
Luces de la Bienal
Entre pasacalle, corso y fiesta, se inauguró la I Bienal Nacional. Cinco ganadores, cinco obras.
La Plaza de Armas fue una fiesta. Pasacalles de Yuyachkani y fuegos artificiales inauguraron la Primera Bienal Nacional. Izquierda: La
entrega de los premios estuvo a cargo de Alberto Andrade; Luis Lama, director general de la Bienal; Larry Smith, presidente ejecutivo de Tele 2000 y Genaro Delgado Parker, presidente del directorio
de Tele 2000.
CABEZONES, dragones y bailarines todos hechura de los Yuyachkani inauguraron la I Bienal Nacional. La noche del viernes 30 fue una fiesta pública de fuegos y melodías. Además del reconocimiento, el premio de diez mil dólares para cada uno alentó el entusiasmo de los 49 artistas invitados.
Los ganadores participarán en la II Bienal Iberoamericana que se realizará el próximo año. Las obras galardonadas, así como la del resto de participantes, estarán en la Casa Rímac hasta el 15 de diciembre. Pasemos revista de ellas.
"Virgen de la Leche", instalación del artista Luis García-Zapatero. Derecha: Parte del trabajo "S/S Esmeralda" de Juan Enrique Bedoya. Ambos ganadores de la I Bienal.
Silvia Westphalen, escultora, presenta una obra sin título que consta de dos piezas suavemente hechas en mármol. Westphalen trabaja la piedra con sutileza, sugiriendo un sólido paisaje marino en las ondas que moldea como fósiles antiquísimos, serenas y sin perturbaciones.
La instalación de Luis García-Zapatero llamada "Virgen de la Leche" está compuesta de bloques compactos de casi tres metros de altura formados por 121,600 latas de leche rescatadas de los basureros. Los otrora objetos de consumo asumen su reciclaje artístico como metáfora de una María Lactans global e industial. Es necesario aguantar, eso sí, la respiración, condición única para apreciar la instalación, más allá de la atmósfera que el ruido eléctrico de los insectos volatilizados por un insecticida colocado en el techo genera.
Mao Artiaga, artista trujillano, se llevó uno de los premios con sus obras "Acento rojo", "La luz en el tiempo" y "Estela sideral", que a manera de pinballs gigantes despiden un aire nocturno basados en el culto al neón. Colores básicos e intensos como el azul, el rojo y amarillo se imponen al espectador, que debe guardar distancia prudente advertido por el letrero de peligro de alto voltaje. El artista sorprende con la magnitud del objeto, entre estridente y amenazador.
Izquierda: Colorida obra en neón y acrílico del artista trujillano Mao Artiaga. "Acento
rojo", "Estela sideral" y "La luz en el tiempo", nombres de las piezas que le dieron el primer premio. Derecha: Escultora Silvia Westphalen y fotógrafo Juan Enrique Bedoya. Escultura sin título trabajada en mármol por Silvia Westphalen.
Muy distinto es el trabajo de Juan Enrique Bedoya que se titula "S/S Esmeralda". Bedoya recogió fotos anónimas de viajes familiares en barco y su autoría se halla en el ordenamiento de este material ajeno para tejer historias, llenándolas de su propio sentido. El paso del tiempo, como si la experiencia hubiera manado del ensueño, se evidencia sobre todo en la relación foto-texto, de cierto aire felliniano. La vida cotidiana sobre las cubiertas se tiñen de una grandeza inesperada, misteriosa e inquietante.
Juan Pacheco presenta "Damero Reflexivo", una intervención de un espacio público. Tomando el damero como punto de partida, Pacheco, de manera experimental, coloca espejos sobre fachadas opuestas de sus calles y recorrido habitual de las procesiones religiosas locales. Los espejos reflejados entre sí muestran un misterioso halo de luz. El artista, así, no simboliza otra cosa que la experiencia mística, la divinidad y la tangencia de lo invisible. Distintas interpretaciones, todas ganadoras.