La Fortaleza de Los Valientes




La Fortaleza de
Los Valientes

Enclavado en las alturas de Vizcatán, Ayacucho, el último refugio del cabecilla senderista "Feli ciano", resiste a sangre y fuego el fortín del Ejército Peruano, Pucayacu. La primera línea de batalla contra el terror se comparte en el resto de la región.

Soldados dejan provisiones en la base de 45 soldados y un teniente. Esto sólo se repite cuando las condiciones del tiempo lo permiten. Mientras esperan los sol dados, se defienden desde un verdadero fuerte de palos.

Texto y Fotos
MARIANA SANCHEZ -AIZCORBE

DESDE el aire se divisan claramente las granjas de los terroristas. Puntos claros en medio de la densa y oscura selva ayacuchana. El terreno es inexpugnable, está minado, infestado de trampas con granadas y huecos con chontas (maderas con púas). Las lluvias suavizan el terreno y las minas cambian de posición. Los mapas no sirven. Es la selva de Viscatán, única zona liberada de Sendero y presunto refugio de Feliciano y las doce mujeres que lo vigilan y protegen. Los terroristas que los acompañan conocen el terreno al dedillo y saben cuándo y cómo rodear y atacar Pucayacu, la única base militar, enclavada en la cima de una montaña, dentro del territorio enemigo.

Luego de un año de entrenamiento, jóvenes soldados se alistan para combatir. Abajo: Vuelta a casa. Merecido relevo después de cinco meses enfrentando a Sendero.

No había tiempo que perder, no llovía y el cielo estaba despejado. La tropa que llegaba a la base contaba con sólo unos minutos para bajar provisiones y relevar a 15 solados de la patrulla "Piero." Ya en el helicóptero los rostros de alivio de sus compañeros lo decían todo. Habían transcurrido cinco meses. Cuentan algunos que trabajaron duro, subiendo agua del río, abriéndose paso entre la vegetación, evitando los disparos "de al frente". Y algunas noches hubo miedo. "Los terroristas suben, rodean la base, nos disparan y huyen". Es prácticamente imposible perseguirlos.

EL 4 DE SETIEMBRE

Días antes y no muy lejos de Viscatán se produjo un ataque.
-"Quiénes son ustedes", gritó una voz.
-"Somos de la defensa", respondió Máximo Morales (30).
Inmediatamente sonó la primera ronda de disparos. "Supimos por el sonido de las balas que el armamento era sofisticado. Yo disparé a los torreones y me quedé cuerpo en tierra, reptando hacia atrás. Entonces nos reventaron una granada que cayó muy cerca. Si nos parábamos éramos hombres muertos." Sólo unos minutos después de emprender la retirada sintió un fuerte calor. Tres proyectiles FAL le habían atravesado el pie izquierdo y la pantorrilla.

Pocos minutos para retratar el saludo y despedida de los soldados de Pucayacu cuando llega el relevo.

También Rubén Quispe (26) fue herido. Cuando recibió el primer impacto se tiró al suelo y cerró los ojos por el dolor. Vino entonces la segunda ráfaga que le perforó el hombro. El tiroteo cesó y logró ponerse de pie. Sus paisanos ya habían huido. Entonces dos disparos más le destrozaron el muslo. En siete años se había enfrentado tres veces a los terroristas. Hasta hoy no se explica cómo está vivo.
Eran las siete de la noche del 4 de setiembre pasado cuando una columna de unos 80 senderistas incursionó en el centro poblado de Nueva Alianza, distrito de Sivia, en la provincia de Huanta, donde viven 30 familias. Unos 15 pobladores fueron tomados como rehenes en una choza. Mientras los despojaban de sus armas, la masa (acompañantes de los armados) saqueaba todo cuanto podía: ropa, zapatos, medicinas y víveres. "Se llevaron hasta las gallinas", relata Morales desde su cama en el hospital de Huamanga. "Cuando llegamos después de una caminata de media hora desde Trivolini, pensamos que ya habían fugado pero nos sorprendieron. Eramos 16 y tuvimos que repeler el ataque, a 15 metros de distancia, con las Winchester. Sólo pude disparar cinco balas porque tenía que guardar las otras cinco para defenderme en la retirada." El presidente zonal dio la voz de alerta a la base militar de Pichari. Era ya de madrugada. Al día siguiente 60 soldados de tres patrullas de las bases de Tambo, Pichari y Machente salieron rumbo a Viscatán. Los terroristas ya habían huido.
Ronderos en Tambo cuentan que el ataque en Nueva Alianza estuvo al mando de la camarada Nora, de unos 28 años, y que además, se cree, forma parte del círculo de seguridad de Feliciano. Dicen también que se acercan días difíciles ante la proximidad de los comicios y están en alerta ante cualquier peligro. Aunque algunos piensan que Sendero ahora está orientado a ganar las masas para conformar sus bases de apoyo sin aniquilar campesinos, temen que Tambo puede ser su caja de resonancia antes del 11 de Octubre.

