

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Limpiando La Imagen
A partir de la presente edición retorna a CARETAS la columna `Controversias' de Fernando Rospigliosi, sociólogo y experto en asuntos de seguridad nacional. El hecho que se trate de la columna número 283 de `Controversias' que publica la revista (2 + 8 + 3= 13), y que el analista se ocupe en esta oportunidad de Vladimiro Montesinos es una simple y urticante coincidencia.
HABLANDO con marcado dejo arequipeño, voz de falsete y una sintaxis de parte policial, Vladimiro Montesinos se dejó escuchar durante un par de minutos el martes 15.
Esa fugaz aparición podría bastar por sí sola para explicar por qué no habla en público: haría el ridículo. La distancia entre la imagen de hombre todopoderoso que se ha creado a su alrededor, y la pobreza franciscana que exhibiría en una conferencia de prensa o una entrevista sería tan grande, que contribuiría a derruir el mito que él se esmera en construir en torno suyo.
En realidad, Montesinos no es ni muy inteligente ni muy preparado. Sus habilidades son otras. Es absolutamente inescrupuloso y amoral, experto en intrigas, capaz de absorber como una esponja los conocimientos de otros y hacerlos pasar como suyos, y rapidísimo en sus decisiones.
Dio una demostración de esto último hace un mes cuando desembarcó a su ex socio, el general Nicolás Hermoza. En el lapso de pocas horas cambió a varios generales de puestos claves, y en pocos días ya había removido a coroneles, comandantes y mayores de unidades decisivas. No les dio tiempo de reaccionar y fue más lejos de lo que todos pensaban.
Otra muestra de esa rapidez para actuar la dio la madrugada del 13 de noviembre de 1992, cuando debeló la intentona del general Jaime Salinas Sedó. Los diálogos con el general Hermoza, grabados y difundidos en aquella oportunidad, lo muestran indicándole al Comandante General a quién hay que detener y dónde. En realidad, el mismo ya había dado las órdenes.
Esa es una de las razones por las que puede mantener el control sobre las FF.AA. Mientras los militares están pensando qué hacer, él ya actuó. Se los lleva de encuentro.
La reaparición pública de Montesinos ha dado lugar a una serie de especulaciones sobre los motivos que tendría para hacerlo. Algunos ingenuos creen que se prepara para ocupar un cargo público. Eso es muy poco probable.
Montesinos no tiene la menor intención de asumir ninguna responsabilidad. Si lo quisiera ya lo hubiera hecho. Ahora está en la situación ideal para él. Toma muchísimas decisiones y no responde por ninguna.
Ese fue precisamente uno de los motivos de sus roces con Hermoza. Montesinos mandaba no sólo en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) sino también en el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), pero quien respondía legal y políticamente, en última instancia, por el SIE era Hermoza, como ocurrió por ejemplo en los casos de La Cantuta, Leonor la Rosa y Mariela Barreto.
En suma, Montesinos está en el mejor de los mundos, porque decide sobre casi todo y no se responsabiliza por nada. Si a esto se agrega sus dificultades para expresarse con fluidez fuera de los ambientes policial-militares, son muy obvias las razones por las cuales no tiene ningún interés en asumir un cargo público. Cualquiera que éste fuera, tendría menos poder que el que detenta ahora desde las sombras y, además, se vería obligado a dar la cara.
Entonces ¿por qué apareció nuevamente el martes 15? Se trata de continuar con su campaña de lavado de imagen. Según la última encuesta de Apoyo S.A., su nivel de aprobación al 12 de setiembre era de un famélico 16%, el peor de todos, debajo incluso del escuálido 19% que ostenta el ministro de Economía y el macilento 21% del Congreso.
Montesinos es un personaje a la vez clandestino y público. Es clandestino porque desarrolla sus actividades en la oscuridad, sin que se sepa exactamente qué hace y cómo lo hace y sin que ninguna institución pueda supervisarlo. Pero a la vez es público, porque la prensa independiente lo ha puesto en evidencia en numerosas oportunidades como uno de los factores decisivos del poder. De hecho, la Encuesta Anual del Poder de la revista Debate lo ubica desde hace años como uno de los dos personajes más poderosos del Perú.
Por eso la imagen negativa de Montesinos es un problema político importante para el gobierno y para él mismo. Tener casi 80% de desaprobación y alrededor de 70% de ciudadanos que opinan que debe salir del gobierno, se ha convertido en un serio inconveniente para el régimen.
Y, no menos importante, en el exterior aparece como un personaje siniestro y corrompido. Organizaciones como Human Rights Watch y Wola no cesan de bombardear al Congreso y las autoridades norteamericanas con informaciones y demandas sobre las actividades de Montesinos, sus vinculaciones con la CIA, etc.
Por eso el jefe real del SIN ha tratado de lavar su imagen desde hace tiempo. Más precisamente, desde que el narcotraficante Vaticano lo acusó públicamente, el 16 de agosto de 1996, de cobrarle cupos. Poco más de dos meses después, a fines de octubre de ese año, Montesinos se dejó ver y distribuyó videos de la reunión en Palacio con el Zar Antidrogas norteamericano, el general Barry Mc Caffrey.
Esa fue la primera vez que usó a Mc Caffrey para tratar de hacer creer que los EE.UU. lo absuelven de sus vinculaciones con el narcotráfico. La segunda vez fue el 10 de mayo de este año, cuando Canal 5 difundió un video del SIN, donde Montesinos aparece dialogando con Mc Caffrey. Cuatro días después, el Zar Antidrogas denunció violentamente al Rasputín criollo.
Fue precisamente ese jalón de orejas de Mc Caffrey el que probablemente retrasó la secuencia que había programado Montesinos. El 18 de mayo se dejó ver en la Dinincri y el 23 de ese mes estuvo en primera fila en la celebración del centenario de la Escuela Militar, pero no abrió la boca.
Antes había estado, también en primera fila, en la ceremonia de aniversario del asalto a la residencia japonesa -el 22 de abril de este año-. En 1997 apareció igualmente en la residencia el 23 de abril, al día siguiente de la toma, y luego se hizo alabar públicamente en varias oportunidades por el general Hermoza, el almirante Américo Ibárcena y el Presidente Fujimori.
En síntesis, la estrategia de imagen de Montesinos es evidente y rudimentaria. Pretende alzarse con los méritos, reales o supuestos, de tres cosas: la lucha antisubversiva, el combate al narcotráfico y ahora la batalla contra la delincuencia.
Hasta ahora, ha fracasado completamente. La opinión pública lo sigue repudiando y salvo los funcionarios del gobierno y algunos periodistas domesticados, nadie le cree.