La Dama de Quito




La Dama de Quito
Detrás del Cristo morado, una virgen ecuatoriana.

La Virgen de la Nube, compañera de andas del Señor de los Milagros, fue traída a Lima desde el Ecuador, regularizándose su culto público en Quito y en Lima en el año 1697. Entre sus múltiples gracias los devotos usan pedirle salud, trabajo, valentía y el cuidado de la patria.

LA milagrosa aparición data de 1696. Estando gravemente enfermo y desahuciado el obispo de Quito don Sancho de Andrade y Figueroa, se organiza una procesión del Rosario desde el pueblo de Guálupo a la Catedral de Quito en favor de su salud. La imagen de la Virgen de Guálupo era conducida por 500 fieles rezando el Rosario. En el camino de regreso, casi a las cinco de la tarde los devotos observan la siguiente aparición conformada por nubes, según la declaración de don Mateo de Mata Ponce de León, presidente de la Real Audiencia: La Santísima Virgen María, de gran tamaño, posada a la altura de los pueblos de Quinche y Guálupo e inclinada hacia la ciudad de Quito. Ceñía regia corona, en el brazo izquierdo descansaba su hijo y en el derecho empuñaba un ramo de azucenas a manera de cetro. La aparición duró a lo largo del Gloria al Padre, el anuncio del tercer misterio gozoso, el Padre Nuestro y el Ave María siguientes. Para completar el milagro el obispo sanó inmediatamente y del todo.

Devotas como Nelly y Margarita van Oordt acuden por cientos al templo. Derecha: Visión apocalíptica coronada de estrellas y con la luna bajo sus pies.

Reparando en las nacionalidades los devotos revelan sus experiencias religiosas. José Antonio Vallarino, patrón del anda hace nueve años y arquitecto de profesión opina: "Me parece muy bien. Antonia Lucía, la fundadora, era de Guayaquil. El Perú y el Ecuador no estaban separados, y la Virgen de la Nube debe haber entrado a las andas en la misma época". Todos en la Iglesia de las Nazarenas opinan que Nuestra Señora de la Nube es bellísima y que es un privilegio poder admirar las andas de tan cerca. Margarita van Oordt es fiel a la tradición de toda su vida y lleva los hábitos morados: "Pensar que es ecuatoriana. Creo que le tenemos la devoción que se debe tener. Yo soy paciente de cáncer del hospital Almenara y a mí la fé me hace caminar por todos lados. La quiero porque está atrás del Cristo. No importa que sea ecuatoriana, chilena o colombiana". La señora Hilda, también con hábitos relata: "Yo sé que es bien milagrosa. Ha hecho ver a los ciegos. Una vez en procesión se levantó una señora en silla de ruedas. Yo la estaba llevando". Los vendedores de santerías tienen opiniones disgregadas: "Qué podemos hacer, qué tiene que ver, uno de todas maneras es devoto" comenta Silvia. "Yo no sabía pero está bien. Son cojudeces, es una hermana". dice Juan Carlos. También los hay escépticos, como Jaime: "Como va a ser, señorita..., ¿ecuatoriana?". Eduardo, que tampoco sabía, opina: "Espero que eso sirva para ayudar a la paz entre los dos países y que se acabe de una vez el conflicto, hay que rezarle a ella que es de allá". Una viejita que parece haber nacido vendiendo escapularios se limita a decir que la Virgen es una sola. Una hermana de las Hijas de María Inmaculada, que vende tamalitos me explica: "Nosotras estudiamos que la Virgen es nuestra madre y no tiene que ver que sea ecuatoriana. La Virgen nos quiere a todos no, importa de dónde seamos. Ella nos mira el alma". La señora. Gina opina que sería mas bonito que fuera peruana. Que ella no tiene nada en contra del Ecuador, pero le gustaría más una virgen paisana. Entre los fieles encontramos a José, al cual la cuestión le es completamente indiferente. Un estudiante universitario agrega que el fenómeno es típico de Latinoamérica y que en ello radica su belleza. A Renato la cosa le parece más bien graciosa, cómo le va a importar.
Si bien la creencia popular ubica a la Virgen de la Nube como un culto de 1800, aparentemente la fundadora del Convento de las Nazarenas, ecuatoriana de nacimiento, habría traído la devoción en 1600. En esa época circularon también en el Ecuador muchos óleos retratando a esta Virgen y uno podría haber llegado al Perú. Para la simbología cristiana la Virgen de la Nube significa: comunicación, que esperamos se obtenga con el flamante ministro. Acompañamiento, de paz que se desea para el Perú, y fecundidad, deseada por todos para el Protocolo de Río. Amén.