China Tudela


Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Ay, Segundo Primo De Canciller
AY hija, o sea, la verdad que si me pusiera responsable debería escribir hoy sobre la cumbre de Oporto, porque me tiene súper preocupada el mail que me ha mandado de allá una persona, pucha, que está en la delegación oficial de El Innombrable, ¿ya?, y dice que el segundo día de la Cumbre, después de un almuerzo a lo bestia, escuchó al rey Juan Carlos que le comentaba a Tony Blair más o menos lo siguiente:
- Pues por mí que el chinito y su vecino el moro se las arreglen de una vez, coño, para irme a hacer la siesta porque el Madeira ha estado tan bueno como excesivo y eso de pasarse una tarde entera escuchando hablar de mojones en la selva, lo dejo para los exploradores...
Pero hija, estoy un poco fatigueé de ser tan responsable, así que sin dejar los temas de la realeza, o sea, mejor te voy a contar mis impresiones de la juramentación de Fernando, a la que llegué con las justas porque entre el paciente de ese día (Jacko, todo él es una diáspora), y un tráfico del carajo a la salida del Zanjón, qué quieres que te diga, o sea, entré cuando El Malísimo le tomaba el juramento a Fernando y me puse detrás de la Gamboa y de Martucha, ag, para pillar el siguiente dialoguete, escucha tú nomás:

- Oye Martha, me han dicho que éste tiene algo que ver con la Orden de Malta, te lo advierto para que a la hora de los bocaditos no vayas a agarrar nada de queso fresco porque te da la fiebre malta y ahí sí olvidate de tus viajes...
- Todos sabemos que tú estudiaste media comercial, Carmencita, pero ni eso te da licencia para decir lo que has dicho. Mira, para que lo sepas, la Orden de Malta es un club de catadores de cerveza negra, ¿no ves que al Canciller le ha salido barriguita de chelero, igual que a mi marido?
Bueno, apenas pude abrirme paso pensando que ya me salía de la cazuela cuando, o sea, me doy cara a cara con Espichán, que debe haber pensado que yo era Milagros (si desde chicas siempre nos confundieron entre nosotros, ¿te imaginas lo idénticas que seremos para Espichán?), y se me mandó con una besada de mano a la española con doble voltereta, ósculo dorsal de yapa y efecto sonoro con reverberación en octava que te lo juro, o sea, terminé con la mano roja como un tomate y las ideas sobre este mi país, más entreveradas que nunca.
En fin, hija, pasados estos avatares llegué donde Fernando para saludarlo como se debe, es decir, tal cual nada hubiera pasado, porque eso de que te nombren canciller no es sino un accidente en tu apellido, mientras que la gente que no lo sabe, pucha, lo felicitaba al primo como si se hubiera ganado el Nobel de la Paz. Así, o sea, Larrabure le dio unas palmadotas de general que al pobre Fernando le debe haber aparecido secuela asmática, mientras que Portillo lo barrigoneó a su antojo deseándole toda suerte de parabienes, y la Torrejón, hija, que como es bien buena, pucha, le entregó así caleta nomás... ¡una ramita de ruda sacada de su propio jardín!; y claro, o sea, cuando después el pobre primo tuvo que darle la mano al embajador de los Países Bajos, pucha, debe haber pensado que al día siguiente en Maastrich se iba a comentar que el flamante nuevo canciller de por acanga, o sea, muy distinguido y bien hablado será, pero en lugar de desodorante se pone bórico, no sé si me entiendes. Pero en fin, hija, entre nosotros las cosas sí fueron súper emotivas y me encantó que toda la familia se pudiera tomar una foto junta, no lo hacíamos, ay no sé, o sea, desde que a nuestro papapa le dieron en el Palacio de la Moncloa el marquesado de La Laguna; yo tenía cinco años y Fernando treinta y a pesar de la diferencia de edades, pucha, los dos entendimos todo. Me acuerdo que allí estuvo también Pancho Tudela y claro, o sea, nadie se iba a imaginar que habría de pasarnos todo lo que nos ha pasado, queso fresco, besada de mano y palmazos castrenses en la espalda incluidos. Pero such is life in the tropics. Chau, chau (Rafo León).