Un documento de inteligencia militar coincide en indicar que la mayor actividad terrorista busca desestabilizar el proceso electoral en la zona. Indica también que la situación de la tropa es crítica ante la falta de abastecimiento, apoyo de la población y el permanente patrullaje del Ejército.
Los soldados que resguardaban los pueblos más pequeños han sido conducidos a zonas estratégicas. El comando político militar de Ayacucho está siguiendo de cerca cada movimiento de los subversivos. "La situación actual de Sendero ya no es un peligro para la estabilidad del Estado. Hoy sigue disminuyendo en forma notable el accionar de los delincuentes terroristas. En 1992 teníamos más del 50% del territorio nacional en estado de emergencia, ahora es entre el 6 y el 8%. En Ayacucho las zonas más convulsionadas son Huanta y La Mar, pero no es que la subversión controle los terrenos sino que, como política del comando, esas zonas continúen en emergencia para neutralizarlos", asegura el general Pedro Baca Doig, comandante general de la 2da. División de Infantería y jefe político militar de Ayacucho y Huancavelica.
Entre Ayacucho y Huancavelica se ha establecido 40 bases militares. Pero también apoyan el desarrollo de la región, por ejemplo, brindando seguridad en la construcción de carreteras, así como dialogando con algunos personajes notables de la ciudad en apoyo de la integración de Ayacucho. A diferencia de años anteriores, el Ejército ha logrado ganar la confianza de la población. El mayor César Vasquez está a cargo de la coordinación y apoyo de más de 140 mil ronderos organizados en 2,617 comités de autodefensa.
Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, se siguen registrando bajas de soldados y ronderos.

Justiniano Urbano, comunero de Mauayura, pequeño caserío en la carretera a San Francisco, no baja la guardia. Conserva una Winchester y 10 balas como única munición.

NO SON HECHOS AISLADOS

Los hechos de violencia no son aislados, asegura el investigador Jaime Antesana. "Sendero ha logrado una recomposición de sobrevivencia en un cuadro de derrota estratégica de su proyecto político militar. Hasta junio de 1997 desarrollaban acciones de saqueos. Entre junio y noviembre del año pasado Sendero empieza a romper el cerco de zonas inhóspitas y ampliar su radio de acción." Y señala como hechos significativos un enfrentamiento en el distrito de Chungui, provincia de La Mar, donde Sendero saqueó medicinas, petardeó una máquina y huyó; la emboscada a una patrulla del Ejército en Husmay, distrito de Tambo, donde murieron dos soldados; y la toma de San Miguel, capital de La Mar.
"Uno de los rasgos mas importantes de esta recomposición es un nuevo discurso -supuestamente nuevo- que consiste en conversar con los campesinos de los lugares más alejados, ya no los atacan, y como una actitud de autoprotección ellos dicen que van a colaborar, pero ellos están vacunados contra el senderismo."
Quienes parecen no estar tan vacunados son los más jóvenes, como se demostró después de la toma de San Miguel. Según el analista Carlos Tapia, la tropa estaba conformada por senderistas cuyas edades fluctuaban entre los 14 y 16 años. Los mandos tenían entre 20 y 24 años. "Los cuadros que se rindieron son históricos", asegura el antropólogo del Instituto José María Arguedas de Huamanga, Carlos Loayza. "Seguramente van a trabajar con la juventud y eso hay que tenerlo presente, porque si no mejoramos la educación, va a ser un caldo de cultivo para que Sendero pueda formar cuadros."
Un recorrido por las alturas ayacuchanas revela que los campesinos no han descuidado la autodefensa, y es que el temor es permanente.

Trinchera en Chincho, Huancavelica. Ante el retiro de la base militar el 1 de setiembre pasado la población ha optado por buscar refugio en las alturas. Derecha: entrenamiento de tiro, sin balas.

JARHUAPAMPA, LA OLVIDADA

Llegar a Jarhuapampa, un anexo de Tambo, a unas dos horas y media por tierra de Huamanga, fue todo un acontecimiento para el pueblo que no ha visto una autoridad del gobierno desde 1994, cuando la primera dama Keiko Fujimori llegó a darles la buena noticia que un colegio les sería construido. Ahora tienen el colegio, pero el rosario de necesidades es extenso. No sólo no tienen suficientes útiles para estudiar, necesitan agua para sus cultivos, pero sobre todo piden armas para defenderse.
Allí viven los refugiados de 11 comunidades, que en los últimos años han perdido a 116 de sus hombres en combate. El 23 de febrero último, ronderos y soldados de la base de Tambo capturaron a nueve senderistas al mando del camarada Roberto y les incautaron dos FAL, cuatro instalazas, ocho granadas, revólveres calibre 38 y 500 municiones de FAL. Pertenecían al Pelotón Centenario 2, del grupo de Feliciano, cuya orden aparentemente era asesinar a Susano Mendoza, actual alcalde de Quinua y coordinador general del comité de autodefensa del Frente Ayacucho-Huancavelica.
En Jarhuapampa viven 120 huérfanos y 80 viudas que recuerdan, aún entre lágrimas, los asesinatos de sus esposos y de sus hijos. Otras prefieren simplemente no hablar, pero recuerdan y no perdonan. "Los senderistas han cambiado de estrategia, ya no matan, pero las nuevas generaciones no han visto el dolor, el sufrimiento, son fáciles de convencer, les hablan de maravillas, quieren engañarlos con mentiras", relata el jefe de los ronderos que prefirió guardar el anonimato.

