El Poder en el Aire




El Poder en el Aire
Los cubileteos previos a la propuesta de los Garantes han lanzado a Fujimori nuevamente a las alturas. En lo que va del año, ya van más de 50 viajes.


En los próximos días, Alberto Fujimori emprenderá viaje a Canadá, luego de haber estado en Oporto, Portugal, para la VIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y en Argentina y Chile, para conversar con los países garantes. En noviembre partirá hacia Malasia, para la incorporación del Perú al Foro Económico Asia Pacífico. Resulta asombroso que maneje los copiosos asuntos concernientes a su cargo de avión en avión y de continente en continente. Pero no nos preocupemos, en el mundo moderno (y en la mente del mandatario) todo tiene solución.

DICEN que en algunos viajes se suele dormir, al punto que cuando el avión ha llegado a su destino tienen que despertarlo para que encabece el descenso de su comitiva. Otras veces, en cambio, tras un maratónico Consejo de Ministros, que empezó a las 8 de la noche y terminó a las 3 de la mañana, Fujimori está a las 8 de la mañana, cansado pero enhiesto, dentro de la cabina privada que tiene en la nave presidencial. Por lo general, lo acompaña Carlos Orellana, su fiel secretario de prensa desde que asumió la presidencia en 1990, así como su edecán, función que rota entre oficiales de las tres armas. El resto de la comitiva, de adelante hacia atrás en el interior del avión, lo conforman algunos ministros e invitados, su médico y sus efectivos de seguridad y, al final pero no por eso sobrando, la prensa: la cercana, la adicta, la sobria y a veces la de oposición.
Cada grupo va en su compartimento, disfrutando de las comodidades del caso (que varían también de adelante hacia atrás), y en el seno de la cabina presidencial van algunos adminículos imprescindibles: un teléfono satelital; un maletín de cuero de tipo artesanal, de color oscuro, con una pequeña franja de tela incaica; y eventualmente una computadora lap-top.

El Presidente bajando del avión en uno de sus tantos viajes. Lo único que le falta es besar el piso.

El teléfono satelital fue utilizado recientemente, de emergencia, en Iquitos, para confirmar si, en efecto, la renuncia a quemarropa de Eduardo Ferrero era una realidad. Se trata de un aparatito que va en un maletín y funciona con una antena que hay que orientar en dirección a los satélites. Todo indica que está a salvo de chuponeos. Recibe asimismo llamadas, para lo cual cuenta con un número que, hoy por hoy, debe ser uno de los mayores secretos de Estado. Ida y vuelta. Flujo y reflujo. Esta es una de las vías que el actual presidente usa para, llamada tras llamada de él o su edecán, estar al tanto de lo que ocurre allá abajo y, más concretamente, en Palacio.
Ya en tierra, las embajadas se ocupan de la agenda del presidente y, además, de mantenerlo informado. Le entregan los faxes que reciben con las principales informaciones aparecidas en los medios peruanos y, cuando el caso lo amerita, en medios extranjeros. Si está dentro de América, puede recibir algunas publicaciones por vía aérea, aun cuando, como en la canción, se trate de periódicos de ayer.
Una vez desembarcado, Fujimori apela a los medios que usamos algunos mortales de a pie: el Internet y las llamadas internacionales. Es un apasionado de la tecnología y el trabajo (mejor no hablamos del otro lema de su campaña primigenia), aunque también de la prudencia, de modo que es posible que, ante el riesgo de los fisgones que merodean por la infovía, no se exceda usando estos medios. Esta dinámica presidencial ha generado, también, algunos cambios estructurales en la relación con ministros y allegados. Antes, en los albores del fujimorismo, los consejos ministeriales se realizaban cuasi religiosamente los jueves, en tanto que los miércoles el novel mandatario se gastaba media hora con el titular de cada cartera. Actualmente, esta aplicada costumbre ha pasado al olvido. Los consejos se realizan cada vez que el presidente los convoca, o mejor dicho cada vez que está en Lima, por lo general de noche y, como ya señalamos, suelen extenderse hasta la madrugada. La práctica de reunirse con cada ministro ya no es sistemática, ocurre cuando hay algo que se considera importante, urgente.
No es casual, por eso, que los ministros que han frecuentado más al presidente en tiempos recientes han sido el de Economía y el de Relaciones Exteriores. Se dice incluso que un mapa de nuestra frontera conflictiva siempre camina por su maletín, listo para ser puesto en la mesa, cuando, por enésima vez, tenga un encuentro con Mahuad.

Ricardo Márquez, vicepresidente siempre listo.

Otro asunto que surge como consecuencia de esta vida viajera es el papel que cumple el vicepresidente Ricardo Márquez, quien, en las innumerables ocasiones en que Fujimori viaja, funge de mandatario. Algunos juristas señalan que ha rebasado sus atribuciones ; otros, que simplemente cumple con su deber.
El doctor César Valega, por ejemplo, recuerda que, en su artículo 115, la Constitución dispone que el vicepresidente se "encarga del despacho" cuando éste viaja fuera del territorio nacional. De acuerdo a él, eso implicaría firmar resoluciones supremas o recibir las credenciales de un nuevo embajador, pero no ejercer "funciones de gobierno", por ejemplo promulgando una ley.
Márquez, no obstante, ha firmado algunas leyes (ver recuadro), hecho que, de acuerdo al jurista Domingo García Belaunde, está plenamente dentro de sus facultades. "Los vicepresidentes ejercen todas las funciones del presidente", afirma, descartando cualquier riesgo de inconstitucionalidad.
Como fuere, parece claro que "las cosas gordas" -el asunto Perú-Ecuador, por ejemplo- Fujimori nunca las deja en manos de Márquez. Aún así cabe preguntarse cómo es que el país viene funcionando con esta lógica de un ejercicio del poder casi desde el aire y con eventuales paradas en Lima.
Según los neurólogos, el "jet lag" sólo produce pérdida temporal de la capacidad de concentración y olvidos (acaso como el de la libreta electoral a la hora de votar); lo que no sabemos es si esta suerte de control remoto presidencial no implica, en último análisis, sumergirse en un sueño que impide ver dónde están los límites de la realidad y de cualquier gobernante (R.E.).


Vicelánea
DESDE que empezó el segundo período de Alberto Fujimori y debido a su cerca de medio centenar de viajes, el `presidente' Ricardo Márquez ha rubricado (ejercicio distinto de firmar) 33 Resoluciones Supremas y 3 Decretos Supremos, y ha firmado 3 leyes, entre ellas una referida al quórum del Tribunal Constitucional, aprobada por el Congreso luego de la destitución de los 3 magistrados que emitieron una resolución contra la candidatura del actual presidente.
De las resoluciones supremas, 27 (vaya casualidad) son para autorizar viajes de distintos funcionarios, una es para aprobar una donación de China Popular, otra es para ampliar un viaje del canciller y otros diplomáticos a Malasia, otra para encargar el despacho de Economía y Finanzas al Presidente del Consejo de Ministros y otra para encargar la presidencia de este último organismo al ministro de Justicia. Una más es para dictar disposiciones sobre la renovación y expedición de pasaportes diplomáticos.
La actuación más polémica de Márquez, sin embargo, ocurrió cuando rubricó el Decreto Supremo No. 004-97-IN que aprueba el Reglamento de la Ley de Nacionalidad y que fue el corolario de toda la estrategia montada por el Gobierno para dejar fuera de juego a Baruch Ivcher.