
La Apuesta de Oporto
Sí, en efecto, la primavera arriba para el Perú y el Ecuador, habrá que celebrar el arrojo de los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori. Reconocer hidalgamente que acabaron con un lastre y abrieron el nuevo milenio con un gesto perdurable. Pero al mismo tiempo, en lo que toca al Perú, las lecciones del pasado deben servir para que la construcción de la paz tenga bases firmes y no sea sólo producto del apremio. La demarcación de la frontera faltante es el punto de partida, sin la cual nada avanzará y, por lo mismo, debiera ser realizada en plazos perentorios que ojalá los garantes exijan. Luego viene el tema de los tratados derivados (Libre Navegación, Integración Fronteriza) que, en lo fundamental, no deben dejar resquicio para un futuro con problemas. Quizá gane la paloma pero no hay que dejar de ser lechuza.
Gestos adustos en la VIII Cumbre Iberoamericana de Oporto, Portugal. Pasadas las sonrisas fotogenicas, empezo la cuenta regresiva. Tanto Mahuad como Fujimori se embarcan en raudas giras. Menen y Frei bajo presion, Cardoso espera en Brasilia.
EL conflicto del Cenepa en 1995 fue predominantemente aéreo. Ahora la paz -y no precisamente para evocar a la emblemática paloma- también se está fraguando mediante el uso intenso de la vía aérea.
Al cierre de esta edición, apenas desembarcado del avión que lo trajo de Oporto, 30 horas después, el presidente Alberto Fujimori enrumbaba a Buenos Aires y Santiago, pisándole los talones a Jamil Mahuad, el mandatario ecuatoriano que ha convertido la franqueza en el mejor instrumento de su hábil diplomacia.
Ni Mahuad ni Fujimori pudieron ocultar su enorme satisfacción cuando una sostenida ovación el sábado 17 de octubre de los presidentes iberoamericanos en la Cumbre portuguesa de Oporto traducía los buenos deseos de la comunidad americana y peninsular.
En su interior, sabían que se cerraba un capítulo decisivo -la llamada "diplomacia presidencial"- y se abría una taladrante incógnita.
Contra lo que se pensaba en los círculos políticos de Quito y Lima, ambos mandatarios ignoran completamente lo que propondrán los Garantes (ahora convertidos en árbitros), limitándose a sostener fervorosamente esperanzas, buena fe y valetudinaria apuesta.
La política es una apuesta, se dirá como quien habla con suficiencia de ruletas y garitos. Y puede que, en efecto, haya en el gesto arriesgado de Fujimori (jugador de raíces orientales) y de Mahuad (no en vano de netos orígenes libaneses) la irreprimible vocación del todo o nada.
Ello no significa que, pese a la cercanía de una solución resonante, los ciudadanos del Perú y Ecuador no continúen desconfiando los unos de los otros, no persistan recordando que en los 56 años últimos se han acumulado rencores y reproches mutuos, no traten hasta el último de inclinar la mano de los Garantes para obtener resoluciones favorables para una de las partes.
Si la paz llega, cuando menos en el cumplimiento de lo estipulado por el Protocolo de Río de 1942, va a llegar dejando en Lima y Quito un sabor amargo.
En el Perú el argumento tranquilizador es que no se perderá territorio alguno en el trazo de la frontera común de los 78 Km. faltantes de demarcación. Que las concesiones que pudieran haber serán, en consecuencia,materia de los tratados de Libre Comercio y Navegación y de Integración.
Que, en el peor de los casos, tal vez se pierda Tiwinza, creándose un pequeño territorio con estatus especial, en señal de respeto y de recuerdo por los caídos de ambos bandos.
Otra situación inquietante es la eventualidad que los Garantes persistan en su propuesta de un parque binacional a lo largo de la Cordillera del Cóndor, que no tendría objeto si hay demarcación y que podría constituir nueva fuente de problemas si además se desmilitariza, como acreditan versiones múltiples. (El lunes 19, Folha de Sao Paulo, daba de nuevo esa versión).
Finalmente está el asunto de los dos terrenos para facilidades portuarias, aduanales y de transformación de productos y de una carretera de acceso al puerto de Iquitos, que hay que sopesar especialmente en función de la población loretana.
Premier Pandolfi: se vio en apuros frente al caso de la renuncia de ex canciller Ferrero.
Los peruanos con esas seguridades piensan que Ecuador llevaría la peor parte y que, por lo mismo, hay que estar con el ojo avizor frente a lo que pudieran hacer los hijos del Guayas.
No fue un gesto auspicioso el texto aprobado por el Congreso ecuatoriano la madrugada del viernes, aun cuando después haya habido explícitas aclaraciones de Mahuad en Portugal.Tampoco lo es el ir corriendo a Buenos Aires y Santiago a último minuto para tratar de ganarse alguito. O decir que Tiwinza es ecuatoriano y alegar reiterativamente que Ecuador espera equidad, cuando ya se les entregó a los Garantes la anuencia para que resuelvan mediante mandato imperativo una solución constructiva.
Y todo eso ha hecho Mahuad en el lapso de dos días. ¡Qué no hará en las dos semanas que faltan para la suscripción del acta presidencial final!
Por el lado de la Cancillería y de Palacio de Gobierno de Lima hay una confianza, un optimismo que puede confundirse con la satisfacción del ingenuo y que por lo mismo preocupa.
