EL JULI El Fenómeno del Niño




EL JULI
El Fenómeno del Niño
La precoz genialidad de Julián López, Juli, caló hondo en su debut en Acho. El domingo 22 repite en los carteles.

El éxtasis. La plaza de pie, el toro herido de muerte. Con sangre en la cara, el Juli celebra.

EN todo, hombre, en todo, respondió el Juli sin mirar. Ya vestido de luces, su mirada estaba perdida en la meteorología dominical que le ofrecía una habitación desde el décimo piso del Sheraton: Las banderas del Palacio de Justicia, las 25 banderas del propio hotel, se agitaban con irritante compás a sólo dos horas de la corrida.
-Hay viento, hombre, hay viento.
La luz indirecta resaltaba lo que le va quedando de niño, un equívoco gesto de indefensión que desconcierta y pierde a los toros. Y lo que le va llegando de joven, el acné y una mirada propia, asombrosamente segura de sí misma y de lo que puede intuir cuando ante una bestia se enfrenta.

Melancolia adulta a la corrida. "ponerse el traje marca mucho, es como si te pusieras encima todo el mito del toreo", ha dicho el Juli.

Minutos antes su mozo de espadas Armando Gutiérrez lo había estado vistiendo. Lo hacía frente a una pared sin espejo, pero ante la cual el Juli tenía clavada la vista como si en ella se reflejara. Se trataba de ese estado de gracia taurina que los toreros llaman estar mentalizao. Y que en el caso de Julián López, última esperanza de una fiesta hermosamente anacrónica atacada por lo políticamente correcto y una discutible culpa ecológica, se confunden en adolescencia, semidivinidad, y un metabolismo entrenado para la competencia. No tuvo tiempo de ser niño. No va a tener tiempo de ser joven. Sólo puede ser matador de toros. Su cicatriz en la mejilla izquierda, un percance menor en plaza de Segovia, ya le marcó la vida sin haberla vivido tanto.
Cuando las vaquillas son en el tentadero
única y nada más a los toreros
por fuera del redondel,
por cierto de piedras hecho,
sentado llora un chiquillo
sentado llora en silencio.
Gutiérrez, suavemente, le canta mientras lo viste. Manuel Muñoz Sevilla, Sevillita, acompaña vestido mirando desde una silla. Blanco y oro el traje, tenso el ambiente, por algún resquicio de su mentalización al Juli le llegan vagos ecos de comentarios en los cuales esporádicamente se interesa.
-Les va a impresionar los silencios de Acho.
-¿Silencio por qué, se quedan dormidos?,
bromea Gutiérrez.
-Silencios como en Sevilla, hombre, señalaba el Juli.
¿Cábalas?, ninguna. ¿Estampitas?, nada a la vista. Sólo un espejo invisible y las bulerías, ahora de Sevillita:
Mira si estamos contentos
que el pitito de la olla expresso
no se para ni un momento.
El matador se va a la ventana, a ver las banderas.
-¿En qué piensa el Juli antes de la corrida?
-En todo, hombre, en todo.

Silencio, concentración y cante del mozo de espadas durante el ritual del vestido.

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Tendría que pensar en su padre, origen y gestor de este fenómeno de verdad taurina con efectiva llegada mediática. Manuel López, ex novillero anónimo, nació en Cazorla en 1949. Con su mejor amigo, Armando Gutiérrez -hoy mozo de espadas de Juli que le canta y cuida como su propio hijo- recorría los pueblos de Madrid y Castilla luciendo su arte torero. Estando en un tentadero en Toledo organizado por la familia Escobar conoció a Manuela Escobar. Se enamoraron entre toro y toro. La boda vendría luego de una cornada, aquella que le hiciera perder el ojo derecho. Julián, casado de 21 años, se retiró de la tauromaquia.
Los López tuvieron diversos negocios, todos absolutamente extra taurinos: una bodega, un bar, la administración de un hotel en Cazorla. Regresaron a Madrid y se instalaron en San Blas, abriendo un negocio de decoración.

Olé precoz. Cuatro años y con capote. Luego a la escuela Taurina de Madrid.

