
Colombia
El Fondo del Problema
Una solución política negociada con los grupos insurgentes empieza a tomar fuerzas en medio del oprobio de la guerra colombiana.
Atentado del ELN al oleoducto en Machuca mató a 64 personas, entre ellas a 30 niños.
La semana pasada, Alberto Fujimori quiso calzarse los zapatos de su colega colombiano, Andrés Pastrana, y declaró desde Calgary, Canadá, que la negociación con grupos terroristas como la iniciada en Colombia, está poniendo en peligro la región andina. "Nosotros cometimos fallas en la lucha contra la violencia, pero la forma en que lo hicimos fue la correcta", señaló Fujimori sin ocultar su gusto por las estrategias de mano dura.
CARETAS estuvo en Cartagena de Indias la última quincena de octubre, una de las semanas más sangrientas en la larga guerra interna que desgarra a Colombia desde hace 40 años. Las noticias -cual partes de guerra- llegaban a la ciudad amortiguadas por el rumor de las olas y las centenarias murallas de la fortaleza y el mismísimo calor, pero llegaban. Y eran terribles.
El domingo 18 más de medio centenar de personas, entre ellas una treintena de niños, murieron carbonizadas en el caserío de Machuca, Antioquia, tras un atentado del Ejército de Liberación Popular (ELP) contra el oleoducto que pasa por esa localidad. Al día siguiente, el vicepresidente de la Confederación Unitaria de Trabajadores (CUT) fue asesinado en la puerta de su casa en Bogotá por un presunto sicario "paramilitar" en el mismo momento en que los sindicatos y el gobierno por fin se sentaban en la mesa para negociar una solución al Paro Nacional, que ese día cumplía una quincena. En el transcurso de la semana, en diversas regiones de Colombia, otros cinco sindicalistas resultarían muertos, y durante el fin de semana, 22 personas adicionales fueron masacradas en dos incursiones de los paramilitares en el área rural del nororiente colombiano. Al cierre de la presente edición, se informó de la muerte de 20 militares y 8 policías en una emboscada de la FARC en el sur oriente colombiano.
Violencia fratricida que no parece conocer freno a pesar de los compromisos sin precedentes asumidos por el gobierno de Andrés Pastrana para llegar a una solución política negociada con los grupos insurgentes desde que asumió el mando el pasado 7 de agosto.
CARETAS entrevistó a Augusto Ramírez Ocampo el martes 27 sobre la paz en Colombia.
Ramírez Ocampo es de quienes creen que la única forma de conquistar la paz en su país es mediante una solución política negociada con los grupos insurgentes. El suyo no parece ser el caso de un político bien intencionado pero acaso iluso, ni de un zurdo de corazoncito guerrillero. Ramírez Ocampo fue ministro de Relaciones Exteriores de Colombia durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), director del PNUD para América Latina y el Caribe, jefe de la Misión de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL) cuando Javier Pérez de Cuéllar fue secretario general de las NN.UU., y representante en la Asamblea Constituyente de Colombia de 1991.
El destacado jurista colombiano es actualmente miembro de la Comisión de Conciliación Nacional de Colombia, entidad fundada en 1995, de carácter autónomo e independiente frente a las partes enfrentadas, y presidida por monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, arzobispo de Medellín y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, que considera que para acabar con la guerra interna en Colombia se deben encontrar soluciones políticas con los grupos alzados en armas, al igual que ocurrió con el M-19 en 1991.
Así, en medio de los asesinatos, los secuestros, las extorsiones y el sabotaje de infraestructura que desgarran a Colombia diariamente, Ramírez Ocampo ha sido testigo de excepción de 15 años de tratativas gubernamentales por negociar la paz, y uno de los albañiles de los acuerdos elaborados entre febrero y octubre pasados con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), conducentes a la Convención Nacional por la Paz. CARETAS lo entrevistó en la sede de la Comisión de Conciliación Nacional, una modesta casa sin resguardo alguno ubicada en un céntrico barrio de Bogotá.
