
El Bienestar Según Un Nóbel
Amartya Sen, premio Nobel de economí 1988 por su lucha contra la pobreza. En el Perú Javier Iguiñez introduce su propuesta del bienestar.
En medio de un mundo que se debate en una crisis financiera, la humanidad intenta hallar respuestas y soluciones para resolver el problema económico. En este contexto emerge la figura de Amartya Sen, economista y filósofo que ha obtenido el máximo galardón de la Academia Sueca. Su trabajo ha logrado influir en los textos y los estudios internacionales sobre desarrollo humano y calidad de vida.
Javier Iguiñiz gracias a el se conoce a Sen en el Perú.
Amartya Sen, premio nobel de Economía 1998. Fue testigo de la hambruna en la ciudad de Bengala en la India. Ahora, lucha contra la pobreza.
Pero, es la denominada "economía del bienestar" por donde más ha influido Sen en el mundo, sobre todo en los estudios e informes internacionales sobre el desarrollo humano, como en el de los organismos de Naciones Unidas.
"Una de las tesis que maneja, nos dice Iguiñiz, en ese estudio fundamental de pobreza y hambrunas, es que las grandes hambrunas, la causa principal no fue la escasez de alimentos, sino un fenómeno económico. Es decir ausencia de una política económica que podía evitar esto".
Máximo Vega Centeno, miembro del Departamento de Economía de la Universidad Católica también refiere que otro de los aportes de Sen tiene que ver con su concepción sobre el empleo. "Para él, dice, el empleo es una contribución a la producción, ayuda a la generación de ingresos, pero también tiene una significación social, además de sus teorías sobre la familia con un contenido social y humano, y la teoría del crecimiento".
Iguiñiz, quien en 1992 fue alumno libre en las clases que dictaba Sen en Harvard, recuerda que el premio nobel en algunas ocasiones preparaba debates públicos en el aula con expertos que discrepaban diametralmente de sus tesis. Una de ellas fue la discusión que sostuvo con el filósofo Robert Nozick, y donde los alumnos preguntaban y tomaban posición, libremente, sobre lo que se discutía.
Amartya Sen cambió la tradicional manera de entender la economía del bienestar que existía en el mundo, que entendía que el desarrollo de las personas tenía relación directa con el acceso que pudieran tener a los bienes.
Por el contrario propone que el ser humano es el fin último de la economía, por lo que los bienes deben potenciar las capacidades de las personas. Por eso una de las preocupaciones últimas de Sen es cómo se puede vincular la ética con la economía. Esto según Iguiñiz contradice la vorágine que existe en América Latina al concebir el desarrollo como una adopción de estilos de vida de los países occidentales.