La Paz Se Llama Itamaraty




La Paz Se Llama Itamaraty
En ceremonia que conmovió a los asistentes, Perú y Ecuador arribaron a un Acta que, en contraste con reacciones internas en ambos países, satisface al continente.

Hombre de
rápidos
reflejos,
Jamil Mahuad irguió
dos dedos, mientras
Fujimori exhibía
su recién
recibido trofeo de paz.

Foto Víctor Ch. Vargas

Más Allá de Las Firmas...
El presidente Cardoso de Brasil no puede ocultar su complacencia, mientras Mahuad y Fujimori guardan sus lapiceros y Carlos Saúl Menem de Argentina estampa su rúbrica. Para los mandatarios de Perú y Ecuador empieza una etapa de prueba en sus países.

En los días trágicos del Cenepa, traslado de un soldado peruano herido.

LA mañana del lunes 26, Alberto Fujimori, en la suite del Hotel Naoum, y Jamil Mahuad, en la del Nacional, casi al mismo tiempo, chequeaban en el espejo la justeza del nudo de la corbata. Desfilaban en su memoria muchas escenas, el apremio de las últimas horas, frases sueltas que tejieron poco a poco una amistad fundada en los desacuerdos.
Enrumbaron por los pasillos de sus hoteles, tomaron los severos carros que los esperaban y se dirigieron raudamente al Palacio de Itamaraty, uno de los edificios del complejo arquitectónico ideado por Oscar Niemayer para dar vida a la visión entre onírica y modernista de Brasilia, la nueva capital de Brasil.

Luigi Einaudi, representante de EE.UU. en la negociación; Ricardo Luna, embajador del Perú en Washington, y Peter Romero, subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos. Abajo, canciller De Trazegnies con el canciller del Ecuador José Ayala y el vicecanciller peruano Jorge Valdez.

56 años atrás pasó más o menos lo mismo con los cancilleres peruano (Alfredo Solf y Muro) y ecuatoriano (Julio Tobar Donoso),un 29 de enero de 1942, a las dos de la mañana.Pero esa vez el escenario, fue el viejo local del siglo XIX de Río de Janeiro.
La ceremonia en Brasilia fue brillante y emotiva. El protocolo se cumplió impecablemente pero, por cierto, se impuso al final una emotividad creciente que hizo, como lo confesó el presidente brasilero Fernando Enrique Cardoso, la figura central de la fiesta de la paz, anudar las gargantas y humedecer los ojos de los circunstantes.
Menudeaban los más cálidos aplausos, las miradas iban del estrado a las personalidades que saturaban el salón de Itamaraty, los maestros de ceremonia citaban a los cancilleres Fernando de Trazegnies y Luis Ayala Lasso, a los presidentes de Ecuador y Perú, a los de los países garantes, y tras cada mención florecían las palmas.

El presidente Mahuad estuvo en Brasilia con su señora madre.

La paz tenía así nombre de países, de pasado y de futuro, de próceres y de visionarios, mientras que en diversos lugares del Perú y del Ecuador millones de ciudadanos tenían la certeza que se había llegado a un decisivo punto del camino, con acuerdos y desconfianzas todavía persistentes, y que de ahora en adelante cada uno sería el responsable de continuarlo bajo la advocación de la paz.
Habló primero Jamil Mahuad. Fue sin duda una pieza oratoria de fuerza singular, reafirmativa del destino de una América unida, soñada por los fundadores de la república. Generosas palabras para cada uno de los mandatarios de los países garantes, excepcional referencia de elogio a Alberto Fujimori, dominio de escena al evocar al abuelo, combatiente del 41, cantimplora donada en nombre de una paz duradera y símbolo del pasado, un Sucre y un Sol, luminarias del futuro.
El estilo es el hombre. Alberto Fujimori fue menos emotivo aunque sin duda estaba dominado por singular sentimiento. Quizá repitió el gesto destemplado de no reconocer antecedentes y culpar al pasado, pero es innegable que sólo su terca voluntad primó para conseguir finalmente la paz.
Habló luego el delegado pontificio y, finalmente, con altura de estadista,sin exagerar pero complacido del rol cumplido por los Garantes y en especial por Brasil, Fernando Enrique Cardoso.
Cuando se encontraron por primera vez Jamil Mahuad y Alberto Fujimori, en Asunción, le preguntó el primero: ¿Con cuántos Presidentes ha negociado la paz?, el segundo le respondió: Con Ud. es el quinto. Le prometo -dijo Mahuad- que conmigo firmará la paz pero eso sí, hablemos con toda franqueza. Allí comenzó la llamada diplomacia presidencial, que acarreará por un buen tiempo dolores de cabeza y críticas a ambos mandatarios pero que, al mismo tiempo, sin regateos, les dará un memorable lugar en la historia de las dos naciones.

