
Manual AntiBurrier
La forma como los inspectores de aduanas
detectan el pase de la droga en el aeropuerto.
Comandante Marco Antonio Dragañac, nuevo jefe de la Brigada de Operaciones Especiales de la Aduana, siempre atento para cazar e identificar burriers en el aeropuerto internacional Jorge Chávez.
Burriers europeas, desencajadas y apenadas. Inspector de aduanas desfondando su droga oculta.
El trabajo es arduo: cada día salen del aeropuerto Jorge Chávez entre 10 y 20 vuelos al extranjero, unas mil personas en promedio. Las horas punta de trabajo están en la tarde, noche y madrugada.
La revisión del equipaje se realiza en el "quirófano", un cuartito donde se cortan las maletas para descubrir los escondites de la droga. Primero, se toma una "muestra" del equipaje con un punzón. A veces, la maleta de mano o los embalajes, pueden aportar datos increíbles. Por ejemplo, botellas de vino con destino a Chile. ¿Por qué llevar vino peruano a un país vitivinícola? Cuando revisan las botellas, les pasan una toallita especial y, si alguno de sus lados se torna celeste, es que contiene clorhidrato de cocaína. Así cayó hace dos semanas una burrier francesa en el aeropuerto.
EL SUCESOR
Marco Antonio Dragañac sucedió en el cargo al capitán Luis Otoya, cuando en marzo de 1997, éste fue acusado de narcotráfico y enviado a la cárcel, en un polémico proceso, del que fue absuelto seis meses después.
Como su predecesor, Dragañac sabe que los narcos nunca repiten sus artimañas. Ese es un principio, en su profesión.
La droga diluida en vino, es una táctica nueva. "Esa no me la conocía, dice . Antes usaban "damajuanas" para llevar paquetes escondidos, pero implicaba que al llegar a su destino debían realizar un proceso químico para separar la droga del vino".

Burrier absorto por la detección de su retablo ayacuchano, forrado con papel carbón para evitar que las maquinas del aeropuerto lo delaten. No lo logró.
Las modalidades son increíbles: chompas y casacas almidonadas e impregnadas con droga. ¿Esculturas de bronce? A pesarlas, que pueden ser de plástico. ¿Secadoras de pelo? Hay que fijarse el tipo de voltaje. Nadie se llevaría a los Estados Unidos una secadora de 220 voltios, cuando allá todo funciona en 110 voltios.
El comandante Dragañac ha volcado sus 26 años de experiencias en el libro "Operaciones y técnicas en la represión del narcotráfico", que se ha convertido en la Biblia de los aduaneros. Eso sí, como un buen servidor público, no se ha hecho rico. Su pequeño departamento en Pueblo Libre y sus afanes económicos así lo confirman.
LAS MODALIDADES
En "Operaciones y técnicas en la represión del narcotráfico", el comandante Marco Antonio Dragañac presenta las diversas formas de encubrimiento y contrabando de estupefacientes. Aquí algunas de sus perlas:
-Envases de pasta dental y cremas de afeitar. Son los más comunes. El método es simple: se extrae un poco de la crema que contiene el envase, se introduce la droga y luego se vuelve a sellar. Los aduaneros suelen exprimir estos productos, buscando sentir algo extraño.
-Envases de talco. Si ésta ha sido la elección del narcotraficante, lo que el resguardo tiene que hacer es introducir un alfiler largo por los huecos de salida del polvo. El alfiler penetra por el talco sin problemas y se detiene al llegar al cuerpo extraño.
-Jabones. La detección se hace algo más difícil en los jabones, pues éstos han sido cortados y vueltos a pegar hábilmente para ocultar la droga. En estos casos, hay que aguzar la vista para notar la "costurita" hecha.
-Las velas: Se cortan, rellenan y después se borra la línea de unión prendiendo la vela y derramando cera para cubrir las marcas. Se detecta poniendo la vela frente a la luz brillante.
-Cajetilla de cigarrillos: Una de las formas más comunes. Se sacan los cigarros y se introduce el paquete. Luego vuelven a introducirse los cigarros, cortándolos al tamaño que sea necesario. Se detecta al tacto, machucando la cajetilla.