EL TRANSITO DE TAPUNA

Más allá, a 22 kilómetros de Tambo, en el centro poblado Mauayura, ubicado en la carretera a los bosques de San Francisco, Justiniano Urbano relata que a unos 5 kilómetros hacia "arriba" campesinos han visto pasar a los "cumpas", en grupos de dos o de treinta. Cuenta que el abra Tapuna es un lugar de tránsito y estratégico para Sendero porque se realizan "cuadraderas" a los vehículos que vienen de la selva.
Para protegerse, cada familia aporta una cuota de dos o tres soles al mes para contratar a ronderos. "Esta es una zona peligrosa, odiada por ellos porque les hemos peleado", asegura Urbano, quien colaboró en 1985 con la Marina combatiendo la subversión. En una suerte de ático en su choza, guarda celosamente la Winchester que posee junto a diez balas. Aunque hace ya varios años que en Mauayura no se han registrado hechos de violencia, "ahora que vienen las elecciones los ronderos van a realizar más patrullaje", dice, mirando a su alrededor como asegurándose que nadie lo oiga. Además de carecer de una posta médica, en Mauayura no hay siquiera un puesto policial.

Convaleciente en Huamanga, Rubén Quispe herido en un enfrentamiento con Sendero en el distrito de Sivia, valle del río Ene, hace dos semanas. Izquierda, letrero en la base militar de Ayacucho: hechos y no palabras. Una reparación de guerra decretada por el gobierno aún no llega.

Como tampoco lo hay en Chayhuamayo Alto, a una hora de distancia de Tambo, donde también se escucha el rumor de que los senderistas transitan por los cerros. Allí no se ha registrado presencia de Sendero desde 1990. Sin embargo, los 48 ronderos de este pueblo están armados y realizan el patrullaje en dos turnos, tres hombres de día y tres de noche, desde las cuatro trincheras que han cavado. Tanto en Mauayura como en Chayhuamayo vimos niños, ancianos y ronderos. ¿Dónde están los jóvenes?, preguntamos. "Ellos están en la ciudad. Aquí los pueden raptar", nos contestaron.

BANDERAS Y TRINCHERAS

Enrique Moya, candidato de UPP por la alcaldía de Ayacucho, señala que si bien el proceso de pacificación es positivo, Sendero podría tener una mayor implicancia si no se resuelven los problemas de pobreza y se mejora el nivel de vida, aparecerán otras formas de violencia. "Hay que arrebatarle a Sendero las banderas de igualdad, desarrollo y protesta", añade.
No sólo es imperativo resolver la pobreza extrema en Ayacucho. También compensar a quienes han dado su vida en favor de la paz. En este sentido los ronderos de la zona de Tambo agradecen al Ejército los polos, zapatillas y paquetes escolares que les han donado. Todavía siguen esperando que se cumpla el D.L. 741 mediante el cual se les debieran otorgar una indemnización a familiares de los caídos y a los ronderos que siguen siendo pieza clave en la pacificación del país. Ellos no han recibido hasta ahora ni un centavo.
Y es ese también el justo reclamo de los habitantes de Chincho, un poblado a dos horas y media de distancia de Huamanga, en las montañas de Huancavelica, que durante años sufrió bajo el dominio de Sendero. Era una zona liberada. El 60% de la población son retornantes y ahora están a su suerte desde que la base militar se retiró el 1 de setiembre último. La población se encuentra verdaderamente aterrorizada. "Cuando se retiran los militares ellos (senderistas) nos atacan dos o tres veces por lo menos", asegura Lorenzo Montero, presidente de la defensa. Por eso han abandonado sus casas y se han atrincherado en el monte aledaño, desde donde hoy vigilan un pueblo fantasma. Allí los pobladores comen y duermen resguardados por los vigilantes apostados día y noche en dos trincheras.
"El gobierno no ha invertido lo que requiere la reconstrucción de esta zona", indica Isabel Coral de CEPRODEP. "Entre el Estado, el programa de apoyo para la reconstrucción y las ONG sólo se ha invertido la cuarta parte del total de la demanda y han transcurrido cinco años. La población afectada por el fenómeno de El Niño es más o menos parecida a la afectada por la violencia política y, sin embargo, en menos tiempo, se ha invertido casi el doble que en la reconstrucción de estas zonas, lo que demuestra que hay una voluntad política distinta para atender un fenómeno y no otro."
"Creo que políticamente Sendero está derrotado, que es lo más importante", señala el rector de la Universidad de Huamanga, Enrique González Carré. "El hecho de que esté derrotado no significa que aún no existan unos cuantos que aún tengan la capacidad de echarnos una mecha encendida esta noche...".
González habla de la desesperanza de los jóvenes ayacuchanos y del riesgo de que si no se mejora la situación social no faltará quienes opten por la senda violentista. A su juicio, "lo que hay que pedir es una sola cosa en Ayacucho: trabajo".