FUERA DE PROTOCOLO

"Señor Rey, señor Rey, una firmita por favor". Con estas palabras el congresista Anastacio Vega intentaba captar la atención del personaje. No se dirigía, por cierto, a su colega Rafael Rey. El hombre de metro noventa volteó la cabeza y amablemente estampó su firma sobre el afiche que le extendía Vega. Era el rey Juan Carlos I de España. Poco después, Manuel Vara Ochoa, ex ministro de varias carteras, no tuvo la misma suerte. El Rey se excusó. A esas alturas, la verdad, había firmado innumerables afiches y había posado, hasta la saciedad, para ametrallantes fotógrafos. El rey Juan Carlos y la reina Sofía no eran los únicos solicitados. Los siete presidentes latinoamericanos y los cancilleres del Perú y Ecuador eran también firmantes asiduos y objeto de los flashes. Los conjuntos folclóricos del Perú y del Ecuador, pasaron casi a un discreto segundo plano, de no ser por el expresivo baile de la ministra de la Mujer, Miriam Schenone, y los eufóricos aplausos del ministro de Trabajo, Jorge Gonzales Izquierdo. Muchos invitados no querían perderse el recuerdo tal vez más perdurable de su vida de funcionarios, ministros, congresistas.Salían secretamente cámaras de todo calibre y la pugna por los autógrafos convirtió Itamaraty en un set de Hollywood.

