
Asonada Con Padrinos
Tras largas horas de pasividad, la fuerza pública se decidió a demostrar que existía. Antes había cumplido la orden de inmovilidad

Todo empezó
como jugando, al
comprobar que el Palacio
carecía de protección
adecuada y decidida
a actuar. En las esquinas
de la Plaza Mayor sólo
había unas
cuantas policías femeninas.

No era siquiera una masiva muchedumbre la que se infiltró en la sede del Ejecutivo. Arriba: la cámara televisual de transmisión continua que necesariamente informa día y noche, sobre lo quepasa en la Plaza Mayor. Al lado, antirreeleccionistas transponen la reja palaciega. Seguido: desviando el tiro al soldado.
Control Remoto
Sutil desinterés de las fuerzas del orden frente a los desmanes.
Ministro del Interior, José Villanueva Ruesta, y general Fernando Gamero Febres, jefe de la VII Región Policial. Una turba ingresó a Palacio de Gobierno, como Pedro por su casa y como si ambos no existieran.
QUE un grupo de personas sin armas, vanguardia de una manifestación de dos o tres mil personas, no más, logre ingresar sin permiso y sin oposición en el Palacio de Gobierno es algo que no se había visto en Lima, ni quizás en país alguno.
No es asombroso: en el momento de ese asalto en la Plaza Mayor de la ciudad y en Palacio no había un solo dispositivo policial o militar. Hasta las tanquetas de la Marina, que aparecieron allí el día de la caída del general (r) Nicolás Hermoza Ríos, brillaban por su ausencia.
Los exaltados pudieron meterse hasta los aposentos de los Húsares de Junín, delante de los cuales se obligara a desfilar a Hermoza en su día fatídico. Los uniformes de ese cuerpo fueron vergonzosamente arrebatados y arrojados a los suelos del Patio de Honor, que por un momento no mereció su nombre.
El ministerio del Interior, a cargo de un oficial del Ejército, el general José Villanueva Ruesta, prácticamente no movió un solo dedo, antes o después de los incidentes. La multitud enardecida se paseó por la Plaza, como Pedro por su casa.
Cada vez que se anuncian marchas en la zona céntrica de Lima, un fuerte cordón policial está siempre listo para repeler a los manifestantes (izquierda). El miércoles 30, sin embargo, la Plaza Mayor estaba prácticamente desguarnecida, a merced de piedras, palos y furias (abajo).
Extraño, demasiado extraño. Como lo fue también el desenfreno de violencia desplegado por ciertos manifestantes, que en el Paseo de los Escribanos -el flamante boulevard que se une con el Pasaje Santa Rosa- hicieron añicos las vidrieras de flamantes cafés y rompieron las culturales vitrinas de la Librería el Virrey. La barbarie tuvo un punto culminante en la esquina de Garcilaso de la Vega y Paseo Colón, donde fueron destrozados varios automóviles. Otros vehículos fueron quemados en Miraflores.
Lo peor es que la marcha convocada para esa mañana no tenía nada de imprevisible. Había sido anunciada, incluso con titulares de primera plana, con semanas de anticipación, por sus organizadores principales: la Federación de Trabajadores de Construcción Civil y el Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación Peruana (SUTEP).
Algo más: en la azotea del Club de la Unión hoy -podemos divisarla desde nuestra redacción- una cámara de televisión de transmisión continua, que día y noche refleja lo que ocurre en ese neurálgico escenario. No es sin duda el único ojo avizor de la autoridad en ese lugar.
El hecho raro es que nadie protegía la entrada principal de Palacio o las puertas interiores. Apenas unas cuantas mujeres policías estaban dislocadas, dispersas, en algunas esquinas. Los jóvenes soldados que, después de mucho rato, repelieron a los asaltantes, parecían carecer de comando. Eran unos adolescentes dominados por el pánico que disparaban, felizmente, al aire. Un levantamiento auténtico los hubiera barrido con poco esfuerzo.
El presidente Fujimori durante la ceremonia de asunción del general César Saucedo, como nuevo Jefe del Comando Conjunto. Detrás suyo, el almirante Américo Ibárcena, Comandante General de La Marina, quien ese día, en un acto de sospechosa cautela, envió tanquetas a la Plaza Mayor. Ayer, en cambio, durante la marcha convocada por diversas centrales sindicales, nadie mostró excesivo celo.
A las cuatro de la tarde, cuatro horas después de iniciados los incidentes, pudimos tomar contacto con la oficina de prensa presidencial. El periodista Luis Zota de esa oficina nos informó que el presidente Fujimori estaba en ese momento en su despacho, en Palacio.
¿Dónde estaban, en cambio, a esa hora, los servicios de inteligencia, en particular el SIN, comandado en los hechos por Vladimiro Montesinos y que otras veces ha sido tan elogiado por Fujimori? ¿No se enteró? (y, entonces, ¿dónde queda su eficiencia?). ¿Se enteró pero no quiso hacer nada? (y, entonces, ¿dónde queda su lealtad?). ¿Por qué la Policía, bajo el mando del general José Villanueva, actuó con tanta desidia? ¿Es que acaso el general acataba órdenes superiores, quizás del Ejército, a cuya arma pertenece?
