmeza, la denuncia ante la MOMEP y pedir, una vez más, que el Ecuador, termine por entregar el plano de las minas. Por su parte, en el país del norte el general (r) Paco Moncayo instaba a los negociadores de su país a no entregar la cartografía con la ubicación de los explosivos, hasta que no se llegue a un acuerdo definitivo en el proceso de paz.
Lamentablemente, muchos tenían la sensación de que Rogelio Mendoza, el más reciente miembro del Ejército Peruano herido por las minas en la frontera en lo que va de este año, no será el último.
Capitán E.P. Juan Lavado, el rostro del valor.
MONTE MINADO
"Teníamos que ocupar esa altura de la Cordillera del Cóndor, la cota 1926, defenderla, ocupar ese puesto que había sido infiltrado por los monos, justo en los días en que estaban bien las negociaciones".
El sargento segundo EP Fabio Medina Carhuajullca recuerda claramente lo ocurrido el pasado 14 de agosto a las ocho de la mañana. Cómo no: ese día perdió su pierna derecha.
"Antes ya habíamos estado en la zona, y habíamos hecho un tambito para alojarnos. Y los monos se habían venido hasta allí, calladito nomás. Cuando llegamos, estaban a cien metros. Nosotros teníamos la orden de desalojarlos. Los hicimos correr a balazos. Retrocedieron como 400 metros. Pero habían colocado minas alrededor del tambito. Yo pisé una, y estallé. Sentí como un balazo. Cuando miré mi pierna, todo era rojo".
Ese mismo día, sólo una hora y media después, el soldado Miguel Grández Gormas, quien también participaba en otro operativo de desalojo de las tropas ecuatorianas, pisó una mina cuando su patrulla regresaba a su base. Perdió su pierna izquierda.
Fabio tiene 20 años, Miguel, 25. Han perdido sus piernas, pero volverán a caminar, gracias a la rehabilitación a la que vienen siendo sometidos en el Hospital Militar.
SANGRE DE HEROES
Que los milagros existen, lo prueba el hombre que sonríe en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar. El capitán E.P. Juan José Lavado Auris perdió su pierna derecha, tiene una mano cosida a la cadera, la otra pierna está soldada, y su rostro muestra las huellas de una operación en el maxilar. Le han fijado una placa de titanio en la boca. Pero cuando el fotógrafo de CARETAS decide retratarlo, esa boca logra esbozar una sonrisa, con la que llega a minimizar nuestros pequeños dramas cotidianos.
La mina que pisó el 12 de agosto en la frontera puso a prueba la experiencia de los médicos del Hospital Militar. En tres horas llegó al hospital desde la frontera. Pero en el camino ya le habían controlado la hemorragia de la pierna, y había sido entablillado en las piernas y los brazos, después de pasar por una masiva transfusión de sangre, donada por sus colegas.
Además de todas sus fracturas las esquirlas le destrozaron la arteria y la vena humeral ubicadas a la izquierda de su corazón. La rápida y eficiente acción de los médicos, tanto los que sirven en la frontera como los del Hospital Militar, le salvaron la vida. Ellos ubicaron su tipo de sangre y le alcanzaron los cuatro litros que necesitó en el camino desde el Grupo Aéreo Nro. 8 al hospital.
El capitán se salvó. La sangre del valor corre por sus venas. Su hermano mayor, Oscar Lavado, también fue miembro del Ejército cuando el 28 de abril de 1989 se enfrentó con una de las principales columnas terroristas del MRTA en Los Molinos, en Jauja, y quedó lisiado. Pero, gracias a los tratamientos y las terapias médicas logró recuperarse.
Pronto, el capitán Juan Lavado podrá volver a abrazar a su pequeño hijo, Michel, de seis años. Los médicos del Hospital Militar le salvaron el brazo. En una prueba de alta tecnología de rehabilitación le reconstruyeron la pierna izquierda y le han hecho un "auto-injerto" con la carne y piel de la cadera, para darle forma a su mano. Los milagros existen, y tienen nombre de soldados peruanos.