Formas cada vez más ingeniosas para intentar pasar la droga. Invento de un burrier camerunés. Clorhidrato de cocaína en envases de champú, envueltos en preservativos, y en botellas de talco y perfumes. No contaba con la astucia y la habilidad de los sabuesos de aduanas.
-Zapatos, medias y zapatillas: Sobre todo para contrabandear opio. Los que esconden la droga en medias y zapatos son detectados por la forma de caminar. En las zapatillas, se reemplazan cocadas y adornos con líneas muy finas de droga.
-Cámaras fotográficas y radios. Se reemplaza el lugar de las pilas con droga. Los aduaneros revisan estos aparatos, abriendo las tapas que cubren las baterías.
En el texto de Dragañac también se ha sistematizado la forma como los inspectores de aduanas, a través de síntomas fisiológicos, pueden detectar a un "burrier". Transpiración, boca seca, morderse los labios, palidez o rubor, contracciones nerviosas, tics faciales y parpadeo, son algunas de las características que suelen observar.
CAZADOR OLVIDADO
El taxista duda, pero al final lo reconoce: ese hombre que camina por las calles de Huacho es el mismo que antes salía por la televisión, el cazador de narcotraficantes. Pero esta vez, ya no persigue a un "burrier" ni organiza una gran redada. Está esperando la llegada de un amigo para que le preste plata, pensando en cómo hacer para que en su casa reconecten el agua y la luz. Del otrora cazador, el que decomisó más de 10 toneladas de droga y capturó a más de 500 personas en el aeropuerto, desde 1980, sólo quedan el recuerdo y la admiración que le expresan pescadores y vendedores cuando lo saludan.
Solía tensar mucho sus redes para que no se le escaparan. Lo saben muy bien los "burriers". Una vez una de ellas, Isabel Velarde, alias "la Chata" le dijo: "he caído porque ha habido un dedo (soplo) conmigo". El le respondió: "No, caíste porque cuando la máquina detectó un tubo de Kolynos, tú te asustaste".
Cazador olvidado. Comandante Luis Otoya, ex jefe de las Brigadas Especiales, sólo con su soledad, en Huacho.
La Velarde no escondía el polvo blanco de la cocaína en la crema dental, sino en unas bolsas que contenían canela para evitar ser detectada por las máquinas. Y efectivamente burló ese control. Habría logrado salir con la droga, si no fuera porque Otoya la estaba mirando. Los "burriers", se convirtieron en su especialidad.
En su nuevo puesto no hay mucha "acción". Sus días transcurren entre Huacho, Supe y Chancay, averiguando si zarpa alguna embarcación para revisar. Si esto llega a ocurrir, su trabajo se limita a introducir el lanzón en una muestra selectiva de la harina de pescado que sale hacia el extranjero.
En cinco meses no ha habido una sola captura, ni un solo kilo confiscado. Es como si los "peces" que solía atrapar evitaran recalar en este puerto.
A PRUEBA DE BALAS
Mucho se dijo, a propósito del juicio de Otoya, de su probable culpabilidad. Lo acusaban a él, cazador de narcotraficantes, de ser uno de ellos. Terco, él insistió en su inocencia, hasta que logró salir de la cárcel, absuelto.
Pero ahora afronta otro juicio, por supuesto lavado de dinero (lo acusan de haber comprado la casa donde vive, que es de su suegro). Tiene mil deudas, contraídas durante el tiempo que pasó en la cárcel. Esta situación de crisis no sólo es muestra de su inocencia, sino también de una cualidad que lo describe bien: la honestidad.
A su familia, le quedan el orgullo y la dignidad que dan el deber cumplido. Aunque no tenían luz ni agua en la casa, el martes 15 de setiembre celebraron los 50 años del capitán Luis Otoya, el cazador. Escribe también su libro, que se llamará "Y qué hacemos con los zombis".
En el aeropuerto, otros narcos viajan a convertir más seres humanos en "zombis".
Quienes no pueden dormirse son los aduaneros. La BOE sigue trabajando. En lo que va de este año ha capturado 50 personas y ha decomisado una tonelada de droga. El comandante Dragañac sigue imaginando mil formas de atrapar a los narcos.
"Ultima llamada para los pasajeros con destino a Miami". Piénselo bien, así guarde ese paquetito en el cerebro, puede ser descubierto.