EL presidente Andrés Pastrana inicia esta semana la primera visita de Estado de un mandatario colombiano a EE.UU. en 24 años, y el tema de la paz y el narcotráfico son los puntos más relevantes de la agenda. Sin embargo, no todos en la administración Clinton parecen compartir las iniciativas de Pastrana frente a los grupos insurgentes.
-El planteamiento que hizo Pastrana a Clinton fue uno que nosotros desde la Comisión de Conciliación Nacional hemos sostenido desde siempre : la única manera como el país puede avanzar respecto a la erradicación de los cultivos ilícitos es con la paz. El tema de la paz está profundamente imbricado con los tres temas principales de la agenda internacional: narcotráfico, medio ambiente y derechos humanos. Estos tres temas tienen que ver con el tema de la guerra. Y en Colombia el tema del narcotráfico está ligado de dos maneras contradictorias: los narcotraficantes apoyan y financian a los paramilitares en el norte y al FARC en el sur, de manera que uno de los principales combustibles de la guerra en Colombia son los dineros de origen ilícito.
Ex canciller de Colombia Augusto Ramírez Ocampo: la guerra debe solucionarse políticamente.
-Ahora Pastrana se reúne con Clinton. Hace pocas semanas fue nada menos que con "Tirofijo" (Manuel Marulanda, líder de la Farc), una iniciativa política absolutamente inédita...
-Efectivamente es un hecho que fue una audacia sin precedentes, pero ha abierto realmente el camino para que se pueda armar una mesa de negociación en Colombia. Hasta ese momento no se había reunido a ese nivel ningún Presidente de la República. Hay tal vez un antecedente, el de Belisario Betancur (1982-1986) que se reunió con algunos de los jefes del M-19 en Madrid con los auspicios del gobierno español, y otra vez en México.
-¿El hecho que el presidente de la República se siente en una misma mesa con Tirofijo, un personaje claramente al margen de la ley, no está creando un precedente peligroso?
-Hay que reconocer que estamos en medio de un conflicto armado que lleva 40 años. En segundo lugar, la correlación de fuerzas se ha alterado. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) es un movimiento armado que es difícil de estimar, puede tener entre 6 u 8 mil efectivos, tiene influencia en determinados sitios de Colombia, y en el suroriente colombiano es fundamental como lo es también para la siembra de coca. Son realidades profundas.
-Y es un reconocimiento tácito de que el Estado no puede derrotar a la guerrilla...
-Ni las Fuerzas Armadas de Colombia pueden derrotar a la guerrilla colombiana, que puede ser eterna cuando se ubica en esas zonas marginales del país que son impenetrables, ni la guerrilla puede acabar con las instituciones de Colombia por la vía armada. No estamos en un empate militar como se hablaba, por ejemplo, en El Salvador en un momento determinado, pero estamos en un empate estratégico que es lo que me parece que hace obligatoria una solución política negociada. En ese sentido es muy importante el hecho que Andrés Pastrana fuera reconocido como Presidente de la República por parte de la FARC. Es un reconocimiento a futuro.
-No es por supuesto la FARC la única fuerza insurgente: está el Ejército de Liberación Nacional (ELN), El Ejército Popular de Liberación (EPL), las Autodefensas Unidas de Colombia (paramilitares) y otros grupos subversivos...
-Según las cuentas unas 18,000 personas integran las fuerzas insurgentes.
-¿Y cuántos miembros tienen las Fuerzas Armadas de Colombia?
-Entre las FF.AA. y las fuerzas de Policía cerca de 230,000 efectivos.
Pastrana y Clinton en Washington: un esfuerzo por desnarcotizar la agenda bilateral.
-Pero entonces el Estado colombiano es claramente superior en número...
-Absolutamente superior, incalculablemente superior.
-¿Y sin embargo no puede neutralizar a la insurgencia?
-Lo importantes es entender, cuando se habla de neutralizar, de qué se está hablando. Yo diría que se viene neutralizado a esas fuerzas irregulares en el sentido de que éstas no pueden tomar el poder. Todo el sistema económico, judicial e institucional colombiano ha venido trabajando durante los 40 años de la guerra y seguirá trabajando.