¿Por qué, de otro lado, el general EP Luis Cubas Portal, jefe de la VI Región Militar, con sede en Lima, y cuñado de Vladimiro Montesinos, no consideró necesario actuar? Pudo, por lo menos, recordar su deber al jefe de la guarnición de Palacio, el cual, por otra parte, ejerce jurisdicción y tiene responsabilidad en el ámbito de la Plaza Mayor y alrededores.
Se diría que las fuerzas del orden tenían una orden, no de inamovilidad, sino de inmovilidad.
Una manifestante se desgañita protestando desde uno de los balcones de Palacio de Gobierno.
Precisemos que en el entorno del Congreso sí hubo enfrentamientos violentos. En este caso entre estudiantes y policías. Allí, el presidente del Legislativo, Víctor Joy Way, anunció que los responsables ya estaban identificados.
No sabemos si aludía al SIN, al jefe de la Casa Militar de la Presidencia, al Ministro del Interior o al jefe de la VI Región Militar o al jefe de la VII región Policial, general Fernando Gamero.
Pudiera ser que la referencia apuntara más bien a los doce o trece jóvenes violentistas, supuestamente estudiantes, que fueron apresados durante los choques. Se sabe que ocho de ellos eran de "la fábrica"; es decir, del SIN, y que por eso fueron puestos en libertad por la 22 Comandancia de la Policía, pese a que se habían distinguido por sus tropelías.
José Luis Risco, (Construcción Civil).
Luberliz Cáceres (Sutep).
Juan José Gorriti (CGTP).
Lo mal pensados repararon en ciertas pintas efectuadas durante la asonada en los muros de Palacio. Varios de ellos decían: "PC del P". El nombre de pila de Sendero Luminoso.
A lo mejor se quiere vincular con la banda terrorista a los organizadores de la marcha, que enarbolaban demandas sindicales y un categórico no a la re-reelección de Fujimori.
Porque no cabe suponer que un auténtico senderista procediera con tanta estupidez como para ser identificado no sólo por las autoridades, sino también por los manifestantes, políticamente opuestos al senderismo. Recordemos que el Foro Democrático y el Comité Cívico por la Democracia se habían sumado a los patrocinadores de la manifestación, y que ambos son también notoriamente antisenderistas.
Quizás la intención era manchar de senderismo una demostración que mucho tenía de descontento legítimo y de exigencia democrática.
El país necesita una explicación respecto de esta extraña demostración del vacío de autoridad. No basta con que se nos diga, como hizo ayer el Premier Alberto Pandolfi en reunión con los empresarios, que "hay una acción concertada para desestabilizar al país". Evidente. Pero esos malvados no pueden estar entre los que carecen de mando sobre la fuerza pública. El deber del Ejecutivo es identificarlos.
Al fin, luego de horas angustiosas, la policía reaccionó, con la rudeza de costumbre. Pero los estragos de la incursión violenta quedaron regados por el camino (abajo).
La doctora Martha Chávez dijo, mientras el drama proseguía en la Plaza Mayor, que hay que desentrañar la madeja y que detrás de todo esto hay gente que no tiene el valor de dar la cara. Evidente. No dan la cara pero dan la orden.
El episodio encierra varias lecciones. Una se dirige a la oposición, para que sepa deslindar día a día y desenmascarar implacablemente a los provocadores. La otra, la central, está dedicada a Fujimori: Los gobiernos fuertes no son los que sólo se basan en la fuerza. En todo el país cunde un descontento, un malestar, que tiene que ser enfrentado mediante el diálogo, el debate y el respeto a los derechos ciudadanos. Días muy duros esperan a Fujimori -y al país- si eso no ocurre por fin. Una moraleja inconmovible de nuestra historia es que los regímenes militares o basados en las fuerzas armadas siempre terminaron mal.
Aguas Movidas
Denuncia televisiva habría provocado tormenta en
ambientes castrenses.
Alberto Venero, amigo de Montesinos.
ALBERTO Venero es el personaje principal de un reportaje propalado recientemente por el programa "SIN Censura" de ATV, en el cual se denuncian negociados que involucran a la Caja de Pensiones Militar Policial.
El tinglado estaría conformado por una empresa constructora y una marca de ropa sport e incluiría tráfico de armamento. Venero, hombre de confianza de Vladimiro Montesinos, sería una de las cabezas del negocio.
De este personaje se sabía entre otras cosas porque Baruch Ivcher lo sindicó como una de las personas que lo buscó por encargo del misterioso asesor. Lo que hasta ahora se desconocía era la dimensión de sus actividades.
Al parecer, dicha revelación provocó malestar en algunos círculos del Ejército y en el propio Montesinos. El clima de desprotección y violencia suscitado el miércoles 30 podría tener alguna relación con esto.