Lugar Comun


Por AUGUSTO ELMORE
AL fin llegó la paz, que ojalá sea más duradera que la que se acordó formalmente en el Protocolo de Paz, Amistad y Límites firmado en Río de Janeiro. Lo único que me preocupa es la diferente forma en que el acuerdo fue comunicado en Quito y en Lima. Allá, rostros sonrientes y emocionados hasta las lágrimas, y un Presidente que repitió como en una letanía la palabra Ganamos, seguida de todo o que creía haber ganado (o que habían ganado en verdad). Aquí, rostros adustos, casi sombríos, desde el del Presidente a los de sus ministros, que debieron por lo menos disimular un poco su estado de ánimo, de infundirnos confianza. No ocurrió así, pero ¡qué importa! ¡Que les aproveche a los ecuatorianos el kilómetro cuadrado que le regalaron los Garantes en territorio peruano (que ellos decían suyo)! ¡Que les aproveche su navegación por ríos peruanos! Y ojalá cumplan esta vez lo acordado. Total, como afirmó su ex presidente León Febres Cordero, se acabó para siempre esa patraña de Ecuador país amazónico.
Ahora los países garantes, o mediadores, o como se llamen, deberían estar vigilantes para que Ecuador cambie definitivamente la configuración de sus mapas, de sus libros de texto, de sus cromos y postales. Porque si no, será la de nunca acabar.
Carta personal al Gral. Augusto Pinochet:
"Tú, que te creías el rey de todo el mundo..."
(Ranchera mexicana)
Tocayo: Tú fuiste el ser más arrogante que se ha visto sobre la Tierra, y lo fuiste aún antes de, hay que reconocerlo, haber encauzado la economía de tu país. Rodeado de tu poderoso ejército y de tus fuerzas armadas y carabineros (¿te acuerdas cómo te gustaba decir ¡Buenas noches, guardia!, y sobre todo que te contestaran, como si fueran tus hijitos: ¡Buenas noches, mi general!), despreciabas a tus enemigos, a esos pobres rotos izquierdistas a los que hiciste añicos. Entonces no había nadie sobre la Tierra que te bajara el moño. Eras el general triunfante, señor de vidas ajenas, y aquí o allá sabías hacer callar a tus contrarios: a tu tan digno rival y compañero de armas, el honorable y constitucionalista general Prats, sin misericordia alguna lo hiciste volar por los aires en compañía de su esposa, al igual que al ex canciller Orlando Letelier y a inocente acompañante norteamericana, que no habían matado ni a una mosca. Eran épocas regias para ti, tocayo. En especial porque, como en la ranchera, te creías el rey de todo el mundo: "A ti te había tocado nomás las de ganar". Pero los tiempos cambian, general. Tuviste el cuajo de desafiar al mundo y saliste a la calle, como ni siquiera te atrevías a hacer en tu propio país. Y ahora te atropelló el tranvía de los malos recuerdos. No somos nada, después de todo. Mucho me temo que ni siquiera podrás hacer volar al juez Garzón, como deben tener ganas tú y tus amigos. Ahora, que Dios te coja confesado.
Luego de una calma relativa, los letreros gigantes han vuelto a la carga y uno de ellos acaba de invadir la sufrida berma central de la primera cuadra de la Av. México, en la que, sin compasión alguna, esa empresa desaprensiva a la que nada le importa la estética urbana, ha colocado uno inmenso, de tres enormes lados que parece la torre de control del aeropuerto y no un letrero. Si los municipios, o el provincial, no ponen punto final a este abuso, al cabo de unos años Lima será distinguida por la ciudad de los letreros gigantes y de los grifos de expendio de gasolina. A este último respecto se ha llegado al exceso que en un área que no alcanza en total los 100 metros, sobre la Av. Ricardo Palma, en el límite de Miraflores con Surquillo, se acaban de terminar no uno, no dos, sino ¡tres grifos! (dos en Miraflores, uno en Surquillo). ¡Qué grotesco!
Hablando de abusos de la publicidad, veo que hay muchos candidatos remisos a retirar los avisos, pegados o pintados, que pusieron por todos los distritos con motivo de las elecciones municipales. La señora Mirtha Ramos, aspirante a la alcaldía de Lince, por ejemplo, que hizo pegar afiches con su efigie en uno de los puentes peatonales sobre la Vía Expresa y en cuantas paredes que le salieron al paso, no se ha dado el trabajo de ordenar que se limpie su estropicio. Como ella fue una de las perdedoras, se le debería aplicar una multa, ya. Pero, a los candidatos que fueron electos ¿quién les pone ese cascabel?
Aunque la señora Leoni Roca ha destilado en casi toda la prensa su despecho por el rotundo fracaso de su candidato a alcalde de Lima, anunciando su propósito de hacerle la vida imposible a Andrade, creo que la tarea que le compete a éste debe ser en adelante la de concertar con los integrantes de la oposición municipal, evitando guerras internas que pueden ser nefastas para la ciudad. Salvo que la oposición decida seguirle los pasos a aquellas congresistas que sólo se han ocupado de ponerle piedras, no en el zapato de Andrade como anuncia que hará la señora Roca, sino en el camino. (¿Qué será peor: una piedra en el zapato o una en el camino?). (¿O un hueco en la media, ya que estamos?).
Oponerse a que se abran los cielos del Perú para todas las aerolíneas del mundo -a fin de comunicar adecuada, segura y puntualmente a los peruanos, y a los turistas que ojalá vengan- es una clara manifestación de mercantilismo. Los cielos peruanos no deben ser propiedad de una, o dos, aerolíneas. Son de todos los peruanos. ¡A volar, joven!