

Para empezar, ag, unas colas interminables de mocosos con sus chelfas y en la puerta cuidaban unos enormes trozos de carne masculina de ésos que tú los ves y entiendes cómo en algunas culturas africanas, pucha, al pedazo de pellejo que le sobra al pene le dicen "hombre". Bueno, bien obedientes la Pocha y yo nos pusimos en la cola y ahí empecé a observar antropológicamente y me quedé pasmada, porque si quieres que te sea sincera, pucha, el material que se me ofrecía a la vista no pasaba el primer filtro en un riguroso control de calidad, pero hija, no vayas a pensar que lo digo por el color de piel, porque te lo juro que a mí Naomi Campbell me parece el no va más, sino por esa otra cholada de alma que existe, hija, que es la peor y que consiste en no saber cuál es tu lugar en la Tierra, no sé si me entiendes.
La cosa es que cuando llegamos donde el bistec que recibía los tickets, pucha, me mira de arriba abajo, me recibe el ticket y le dice al cholo blanco de su colega que estaba al costado:
Ta buena, la tía, ésa pasa.
Acto seguido la Pocha hace lo propio con el papelucho de ingreso, y el mismo bruto mononeuronal le dice:
Ta que estás piña, choche, hoy es sólo pa socios pe, vuelve otro día.
Uy, no sabes, ¿tú has sentido alguna vez que la licuadora se te pone en high y que lo único que quieres es hacer mayonesa con los huevos del hijo de la guayaba que tienes delante? Bueno hija, o sea, eso fue lo que sentí. Entonces, pucha, con un bamboleo de coronas que debe haberse sentido en todo Miraflores, lo miré al adefesio ese y lo único que le dije fue:
Perdón, ella pasa porque ha venido conmigo, permiso.
Y se acabó, nos metimos las dos, dimos una vuelta, el sitio nos pareció un burdel de Miami (nunca he estado en uno y no creo que llegue a estarlo), nos pedimos un par de vodka tonics, nos los sirvieron con vodka nacional, al día siguiente me dolió la cabeza más que si hubiera bailado guaracha con Andrés Reggiardo y eso fue todo.
Lesson learned, hija: cuando algún guanaco improvisado venga a afectar tus derechos humanos (en este caso, pucha, los de una amiga así morenita), lo único que tienes que hacer es hacerlo sentir lo que es: un residuo de humanidad más cercano al reino animal con especialidad en clepodromus rampantis, eso que vulgarmente se llama gusano, ¿me entiendes? Si lo haces con cancha y concha, no sabes, vas a terminar entrando si te da la gana al mismo Club Nacional, así seas hermana de Guadalupe. Una vez superado el problema, te digo como siempre, chau, chau (Rafo León)