El Fuego y el Juego de La Paz




El Fuego y el Juego de La Paz
En giro inesperado, el Perú podría aprobar el pedido de los Garantes, delegándoles que decidan por Alberto Fujimori, incluso podría arribar a la paz con Ecuador. Pero es difícil no contrastar esa conquista con la gala exhibida de autoritarismo, avasallamiento de Torre Tagle y el Congreso, ni del olvido de la opinión pública.

El nuevo canciller Fernando de Trazegnies en trance de asumir el cargo. Gestos y afirmaciones tendientes a puntuali zar que la actuación de los Garantes se hará en el marco del Protocolo del Río de Janeiro.

EL domingo 11 las elecciones municipales mismas se disputaban el espacio noticioso con las reacciones políticas y ciudadanas sobre la propuesta de los países garantes que el sábado 10 dirigió el Presidente brasileño Fernando Enrique Cardoso a los presidentes Jamil Mahuad de Ecuador y Alberto Fujimori en respuesta a la carta cursada por ambos el jueves 8 demandando que los Garantes presten su concurso adelantando una propuesta que ponga fin al estancamiento final de las negociaciones para obtener la paz definitiva.

RAPIDO, RAPIDO, RAPIDO

A partir de la divulgación de la inesperada misiva de Cardoso, los hechos se han desencadenado con tal premura que, al cierre de esta edición, todo hacía suponer que Perú y Ecuador darían cumplimiento a lo planteado por el recién reelecto mandatario del Brasil, a más tardar el próximo sábado 17 de setiembre.
¿Cómo entender esta celeridad olímpica que allana el camino en menos de 10 días cuando nadie vio la luz en más de 50 años?
Es verdad que desde el domingo la actividad de ambos mandatarios ha sido febril, tratando de convencer a sus ciudadanos de la licitud constructiva del pedido de los Garantes y, sobre todo, que no debería llamar a escándalo que se solicite a los respectivos parlamentos que aprueben a las volandas y a ciegas, y basados en la buena fe, una propuesta "vinculante" que permita alcanzar la paz y la amistad entre las partes.
Como es obvio, la primera sorpresa es que los Garantes den plazos perentorios para una tarea que, por su naturaleza intrínseca, ya no los coloca en el papel de tales sino que los convierte en mandatarios o árbitros. Una mudanza de condición no prevista por el Protocolo de 1942, propugnada por Ecuador en el pasado, y tradicionalmente resistida por la Cancillería peruana.
La suave fórmula diplomática elegida es la de que lo que se modifica es el "procedimiento" y, por tanto, no hay arbitraje.
Esa es la respuesta reiterada por el oficialismo fujimorista, aunque en Ecuador, Mahuad ha sido más explícito. Solicita el concurso del Congreso porque, como lo ha dicho el Procurador de la República, el otorgar carácter vinculante a la propuesta de los Garantes es un "compromiso internacional" que "requiere la aprobación previa del Congreso Nacional".

Elocuente pizarra en el Consejo Directivo del Congreso peruano que adelanta lo que vendría el miércoles. Abajo: Joy Way y parlamentarios de diferentes tiendas en busca del consenso.

DE GARANTE A ARBITRO

El ex general y ahora diputado Paco Moncayo también ratificó el punto el día lunes 12 en declaraciones públicas. Sostuvo que la mediación de los 4 países garantes era la única salida que quedaba, pero que es necesario conocer "en qué términos se ha planteado la materia del arbitraje o mediación. Si aceptamos un arbitraje es porque estamos dispuestos a perder o a ganar".
Después del rechazo a la fórmula de los Garantes, expresado tanto en términos jurídicos como políticos por una larga lista de personalidades (incluyendo al congresista oficialista Carlos Ferrero, hermano del renunciante Eduardo, y cuyas palabras aunque lo haya negado parecieran reflejar el pensamiento del ex canciller), el gobierno encontró en Fernando de Trazegnies quizá a la persona más adecuada para salvar la cara, tras la renuncia de Eduardo Ferrero, cambiar de táctica (de la moratoria informativa a la amplitud coloquial, no olvidar que Trazegnies es miembro de la Comisión de Etica del Consejo de la Prensa Peruana).
Trazegnies ha ido más lejos. Ha reasegurado a la ciudadanía que no habría en la propuesta de los Garantes nada que se salga de lo que el Protocolo de 1942 plantea. Fujimori también lo ha dicho en todos los tonos, pero hay que reconocer que padeciendo éste una crisis de credibilidad, son muchos los que piensan que el camino recorrido y el afán por el final a como dé lugar es un apremio electoralista, con vista al mar dulce de la reelección.
Es indudable que tanto en el debate parlamentario como en el público habrá multitud de resistencias a la forma y al fondo de cómo se han conducido las cosas. ("En derecho, la forma y el fondo se confunden", ha dicho Enrique Bernales, oponente tenaz de lo que piden los Garantes).
Y no es menester ser ultra, ni politizado, para tomar distancias ante un procedimiento tan poco ortodoxo. Bastaría imaginar una encrucijada semejante para los Congresos de Brasil, Chile o Estados Unidos: otorgarle a otros mandatarios la potestad de decidir por asuntos soberanos.
En la práctica (dejando de lado el argumento del status de los Garantes convertidos en árbitros), lo que la carta de Cardoso plantea es diluir la exclusiva responsabilidad presidencial en la solución de paz (que siempre tendrá sus detractores encarnizados) en una serie de instituciones (los consejos de defensa nacional, los comandos conjuntos de las FF.AA., los congresos), de modo que cualquier resistencia cívica se encuentre mediatizada o no lleve las cosas hasta el extremo de rechazar la propuesta de los mismos Garantes.