ENCUENTROS Y RESPETOS

Los más entusiastas eran los congresistas de la mayoría oficialista. Entre ellos, Ramos Santillán, Eusebio Vicuña, Samuel Reynafarje, Anastacio Vega entre otros. Los congresistas de la minoría guardaban un prudente perfil. Fueron de la partida, Rafael Rey, Arturo Salazar, José Barba, quien en medio de la ceremonia se fumó, cuándo no, un habano elocuente, Máximo San Román, Alfonso Baella, Jorge Avendaño, Graciela Fernández Baca y Harold Forsyth. Este último recibía felicitaciones de parte de congresistas y ministros de Estado por su adhesión y defensa del Acuerdo Global. El presidente de la Comisión de Economía el congresista Luis Chang Ching no se quedó corto. Llevó a la sala Brasilia una cámara de video con trípode incluido. Mientras la instalaba las congresistas Luz Salgado, Martha Hildebrandt y Martha Chávez se tomaban fotos con sus homólogas ecuatorianas. En este momento, en una esquina de la sala, la embajadora del Perú ante la OEA, Beatriz Ramacciotti le pidió a Peter Romero subsecretario Adjunto para Asuntos Latinoamericanos de EE.UU. ponerse delante de la cámara para una foto. Como Luigi Einaudi estaba cerca también fue de la partida. En fin, hombres y mujeres dejaron de lado el protocolo, no el de Río por supuesto, y tomaron más fotos que los periodistas presentes. Un camarógrafo se puso delante de los ex ministros Sandro Fuentes y Jorge Camet. Este último se impacientó y lo golpeó por la espalda. Parece que el golpe no lo afectó. Ni se movió. Definitivamente los peruanos eran los más entusiastas. Cada gesto del presidente Alberto Fujimori era aplaudido. Andrés Reggiardo juntaba las manos no sólo para aplaudir sino para levantar un solo puño. En contraste se vio sin ánimos a Carmen Lozada. Sucede que la congresista hizo esfuerzos supremos para estar presente. La comida de la noche anterior le jugó una mala pasada. Casi no llega a la ceremonia. Para muchos el presidente ecuatoriano Jamil Mahuad se robó el show. Hizo de todo en el escenario, donde estaban además de los presidente y el Rey de España, César Gaviria, secretario general de la OEA y los cancilleres y vicecancilleres de los países garantes. Cerca de las 2 de la tarde terminó la ceremonia. No hubo ni champaña ni vino. Sí whisky etiqueta negra y mucha guaraná. El presidente Fujimori tomó agua a diferencia de los presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem que optaron por la etiqueta negra. Fujimori saludó a los congresistas e invitados especiales. Presentes en el cocktail. Se acercó a Jorge Avendaño y le dijo: "le agradezco su voto doctor Avendaño". "Señor Presidente voté por el Sí porque creo que es lo mejor para mi país". El Presidente insistió: "lo felicito por su coraje". Mahuad en ese momento también saludaba a sus compatriotas. Se encontró cara a cara con Gonzalo Sánchez de Lozada ex presidente de Bolivia. Este le dijo más tarde "tanto el Perú como el Ecuador han ganado, pero también el continente, porque Europa y EE.UU. nos van a ver como un sólo país". A la salida del Palacio de Itamaraty los invitados se encontraban con la prensa. Horacio Sevilla, embajador del Ecuador en el Perú declaraba a la prensa de su país:"para los peruanos ha sido difícil entender que Tiwinza queda en propiedad del Ecuador y que tienen que construir carreteras en su territorio para que el Ecuador tenga acceso al Marañón y al Amazonas. Así como para el Ecuador ha sido difícil aceptar otras cosas". Con respecto al tema de Iquitos Sevilla fue enfático: "La racionalidad se va a imponer muy pronto. Ha faltado una explicación al pueblo de Iquitos". El general Gallardo también fue interceptado y explicó por qué lloró: Yo quería que Tiwinza siguiera en el Ecuador. Los soldados en el Ecuador somos valerosos para asumir realidades. Como decía Churchill: en la guerra determinación, en la paz profunda buena voluntad. La reina Sofía de España manifestó: "no tengo dudas que los tratados firmados el día de hoy se cumplirán". En ese momento también abordaban la sede de la cancillería el súper asesor Absalón Vásquez, acompañado de Víctor Aritomi, embajador del Perú en Japón. Los siete presidentes, el rey de España y el representante del Papa enrumban hacia el Palacio de Alvorada. El almuerzo los esperaba. Mientras las delegaciones del Perú y Ecuador estaban atadas al restaurante La Churrasquería del Lago. A la 4:30 del lunes 26 el avión presidencial alzaba vuelo hacia Lima. El Presidente exhausto se quitó los zapatos y la camisa. Tuvo tiempo para firmar un afiche más. Y, luego, durmió como un bendito.


"Señor Rey, Señor Rey"
Con este conjuro, Anastacio Vega logró firma de rey Juan Carlos.

José Gallardo,
ministro de
Defensa del Ecuador
no pudo ocultar
su emoción. Derecha:
ex ministros Efraín
Goldenberg y Jorge Camet,
así como el
premier Pandolfi
lucían serios.

Firma inolvidable para el congresista Vega. Vara Ochoa no tuvo igual suerte. Seguido, izquierda: ministra Miriam Schenone y, al lado, Dras. Hildebrandt y Chávez con ex canciller Tudela.

ITAMARATY era una fiesta, después de la firma del Acta de Brasilia. Esa sede de la cancillería de Brasil había sido escenario de trajines dramáticos desde la Declaración de Paz de Itamaraty del 17 de febrero de 1995. Tres años y ocho meses después, el lunes último, se convirtió en un ágora inmensa e intensa en que convergieron estadistas, autoridades, congresistas, hombres de prensa y diplomáticos de todo el continente. El rey de España, Juan Carlos, animador de la democracia en su patria y amigo de los pueblos de nuestra América, quiso subrayar con su presencia la significación histórica, esperanzada, del acontecimiento.
Para los peruanos enterados, sin embargo, las noticias que se filtraron sobre los sucesos de Iquitos significaron una suerte de trago amargo en medio de la euforia. Ello explica quizá la seriedad solemne de algunos rostros. Pero la nota general fue de alegría. Desde luego que los presidentes de Brasil, del Ecuador y del Perú fueron las estrellas de la jornada.