CONTROVERSIAS




De Mentira en Mentira

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

ENSOMBRECIDA por los muertos y heridos de Iquitos, la firma del acuerdo con Ecuador el lunes pasado ha dejado un sabor amargo en el pueblo peruano, a pesar de la gigantesca campaña de manipulación de la opinión pública lanzada por los medios controlados por el gobierno. Y es que en el Perú la negociación se ha caracterizado por el secreto y el engaño a la ciudadanía, a diferencia del Ecuador, donde el presidente Jamil Mahuad y el canciller José Ayala realizaron una persistente labor de difusión y construcción de un consenso. El presidente Alberto Fujimori dio la cara al pueblo peruano por primera vez el viernes 23, cuando ya todo estaba consumado. Y mintió nuevamente, cuando sostuvo que el Perú había ganado "aproximadamente siete kilómetros" en la zona del Yaupi-Santiago. En realidad, se perdieron 34 kilómetros, pues Ecuador mantuvo el puesto Teniente Ortiz.
En el conflicto de 1995, las FF.AA. peruanas trataron infructuosamente de desalojar a las tropas ecuatorianas de esa base, y fracasaron. Por eso ha faltado a la verdad también el canciller Fernando de Trazegnies cuando ha dicho que esa zona siempre fue ecuatoriana. ¿Por qué se intentó desalojarlos entonces en 1995? Ha mentido también Fujimori cuando, intentando justificar la entrega de 100 hectáreas en cuyo centro está la base de Tiwinza, ha dicho que "Tiwinza es un área de 20 kilómetros cuadrados". Falso. Tiwinza es un punto muy concreto y está situado en la intersección de las siguientes coordenadas: 3°ree; 27' 57.1800" de latitud sur y 78°ree; 15' 8.7200" de longitud oeste, en la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor (esas coordenadas fueron proporcionadas por las FF.AA. ecuatorianas y publicadas en la prensa de ese país a fines de enero de 1995 y reproducidas en Lima por el diario oficialista Expreso). Allí estaba situada la base militar establecida por el ejército ecuatoriano, que las FF.AA. peruanas nunca pudieron tomar.

Por eso el punto 2 del fallo arbitral de los garantes, dice que Perú otorgará un área "en cuyo centro se encontrará el punto que el Ecuador proporcionó a la Momep denominado como Tiwinza". Así, los garantes reconocen oficialmente, por primera vez, que fue Ecuador quien les entregó a ellos Tiwinza en 1995.
Queda así demostrado, sin lugar a ninguna duda, que el presidente Alberto Fujimori le mintió al Perú cuando el 13 de febrero de 1995 sostuvo que se había recuperado "un símbolo de la soberanía patria, Tihuinsa".
Al día siguiente la prensa lo celebró. "Tihuinza Liberada", tituló su primera plana Expreso. "Tiwinza es nuestra", La República. "Fuerzas de infantería recuperan la llamada base de Tiwinza. Cayó Tiwinza", El Comercio. Todo era falso y Fujimori lo sabía. También lo sabían, por supuesto, los ecuatorianos. Y los garantes.
¿A quién pretendía embaucar? Solamente a los ciudadanos peruanos, por razones político electorales. No había ningún motivo militar ni estratégico que justificara el engaño, únicamente la manipulación de la opinión pública peruana.
Y es que Fujimori se guía siempre por una máxima: una mentira tapa a otra mentira. Hoy día, cuando su falsedad de 1995 queda en evidencia, confía en que ya nadie se acuerde de ella. Y, a su vez, la cubre con otras falsificaciones.
Como por ejemplo, que se va a ahorrar mucho dinero en armas, dinero que se va a destinar al desarrollo. Falso. Las compras de armas -más de US$ 2,500 millones- ya se hicieron. Esa ha sido una de las adquisiciones bélicas más grandes de la historia del Perú. Y el mantenimiento de esas armas, que tiene que realizarse de todas maneras, va a costar cientos de millones de dólares más. Sería correcto decir que quizás, dentro de 15 años, ya no habrá que gastar tanto en armas. Puede ser. No sabemos cómo estará el mundo en ese momento. Pero no es verdad que el acuerdo va a significar un ahorro inmediato.
Algunos se preguntarán ¿por qué recordar ahora las mentiras de Fujimori en 1995? ¿Qué importa perder unos pocos kilómetros de territorio en zonas inhóspitas? Por una razón muy sencilla. Porque hoy también le está mintiendo al pueblo peruano y no puede construirse una paz sólida y duradera sobre los cimientos endebles de la falsedad y el engaño.
Quizás si Fujimori hubiera dicho la verdad al pueblo, explicando que había que hacer concesiones que van mucho más allá del Protocolo de Río de Janeiro -sobre todo en el Tratado de Comercio y Navegación-, porque el Perú fue derrotado militarmente en 1995, el pueblo lo hubiese respaldado. No lo sabemos. Pero no lo hizo. Prefirió la política del secreto, el engaño y los hechos consumados.
En enero de 1942 se suscribió, en presencia de los garantes, un Tratado que fue ratificado por los Congresos de ambos países. Aparentemente era perfecto y todo estaba resuelto. Eso se creyó entonces. No fue así. Y es que hace falta mucho más que la firma de un pacto para encontrar la verdadera paz y cooperación entre dos naciones.
Eso es lo que está por construirse todavía.
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