-Tampoco puede decirse que neutralizar significa acabar con ellos. Geopolíticamente no es posible acabar con una guerrilla cuando estamos en un país de un millón 200 mil kilómetros cuadrados en donde más de la mitad del territorio está aún por explotar. Estamos hablando de una situación geopolítica totalmente distinta a la de El Salvador, un país de 20 mil kilómetros con un ejército de 62,000 gentes contra una guerrilla de 6,000 ó 7,000 personas.
LA CONVENCION NACIONAL
-Si se va a abrir una mesa de negociación con las FARCs, qué pasará con el resto.
-El ELN había comenzado contactos con el gobierno de Samper. En febrero pasado suscribimos el ELN y la Comisión Nacional de Conciliación el Primer Pre Acuerdo del Palacio de Viana, porque lo hicimos en la Cancillería española, y esa negociación incluyó la conformación de una Convención Nacional que ha sido convocada para febrero de 1999, una vieja aspiración del ELN para conjuntarse con la sociedad civil.
-En todo caso el ELN tiene a su juicio un interés claro y específico de llegar a una paz negociada, así como también parece ser el caso del FARC...
-Sí, lo que pasa es que el FARC ha privilegiado su relación con el gobierno y el ELN con la sociedad civil. El gobierno llegó al ELN después de la sociedad civil. De hecho para poder hacer esta última reunión, la del 11 de octubre, ya el gobierno de Pastrana le dio salvoconductos a dos comandantes del ELN presos que salieron y regresaron.
-¿La Convención Nacional sería entonces el momento en que los puntos de encuentro con la sociedad civil finalmente se institucionalizan y llegan a nivel de Estado?
-Es una Convención Nacional bastante extraña en el sentido de que no va a tener capacidad decisoria. Es una suerte de Parlamento con capacidad propositiva. En todo caso, tanto la sociedad civil como el ELN ha invitado al gobierno para que se haga presente.
Ramírez Ocampo: "Hay que reconocer que estamos en medio de un conflicto armado que lleva 40 años".
-¿Y allí se presume que estarán presentes los líderes de cada uno de los bandos en pugna?
-Se presume eso.
-Es un camino plagado de riesgos.
-Así es.
-Entre otras razones porque por cada representante guerrillero que asista habrá seguramente un escuadrón de paramilitares con la misión de liquidarlo. ¿Los paramilitares serán parte de esta convención?
-No. Son agua y aceite. La guerrilla ha sido absolutamente drástica en decir que no entra con los paramilitares. La Comisión de Conciliación Nacional está convencida, y creo que ya el país entiende, que hay necesidad para la paz en Colombia de que estén involucrados todos los actores de la guerra. Pero el presidente Pastrana ha definido con una claridad que no ofrece dudas su posición respecto a los paramilitares, y ella es bastante consistente con lo que hemos sostenido nosotros: uno, los paramilitares degradan la guerra. Dos, están destituidos de estatuto político. Tres, hay que someterlos en una mesa de negociación.
-¿Cuál es la diferencia entre los paramilitares y la guerrilla?
-A quien le tiene más miedo la guerrilla es a los paramilitares porque usan sus mismos procedimientos, no tienen ni Dios ni ley y han hecho atrocidades. La guerrilla sostiene que los paramilitares son eso, es decir, son organizados y fomentados por los militares.
-¿Si los paramilitares utilizan los mismos procedimientos que la guerrilla -no tienen ni Dios ni ley según su descripción- cómo puede el Estado discriminar a unos y no a otros?
-El ELN sostiene que ellos están listos a hacer un acuerdo sobre Derecho Internacional Humanitario. Las FARCs sostienen que ellos tienen su propio código de conducta. La Comisión de Conciliación Nacional ha entregado a todas las partes en conflicto un proyecto de acuerdo que aspiramos a que será el primer punto de la agenda de negociaciones que es un proyecto de acuerdo sobre cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario.