Ecuador demuestra que no dejará escapar un minuto en su campaña de presentarse como el gran sacrificado de este asunto. Hace teatro a todas luces para ver si convence a los Garantes de que no habría "equidad" si se respetan los derechos del Perú, en cumplimiento del Protocolo de 1942.
Y, valgan verdades, Ecuador no sacrifica nada. Simplemente corrige un terco y prolongado error.
Si alguien tendría que reclamar es el Perú, que ha sufrido no sólo el desconocimiento de una obligación internacional (después de haber aceptado los términos del Protocolo y la presencia de los Garantes, sugerida para decirlo diplomáticamente por gestión norteamericana) sino reiteradas invasiones ecuatorianas, incluyendo la barbarie del minado de una extensa área del Cenepa.
Posiblemente la situación de hoy sea promisoria (como puede serlo confiar en un número de la ruleta), pero eso no debiera hacernos perder de vista que si el fallo es con arreglo a derecho, se abre otro largo camino no menos arduo que el que separa la Declaración de Paz de Itamaraty (1995) a los aplausos de Oporto.
Alberto Fujimori desearía que los aplausos se multiplicaran en el país.Y eso no ocurre, simplemente, porque al manejo poco ortodoxo, como se ha dicho hasta la saciedad en todos los sectores ciudadanos, se añade una información a cuentagotas que nos quiere inducir a una digestión trabajosa de algunas súbitas "sorpresas."
¿Comprenderá alguna vez el Presidente que no se puede tratar a los peruanos como personas que no alcanzan la mayoría de edad?
Nadie puede negarle al presidente Alberto Fujimori arrojo y decisión en el tema, aún pisoteando Torre Tagle y desprendiéndose de hombres que como Eduardo Ferrero supieron decirle no en su momento.
Pero la paz no es un asunto de coyuntura.
La experiencia histórica demuestra que Ecuador no ha cumplido en el pasado con compromisos tan sagrados como el que se avecina. No ha cumplido y, además, ha querido sacar tajada, llevando el caso a foros internacionales y en procura de que el Protocolo no fuera el cerco jurídico que lo atenaza.
Para Ecuador el diferendo con el Perú ha sido la tuerca eficiente que le ha permitido montar una política nacional múltiple, en la que la variante diplomática era una carta junto con una política de fronteras, militar, educativa y de desarrollo de la región selvática.
La estrategia ecuatoriana es de 56 años,en la que este acuerdo de paz es sólo un paso en su política de expansionismo amazónico, con el concurso no sólo israelí sino (a veces) de países garantes que, como el Chile de Pinochet, hicieron docencia militar, o como Argentina separaron su buena fe del negocio de las armas.
No lleva trazas de amainar el repudio de la Amazonía sobre acuerdos que la afectan y no conoce ni de vista. Al lado, alcalde de Iquitos Chávez Sibina, líder de protestas.
¿Todo eso va a cambiar de la noche a la mañana, con el esplendor del amanecer de la primera noche de bodas?
El Perú se aproxima a la paz y ni siquiera se ocupa de explicarle a los ciudadanos de Maynas, de Jaén, de Tumbes y Piura de qué se trata, provocando indirectamente la protesta de pobladores patriotas.
¿Puede alguien creer que el debate sobre Libre Comercio y Navegación o el de Integración Fronteriza no tendrá las características (apremiantes y fideistas) del de la respuesta al pedido de los Garantes?
Se aducirá que no hay tiempo que perder, que la paz es como un tren inglés que no espera, y que además está la aceptación vinculante de los términos decididos por los Garantes.
En el plano de las realidades, nada cobrará forma mientras no se inicie y culmine la demarcación, mientras las zonas desmilitarizadas y de vigilancia no sean tierra de nadie, mientras el minado en territorio peruano impida que ejerzamos nuestra soberanía.
Nadie deberá cantar victoria después de que se llegue a la paz formulada por los Garantes, pero es mejor empezar a pensar en qué forma, lo más expeditiva posible, Ecuador se allanará a cumplir con sus obligaciones. 1998 no es 1942, es cierto, ¿pero realmente lo acepta Ecuador? ¿Y después del acuerdo de Itamaraty que se dice se suscribirá dentro de 15 a 20 días, qué harán los Garantes? ¿Vigilar de nuevo, solamente? ¿Hasta cuándo son imperativos sus acuerdos?
¿Y si Ecuador incumple o no acepta lo acordado? Ya lo hizo una vez, y pasaron 56 años. Eso es imposible ahora, responden los estrategas de la acción fujimorista. Porque los ojos del mundo están alertas. Mejor sería que confiáramos en nuestros propios ojos y exigiéramos cláusulas de seguridad de que las recomendaciones vinculantes de los Garantes se honrarán a plenitud y en plazo fijo.
En otros términos, si se trata de mirar hacia adelante en la perspectiva de que los Garantes respetarán el marco del Protocolo de 1942, que es el que les da carta de ciudadanía, por así decirlo, es mejor prepararse para ese futuro. La actual administración, por otra parte, no deberá olvidar que la ejecución de lo acordado corresponderá en buena parte a otro gobierno y, posiblemente, a otro tipo de maneras democráticas y consensuales. Hay también minas políticas que no se pueden dejar sembradas por un efectismo de corto plazo.