
Con el Cuco en París
Ecos de una reunión que despertó fantasmas y causó más de un desconcierto.
NI Alan se lanzó como candidato presidencial, ni Valle Riestra lo animó a hacerlo (ni tontos que fueran). Pero bastó que flotara en el ambiente el recuerdo -y la sombra- del ex mandatario aprista para que el cotarro político se pusiera de cabeza y aparecieran hipótesis de lo más truculentas acerca de la conversación parisina entre ambos personajes.
El súmum de esta fiebre pro o antialanista fue el titular con el que el diario Expreso dio la bienvenida a la Primavera, el 24 de septiembre: "Alan candidato". A partir de unas declaraciones de JVR para CPN radio -en las que afirmó haberle dicho a AGP que "no debería reelegirse"- se tejió dicha especulación, matizada luego por otros diarios con la versión de que García estaría financiando al candidato municipal miraflorino Jaime Salinas.
Javier Valle Riestra y Alan García en pleno paseo por la rue de Rivoli. París bien vale un cafecito.
A lo que, tanto AGP como JVR, se lanzaron fue más bien a desmentir, algo indignados, la supuesta candidatura. El primero desde París y el segundo en nuevas declaraciones a la misma emisora y en cartas enviados al diario que lo puso en compromiso. Nada, no había nada; cada uno, como su viejo partido, decía avanzar sin pactos ni alianzas.
¿Fue esta conversación sólo una hoja más que se llevará el incipiente otoño parisino? El encuentro no fue tan fugaz, como el mismo JVR se ha encargado de contarlo. Se encontraron primero el miércoles 16, en una larga caminata que duró, aproximadamente, desde las 9 y 30 hasta la 1 de la tarde. Al día siguiente, almorzaron en el restaurant "Mary Catherine", acaso con un cordial vino de por medio.
No hay que ser malicioso para suponer que la conversación fue algo más que informal y amistosa. ¿Podía ser sólo eso con un JVR apenas egresado del cargo de Premier? Quizás no sea casual que él haya descrito casi minuciosamente el escenario, pero se haya cuidado de abundar en detalles sobre el contenido de los diálogos.
Una declaración textual suya revela su ánimo discreto: "Me dio datos sumamente interesantes sobre diversos temas, que me ilustran y me sirven para otros temas". Seguramente él también ilustró a AGP y hablaron de política, más allá de lo que ha trascendido. Pudieron conversar de muchas cosas -sobre todo si, como dice JVR, hacía 7 años que no se veían-, pero resulta probable que juntos hayan hecho sus propias especulaciones, aun guardando una prudente distancia.
Una distancia, por otra parte, que el común pasado aprista neutraliza. Como bien ha señalado Carlos Roca, el actual candidato municipal de Alfonso Ugarte, al ser consultado sobre el encuentro, "todos los caminos conducen a Haya de la Torre". AGP y JVR se han tirado piedras mutuamente, con más o menos elegancia, pero nunca al extremo de pedir la incineración el uno del otro.
La declarada filiación "hayista" de ambos parece funcionar como una especie de pacto tácito de no agresión hasta las últimas consecuencias. A ello se suma el recuerdo del tiempo en que se frecuentaron, justamente en Europa, durante la década del 70, cuando AGP estudiaba en París con aguacero y JVR andaba exiliado debido a la hostilización velasquista.
Los dos, sin embargo, se enfrentaron por la candidatura presidencial para las elecciones de 1985 y luego tuvieron serias discrepancias, en el fragor del estrepitoso gobierno aprista y después. Tiene razón entonces JVR cuando describe su relación con AGP como cordial. Siempre se han tratado con respeto, jamás con una excesiva intimidad y a veces con recíprocos odios o simpatías.
García, por ejemplo, vio con expectativa el raudo paso del tribuno por el premierato. Y JVR ha reiterado, a propósito del entuerto de los últimos días, que sabe distinguir entre la inconveniencia de un nuevo intento presidencial de AGP y la necesidad de que se revoque la Ley de Contumacia (su presunto delito no prescribe mientras no se presente) que lo tiene corrido por todo el mundo.
Ahora bien, ¿tiene sustento temer una hipotética vuelta de García a la carrera presidencial? Al parecer ni siquiera los apristas, a pesar del afecto militante que le tienen, lo consideran prudente. El propio Carlos Roca ha dicho que buscarán una candidatura unitaria para el 2000 y que más bien "Alan sería un magnífico cabeza de lista parlamentaria".
Por lo demás, quienes agitan el cuco del retorno de AGP no parecen darse cuenta, por un lado, de que esa es la perfecta manera de mantenerlo aupado en la escena nacional, y, de otro, que, luego de su cataclísmico período, el país no aguantaría una coyuntura dominada por un nueva candidatura suya. ¿Qué tipo de psicosis social se desataría, no sólo entre los banqueros, de aparecer nuevamente esa posibilidad?
El mismo AGP parece ser consciente de los profusos anticuerpos que genera y, sin embargo, no muestra haberse aggiornado lo suficiente. Su discurso actual -que se conoce por los artículos que escribe- tiene el mismo talante de hace unos años. No exhibe el mesurado realismo de un Tony Blair y de alguien como Fernando Henrique Cardoso lo separa mais de una idea.
La posibilidad de volver, no obstante, es seguramente algo que acaricia con un leve resquicio de melancolía. Más de un aprista lo ve como un candidato a futuro, con "20 años de techo por delante". La candidatura parlamentaria, de lograr condiciones para su retorno, podría ser su asolapada puerta de reingreso a la arena política mayor.
Entretanto, las hipótesis sobre su juego florecerán. Para unos, llegará a un acuerdo con el Fujimorismo y volverá. Para otros, irá como parlamentario y ya en el Congreso se aliará con los bicicleteros de Valle Riestra. Hay quienes sostienen que vendrá justo en el momento preciso para terminar de disolver a la oposición y otros tantos avizoran que se armará de paciencia hasta el 2,005, una vez que los fujimoristas y neofujimoristas lo hayan ensayado todo.
También están quienes piensan que es el monstruo fabricado a la medida del gobierno para desalentar desertores de lo que hoy se considera "el camino correcto". En fin, podría decirse asimismo que AGP, a pesar de que está próximo a los 50 años, es todavía un joven candidato, en la medida que no gobierna todos sus impulsos, incluso el de tomarse un cafecito en París. (Ramiro Escobar).