-Es lo fundamental para empezar a conversar, porque la guerra en Colombia se ha degradado dramáticamente. Lo que acaba de pasar en Segovia no tiene nombre: volaron el oleoducto de Machuca y hubo alrededor de 64 personas incineradas y otras 50 que tienen quemaduras de segundo y tercer grado que muchas de ellas se irán muriendo.
Sepelio de líder sindical Jorge Ortega. En el transcurso de la semana otros cinco dirigentes serían asesinados.
VISCERAS DE RINOCERONTE
-¿Y hasta qué punto está condicionado el proceso de paz a lo que ha ocurrido en Machuca?
-Yo que he estado en todo esto desde hace tantos años pienso que voy a tener que implantarme vísceras de rinoceronte para no botar la toalla. Esto de mantener el proceso de paz en medio de la guerra es muy duro y el país va a tener que acostumbrarse a eso.
Las conversaciones de Caracas se rompieron en 1993 porque hubo un atentado contra el presidente del Congreso, las de Tlaxcala se rompieron porque secuestraron a un ex ministro de Obras Públicas, Angelino Durán a quien dejaron morir de inanición en las montañas de Colombia un grupo disidente del ELN. La opinión pública se levanta en contra de esas cosas y obliga a levantarse de la mesa. Va a ser una operación muy complicada mantener a las partes en la mesa de negociación.
-El gobierno de Pastrana ha sido criticado esta semana de asumir compromisos con la guerrilla sin demandar garantías por parte de las fuerzas insurgentes conducentes a la paz.
-Desde nuestra Comisión de Conciliación Nacional hemos dicho siempre que a la mesa de negociación hay que llegar sin pre condiciones distintas a la de garantizar la seguridad de quienes están sentados en esa mesa. Hemos dicho que otro de los pre requisitos es la expresión de la fórmula de querer llegar a una solución política negociada para llegar a la paz. Estamos en una agenda abierta.
-¿Y no se está a un paso de crear un Estado dentro de otro Estado?
-Creo que el tema de la unidad nacional no está en riesgo. Al país nunca se le ha planteado una guerra de secesión. Aquí se ha hablado siempre de una solución a las causas de la violencia que están ligadas profundamente a los temas de la política social y justicia social, pero no ciertamente al tema de acabar con la unidad nacional o hacer un estadito: entre otras razones, porque es inviable. Un estadito de esa zona que se está despejando hoy es grande en kilómetros pero es selva amazónica, mediterránea, francamente no tiene ningún tipo de viabilidad.
-Me pregunto por las garantías ciudadanas de las poblaciones en las zonas de despeje...
-Es una zona muy despoblada del país. Vive allí una mínima parte de los 40 millones de colombianos. Estamos hablando de unas 120 mil personas.
Este fin de semana las FF.AA. de Colombia deben haberse retirado -"el depeje"- 42,000 Km2, un área dos veces más grande que El Salvador, y colindante a la frontera peruana. Arriba, líderes del FARC, Milton de Jesús Toncel y "Mono Jojoy".
-Pero también el actual esquema de pacificación política es distinto al concluido con el M-19: movimiento que dejó las armas y se integró al sistema democrático.
-Estamos hablando de épocas y agendas distintas. Yo fui canciller durante el gobierno de Betancur cuando se firmó el primer negocio con las FARCs en 1983. La agenda de la paz entonces comprendía el cese unilateral de fuego, reinserción y desmovilización. Ahora, en la Convención Nacional estamos hablando que la agenda de la paz colombiana pasa por temas tan importantes como la reforma agraria integral, los nuevos conceptos de la seguridad nacional, la conformación de las Fuerzas Armadas para un país en paz, la impunidad, el modelo de desarrollo. Es una negociación que tiene aristas por completo distintas. Tienen eso sí un parentesco. A la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 llegamos porque fue uno de los puntos de negociación del gobierno con el M-19.
-Hoy una de las posiciones y peticiones serias de las FARCs va justamente a que el proceso culmine justamente en una Asamblea Nacional Constituyente para efectos de hacer una especie de contrato social.
-¿Otra vez?
-Otra vez. La otra reforma fue en 1991.
-¿Una Asamblea Constituyente en la que los líderes insurgentes también sean miembros?