Manoli, la hija mayor, 22 años, se hizo bailaora profesional. Ignacio, el segundo, se puso a estudiar hostelería y administración.
El Juli, hijo menor, vivió en San Blas hasta los seis años. A esa edad, ya tenía dos años como torero aficionado.
El día de la conferencia de prensa en Lima el padre esperaba al hijo con impaciencia. En la mañana el Juli había estado jugando fútbol en el Lawn Tennis con Gutiérrez y con Sevillita. El equipo de matadores (Barrera, Mora, Juli, Gastañeta no) venció al de mozos de espada. Luego, en una entrevista cachonda y surrealista (¿Quiénes te gustan más: las mujeres o las vacas? ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!) con Wendy Menéndez. Y ahora, no llegaba a la conferencia de prensa donde ya estaban sentados hace rato los periodistas taurinos, Rafael Gastañeta, anfitrionas apretaditas, y una modelo ya mujer con su instamatic al ristre. El Juli llegó todo sonrisas y triunfo. Y respondió con educación y paciencia a los superlativos elogios, más que preguntas, del respetable. Es una revolución como la del Cordobés, pero con el toreo de un Manolete o Belmonte. Esto no es marketing, sino una carrera bien llevada, ha dicho el padre.
Al fondo, Sevillita comenta. ¿Que si se incomodó con la chica de la Tv.? Hombre, para nada, estuvo muy bien. Este no se corta con nada.
Gutiérrez acota sobre el nacionalismo mexicano. ¿Que si fue difícil entrar ahí? Uffffff. Llegaron con dos contratos, se quedaron 14 meses: 80 novilladas triunfales que cimentaron su éxito.
El padre, molesto por esa conversación secundaria que perturba las declaraciones formales del hijo, manda callar a esa gente.
Quince segundos respetó Gutiérrez el silencio. En un susurro, casi en secreto, como la respuesta mágica que explicara el prodigio, agrega: (Juli conoce 37 pases de capote.)

Con la alternativa aún fresca, Julián López está a años luz de cortarse la coleta. Lo ayuda Armando Gutiérrez. Derecha, calibrando el viento desde el hotel.

LOS PASES DEL JULI

Joaquín Vidal, probablemente la mejor pluma taurina en la actualidad, ha revisado y catalogado los aportes del Juli al toreo de Capa.
Uno de ellos es la julianina, más propiamente la lopetina -viene de su nombre, Julián López-, que es de su invención. El lance tiene usía: se sitúa el torero frente al toro, junta las manos recogiendo con ellas el capote, y a la embestida, lo abre a un lado, vacía el embroque ciñéndose el trapo a un costado a la manera de la chicuelina, gira entretanto en sentido contrario y queda situado para repetir la suerte sin solución de continuidad. Si difícil es ejecutarlo, casi igual de complicado resulta explicarlo, y más aún entenderlo.(...)
La combinación de navarra y tijerilla, que el Juli ejecuta con rara perfección, un servidor la bautizó burjassotina por la sencilla razón que la daba de maravilla Víctor Manuel Blázquez, que es natural de Burjassot. Claro que los propios términos o tiempos de la combinación de lances admiten diferentes definiciones, pues la navarra, según se trace, puede ser aragonesa, y a la tijerilla, si se remata por alto, dieron en llamarla tafallera.(...)

Temple profesional ante brava presencia de modelo Graciela Mendoza.

Con el capote a la espalda el Juli no conoce rival. No tanto en el lance clásico llamado gaonera, sino en sus variaciones, como aquella que se resuelve por alto, nacida en México y llamada saltillera, que en España toma el nombre de talaverana. (...)
La orticina -un quite más debido a la creatividad del mexicano Pepe Ortiz- es otra de las suertes que el Juli prodiga ante la general admiración. Igual que el farol varía a invertido, la navarra varía a invertida, se vuelve entonces del revés el capote en el momento de embarcar, y queda consumado así el nuevo lance.(...)
La crinolina, que trajo antes el actual Joselito, también forma parte del repertorio de el Juli; y la verónica, el delantal, el lance imposible -que es, en realidad, momento imposible-, y la expuesta tapatía, y las largas de todas clases...Y aún guarda suertes para más ver. Y sigue inventando, según dicen.

LUEGO DE LA CORRIDA

El domingo, Acho un manicomio, salida en hombros, larga celebracion.
Pasado el mediodía del lunes en una bañera de una de las habitaciones del Sheraton el traje blanco y oro del Juli se remoja en agua y shampoo. Está manchado con sangre de toro, tiene un hueco en la taleguilla, y le faltan los machos, que se los arrancaron cuando el matador salía en hombros por Sol. Gutiérrez, posiblemente cantando, lo cepillará dentro de un rato. Es pasado el mediodía del lunes y el Juli duerme como un niño que se la hubiera pasado todo el domingo jugando.


Mamaconazo

Encerrona en Mamacona devino en bulerías. Abajo, canta Juli, Sevillita en la guitarra, Gutiérrez, Raúl Vizquerra, Julián padre, Juan Manuel Roca Rey en las palmas.

El aperitivo previo al "julinazo" de Acho sucedió en el complejo turístico Mamacona, donde el anfitrión Luciano Silva Checa, junto con Juan Manuel Roca Rey y Belisario Rosas, hicieron posible ver al Juli toreando, picando vaquillas y cantando a la guitarra. La jornada amenazaba extenderse nocturnamente hasta predios barranquinos, pero intervino Julián padre. "La siguen conmigo, que el matador se tiene que ir a dormir", dijo.