NO SE NADA, TEMO MUCHO

¿Cuáles son los temores con respecto a la propuesta de los Garantes? Como no se sabe nada, se teme todo. Al decirse que sólo las propuestas se ocuparán del tema de la demarcación de la frontera común en la Cordillera del Cóndor, que incluso los tratados que se deriven de los acuerdos en materia de libre navegación y de integración fronteriza no entran en la materia opinable y vinculante de los Garantes y que serán conocidos y revisados por los congresos, ¿por qué ecuatorianos y peruanos temen que si algo se oculta es porque amenaza las expectativas y las esperanzas de una paz digna y salomónica?

Martes 13: Ministro de Defensa, Julio Salazar Monroe entrega al presidente Fujimori informe institucional de las Fuerzas Armadas, en el cual aceptan la intervención de los Garantes, mientras que (derecha) Jamil Mahuad acude al Congreso ecuatoriano para explicar cuál es el planteamiento propuesto. En ambos países el debate recién empieza.

Tantos años de idas y vueltas, incluso la propia negociación de este tramo que va de la declaración de paz de Itamaraty (febrero de 1995) a la carta de los Garantes (10 de octubre de 1998), han alimentado desconfianzas y provocado errores (Ecuador no aceptó el resultado del arbitraje del rey de España temiendo que le sería desfavorable, cuando era lo contrario; el Perú hace muy poco no aceptó que los pareceres técnico/jurídicos fueran vinculantes, cuando resultó que éstos le daban la razón.
Siempre se ha pensado que Ecuador obtaculizaba cualquier fórmula de arreglo. Y allí, en el país del Guayas se hizo lugar común la idea de un Perú avasallante y arbitrario.
Por eso, cuando se repara en lo que se ha avanzado hasta hoy, se piensa que no hay que desaprovechar lo conseguido en nombre de lo poco que falta por conseguir. Si los Congresos de Ecuador y Perú rechazaran la carta de los Garantes, es obvio que todo se echaría por la borda, los Garantes (fatigados hace tiempo con el tema) se retirarían, y el caso adquiriría una dimensión internacional donde el interlocutor principal (y eventualmente único) sería en la práctica los Estados Unidos, tal como viene ocurriendo en los contenciosos que amenazan regional o planetariamente la paz mundial.

Imagen virtual de un final feliz. Fujimori y Mahuad rodeados de auspiciosos Garantes e incluso de bendición papal. Algunos se juntarán este fin de semana en la VIII Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Portugal.