-Una de las cosas que queríamos en la Constituyente de 1991, en la que el ex presidente Misael Pastrana era constituyente, fue proponer invitar a la guerrilla a deliberar con nosotros, pero el gobierno se opuso. La idea es que estén allí como estuvo el M-19 en la Constituyente de 1991. El M-19 tuvo 19 miembros de un total de 70 representantes.
-¿Para ustedes llegar a la paz será cuando los grupos armados depongan las armas y acepten las reglas de juego democrático?
-Así es. Hasta este momento se trata de que se desmovilicen y se desarmen. La guerrilla tiene que empezar por eso aunque nunca entregan las armas.
El SABOTAJE Y LA AGENDA
-¿Cómo interpreta entonces que el ELN, en medio de las negociaciones, vuele la semana pasada el oleoducto de Machuca?
-Uno de los caballitos de batalla del ELN es la tesis de que las transnacionales se roban los recursos naturales, por lo que ha tenido una guerra contra el tubo prácticamente desde que se construyó en 1985. Pero creo que hay que seguir considerando la voladura de oleoductos como un acto terrorista. Lo es porque no se pueden medir las consecuencias.
-Estamos hablando acá de un cogobierno y una agenda abierta con protagonistas de una guerra que se ha degradado a niveles inhumanos.
-Estamos hablando de masacres, de bombas puestas en las ciudades de manera indiscriminada. Estamos hablando de desapariciones, secuestros, rehenes.
Cumbre Pastrana - "Tirofijo" (Manuel Marulanda) en agosto: despeje y negociaciones sin condiciones.
-Estamos hablando, además, de una dinámica financiada por el narcotráfico.
-En parte para las FARCs. El ELN vive más de la extorsión a las multinacionales, de secuestros especialmente concentrados de empresas multinacionales.
-Qué difícil debe ser para usted como hombre de Derecho sentarse a negociar en una mesa con gente que ha participado en todo lo que me acaba de describir.
-Es muy duro pero es la única manera de llegar a una solución negociada, sobre la base de que cuando uno se sienta en una mesa de negociación tiene que reconocerle la personería al contrario, tiene que aceptar que uno no es dueño de la verdad revelada, tiene que estar dispuesto a conceptuar y a transar y a respetar. Esas son consecuencias de lo que se trabaja cuando estamos hablando de la cultura de la paz. Como dice Federico Mayor, de la UNESCO, tenemos que trabajar en una cultura de paz en lugar de una cultura de guerra, de violencia y de muerte como en la que está mi país.
-¿Ha habido una evolución en la actitud de las Fuerzas Armadas frente al proceso de paz?
-Muy grande. La actual cúpula militar ha reiterado que están listos a hacer lo que el comandante de las Fuerzas Armadas, que aquí como en otras partes es el Presidente de la República. Segundo, ha asumido una actitud por completo diferente frente al Derecho Internacional Humanitario. Tercero, tienen establecido ya usos permanentes sobre Derechos Humanos respecto al Derecho Internacional Humanitario.
-Yo me atrevería a decir que Las Fuerzas Armadas colombianas son las más profesionales que ha habido en el continente: hemos tenido en toda nuestra historia independiente solamente dos interrupciones de nuestra vida democrática: una en 1853, con el golpe militar que dio el general Melo y que duró un año, y otro cien años después, en 1953, cuando el general Román Gallo dio un golpe militar que duró tres años.
-Esa es la gran paradoja de Colombia, que siendo la democracia más longeva que existe en América Latina padezca un fenómeno de violencia tan encarnizada.
-Es verdad, y es muy triste reconocerlo así, pero nosotros, probablemente después de la democracia norteamericana somos los que hemos tenido más longevidad. Tenemos una vida democrática formal desde el origen de nuestros tiempos.
-¿Y usted cree que Estados Unidos comprenderá todo esto?
-Creo que los Estados Unidos terminará reconociendo la legitimidad de toda la argumentación que ha venido sosteniendo no solamente el gobierno colombiano sino la sociedad civil involucrada en una negociación política de paz.