Sérvulo Nervio y Figura




Sérvulo
Nervio y Figura
Retrospectiva de Sérvulo Gutiérrez recupera, para la posteridad, a un artista esencial.

Zoila Gutiérrez, hermana mayor de Sérvulo, en teatral gesto junto al anuncio de la muestra.

LA significativa congregación de público que asistió a la inauguración de la Retrospectiva de Sérvulo Gutiérrez, organizada por el Patronato de Telefónica del Perú, constituye una señal evidente del renovado interés por la obra del artista iqueño, uno de los hitos más importantes de la plástica peruana contemporánea.
La leyenda y el mito generados alrededor de tan arrebatadora personalidad cede hoy paso a valoraciones más objetivas y sensatas. Críticos serios como Elida Román -curadora de la muestra, gestora de la iniciativa y responsable del catálogo, junto a Luis Wuffarden, también curador e historiador del arte- corroboran esa tendencia.

"Selvícola"(1942),obra en yeso, una de las raras incursiones de Sérvulo en la escultura.

Antes que bohemio impenitente y explorador de la Lima nocturna, donde había establecido una suerte de geografía personal, Sérvulo fue un extraordinario pintor. Más allá de los incontables excesos -reales o imaginarios- que se atribuyen a Sérvulo, se erige, incólume, la figura de un hombre que transformó la historia del expresionismo en América Latina y que era absolutamente capaz de formular observaciones lúcidas sobre la naturaleza del acto creativo, sobre su propia identidad como artista. Entre las piezas de escasa o nula difusión que componen la muestra, figuran los murales de tema religioso y profano que Sérvulo ejecutara en un período particular de su carrera.

Alfonso Bustamante, presidente del Directorio de Telefónica, junto a Hugo Sologuren, Juan Mulder y el pintor Gerardo Chávez.
Derecha: Cely Gutiérrez -hermana de Sérvulo-, Marcela y Javier Pérez de Cuéllar.

También destaca el mítico biombo de la familia Soldi, donde el artista materializó un misterioso retrato.

"El Esclavo", óleo sobre tela fechado en 1946. Colección Museo Regional de Ica.

Por otro lado, el público puede contemplar obras casi desconocidas, como la serie de desnudos sobre papel, o bien piezas escultóricas, como "Selvícola", que Sérvulo presentara a un concurso en la década de 1940.
Las obras expuestas en el Museo de Arte -retratos, bodegones o desnudos- seducen al espectador, pero también lo abruman. Señalan el torbellino vital de un ser que falleció hace treinta siete años, pero que ha resistido los embates de esa actividad tan espantosa y humana que es el olvido o la indiferencia.


El pintor
Ramiro Llona
absorto ante
uno de los lienzos.

Probablemente Sérvulo sonreiría ante los gruesos contingentes que arriban a la Sala de Exhibiciones, ávidos por integrarse a la liturgia y de elevarlo a los altares de la aceptación pública. (José Güich Rodríguez)