En este complejo juego de los espejos, que deforma las intenciones reales de las partes en pugna, se culmina por temer que cada uno cede demasiado frente a lo poco que cede el contrario. Ecuador dice que ya arrió las banderas de la soberanía amazónica y que el Perú no ostenta una concesión equivalente. Se dice que ése sería también el temperamento norteamericano. El Perú, en cambio, cree que ha tenido larga paciencia ante el ostensible incumplimiento por parte del Ecuador de culminar la demarcación y que el Tratado de Libre Navegación futuro es una concesión grande que incluso pone en predicamento a la población de Maynas con el gobierno central.
Al final, Tiwinza, un puesto de vigías perdido en la selva profunda, adquiere el valor de un símbolo que, cuando menos, lave afrentas, cure heridas y perdone concesiones.
Según filtraciones sobre el parecer de los Garantes, se plantearía que la demarcación de la frontera común se hará respetando íntegramente lo que dicen el Protocolo de 1942, el fallo de Braz Dias de Aguiar y los instrumentos complementarios (puesto que los garantes no pueden desdecirse de una línea histórica), pero concediéndole a Ecuador el usufructo de Tiwinza como si se tratara de un "Chinchorrito", en referencia al Chinchorro peruano en Arica, es decir propiedad privada del Estado ecuatoriano que no implica soberanía plena. Esta sería una de las barajas escondidas y conflictivas, pero cuya dimensión frente a la solución demarcatoria es pequeña.
El camino parece trazado de antemano, salvo que hasta el momento las reacciones públicas son desconcertantes, no auguran un consenso extendido y pueden politizar en extremo el asunto en el debate parlamentario respectivo.
Hay curiosas divergencias en la forma que se lleva el asunto en Ecuador y el Perú. Mahuad es la apertura máxima y el respeto a un mínimo de la ortodoxia jurídica y procesal. En el Perú, la verticalidad es la norma con algunas pequeñas concesiones para que el canciller trate de persuadir a comunicadores y opinión pública. En Quito, la batalla parlamentaria será ardua. Mahuad no las tiene todas consigo y depende mucho de lo que hagan y digan sus aliados (principalmente Jaime Nebot, Rodrigo Borja, Oswaldo Hurtado). En Lima, la mayoría oficialista puede reeditar la imposición que ya practicó con ocasión del referéndum, es decir las cosas se hacen a rajatabla. La población ecuatoriana y los medios de comunicación se muestran particularmente razonables con la posición de Mahuad. En el Perú, en cambio, los medios están divididos y lo mismo la opinión pública, en una buena medida porque la administración de Fujimori, como los organismos longevos, empieza a sentir aceleradamente el peso de los años.

CUANDO, DONDE, COMO

Nadie coincide en que se esté en el limbo en materia de lo que propondrán los Garantes. Es decir, los estados mayores (presidentes, cancilleres, equipos técnico jurídicos) saben ya lo que se les viene. Pudieron los presidentes suscribir un acuerdo, sin que mediaran tan explícitamente los Garantes, pero los respectivos consensos internos habrían sido más difíciles y, eventualmente, podría haber sido resistido cuando menos por el Parlamento ecuatoriano.
¿Quién y cuándo tejió la estrategia? Algún día, alguna memoria de un actor ya en la merecida jubilación lo revelará, pero hasta ahora las presunciones son que los Estados Unidos, y particularmente Luigi Einaudi es uno de los que afinaron simulaciones tácticas y estratégicas hasta conseguir el efecto deseado.

Luigi Einaudi, Fernando de Trazegnies, Yvonne Baki (embajadora ecuatoriana en Washington) y el embajador Jorge Valdez luego de la reunión con Clinton. Así cualquiera se entiende.

De manera gruesa algún miembro del oficialismo decía, fuera de cámaras, que Fujimori había primero neutralizado a los halcones militares y luego a los estáticos tradicionalistas de Torre Tagle para obtener el paso pragmático que ha llevado a la paz. Es concederle mucho a un mandatario que si bien le gusta el juego y el arrojo apostador no puede aventajar a los aparatos diplomáticos que movilizan Washington o Itamaraty, para mencionar ejemplos.
Estados Unidos ha logrado que imperen realismo y pragmatismo en todo este trámite. La trama diplomática ha tenido un tiempo de auspicios económicos, de promesas de inversión, incluso de calificación política (Washington, por ejemplo, podría ser menos crítico ante la conducta autoritaria del régimen fujimorista). Los organismos internacionales han dejado entrever que muchas cosas se facilitarían, en estos tiempos de carestía de capitales, si la paz impera entre Ecuador y el Perú.
La apuesta por la paz asumida por Fujimori es arriesgada, controversial y aunque tenga resultados felices, continúa provocando contrastes innecesarios y amenazantes. El primero, la postración de Torre Tagle. El segundo, el no haber sido más atento a los planteamientos de la selva peruana y más específicamente de Loreto. El tercero, el creer que la opinión pública ha terminado por aceptar, fatalistamente, el caballazo.
El que llegue la paz con Ecuador no borra estos extremos y cada uno de ellos debe ser atendido con un cambio de actitud política que los resultados electorales municipales reclaman a todas luces.
No son días para la autosatisfacción del régimen los que vienen. Se ha comprometido al Estado peruano y hay más de una corriente crítica al proceder de la diplomacia presidencial. César Hildebrandt ha dicho que se ha pasado de la certeza a la política del ojalá. No hay Estado que pueda depender tantas veces de esta práctica, signo de debilidad invertebrada. El juego no es el juego sino la racionalidad, la institucionalidad, la parte democrática. Fujimori ha comprometido al Estado peruano y los peruanos tenemos que desear, fervorosamente, que todo vaya bien, pero también advertir que hay procedimientos a futuro que deben estar regidos por la democracia. Ojalá ganemos todos. Esa es la ruleta de la verticalidad y el autoritarismo.


Encuentro de Voces
CARETAS consultó a cuatro expertos sobre la posición de los Garantes de pedir consentimiento a los Congresos del Perú y Ecuador para terminar con el problema limítrofe. Tres fueron las interrogantes:
1. ¿Está de acuerdo con que el Congreso peruano apruebe de antemano, la propuesta que harán los Garantes, sin conocerla?
2. Si la propuesta implica crear dos parques nacionales -en ambos lados- y Tiwinza quede en lado peruano ¿estaría de acuerdo?
3. El Tratado de Libre Navegación debe formar parte de la propuesta que harán los Garantes.

A Favor

Historiador Félix Denegri Luna

1. Estoy de acuerdo porque no se trata de firmar un cheque en blanco, ya que los Garantes deben estar bastante cansados. Con este problema no estamos hace 50 años, sino desde 1842 por lo menos. Después de la propuesta de los países, ellos presentarán una fórmula que sí es obligatoria, pero que tiene que pasar por la ratificación de los Congresos. No seamos tan maniqueos entre los buenos y los malos, y es tiempo que dejemos atrás actitudes patrioteras, chauvinistas.
2. En la propuesta que van a hacer los Garantes, y cuando se llegue a la paz, algo se va a necesitar hacer en la frontera. Una posibilidad es la de los parques nacionales. Sobre Tiwinza no hay discusión.
3. Este Tratado viene desde la época de Echenique y consiste en dar una posibilidad de salida y navegación al Ecuador por el Amazonas. No debe formar parte de la propuesta de los Garantes.

En Contra

Embajador Hugo de Zela Hurtado.

1. No podemos aceptar una situación de esa naturaleza, donde los Garantes con criterio vinculante (obligatorio) van a dar su parecer en un tema que no se conoce. Al haber asumido está posición los Garantes, éstos dejan de serlo, como señala el Protocolo de Río de Janeiro, y se convierten en árbitros.
2. Personajes ecuatorianos como Moncayo quieren retener Tiwinza como trofeo de guerra a como dé lugar, por lo que mal haríamos en otorgarle esa carta blanca a los Garantes.
3. El Tratado de Libre Navegación no debe formar parte de la propuesta de los países garantes, ya que con la resolución de Buenos Aires se llegó a un acuerdo sobre esta materia, por lo que esta parte no debe estar incluida en el consentimiento que se le debe dar a los Garantes para su decisión.

Historiador Ernesto Yepez del Castillo

1. De hecho, no estoy de acuerdo.
2. Son dos cosas distintas. En todo caso Tiwinza es peruana y tiene que estar en el lado peruano.
3. No. Lo que cabe respecto a ese Tratado es una negociación directa entre los dos países, puesto que afecta el futuro de ambos. Esto requiere debate y participación de todas las partes interesadas, sobre todo Loreto.

Depende

Embajador Gonzalo Fernández Puyó.

1. ¿Cuál es la garantía que tenemos al hacer vinculante la propuesta de los países garantes que está establecida en el Protocolo de Río de Janeiro y en el Acuerdo de Santiago? Cierta respuesta se refiere al Protocolo y no sólo al marco de fórmula de arreglo. Esto es un principio de garantía, pero necesitamos alguna seguridad más.
El Protocolo no habla de de una situación de vinculantes de los Garantes. El deseo es que termine esto, sino los Garantes de acuerdo al Protocolo y el Acuerdo de Santiago quedan al libre albedrío. Ya que ellos ven que no vamos a llegar a ningún acuerdo.
2. Tiwinza está de lado peruano. De primera impresión creía que entregábamos un cheque en blanco. Si los Garantes se ponen de acuerdo en los pareceres técnicos que ellos se pronuncien.
3. El Tratado de Libre Navegación es un encargo del propio Protocolo de Río. Se dan facilidades al Ecuador. Igual a las que tienen Colombia y Brasil. Lo que se otorgue cuando se firme un nuevo Tratado necesita pasar por el Congreso para su ratificación.