
Ardor Charapa
Iquitos otra vez caliente. Tomás Gonzales sigue en su cargo y de la ley amazónica ni la sombra.
Las calles iquiteñas nuevamente militarizadas por el paro regional. Un mes después de los violentos sucesos que conmovieron a la ciudad, los ánimos no se han enfriado. Se mantiene el desacuerdo. Con la firma de la paz, con los tratados que ésta implica y, sobre todo, con la sordera del Gobierno Central.
AL cierre de esta edición, la capital loretana lucía nuevamente poblada de efectivos militares y calentada por algunos rumores. El paro regional de 48 horas convocado por AMRELOR (Asociación de Municipalidades de la Región Loreto) y por el Frente Patriótico de Loreto (FPL), para los días 24 y 25 de noviembre, volvía a poner el dedo en la llaga del problema amazónico.
Un nuevo round entre el poder central y el regionalismo más levantisco que, sin embargo, no parece quitarle el sueño al Ejecutivo. El ministro de la Presidencia Tomás Gonzales Reátegui -cuya destitución solicitan los promotores del paro- sigue airoso en su puesto y la Ley de Promoción de la Amazonía todavía no tiene luz verde.
El propio Presidente se encargó de expiar de toda responsabilidad, por los sucesos del mes pasado en Iquitos, al ministro tarapotino y al titular del Interior, José Villanueva Ruesta. Gonzales Reátegui, además, recibió la bendición adicional de su paisano, el periodista Isaac García, quien, en espectacular acto de contrición, lo declaró inocente de apoyar a los candidatos de Vamos Vecino.
No se trata de, cual jíbaros, pedir la cabeza de este ministro. Es su papel de funcionario lo que se cuestiona, opinión que comparten incluso congresistas oficialistas como Luis Campos Baca. Su popularidad está en franco proceso de extinción, pero en Palacio nadie parece ni siquiera carraspear cuando se toca el tema.
Porfiado (y ratificado) ministro de la Presidencia.
En cuanto a la Ley de Promoción Amazónica, luego de su anuncio, varias manos se alzaron a lo largo del país para no quedarse fuera de juego. Hasta el alcalde de Tumbes, Ricardo Flores Dioses, argumentó, entusiasmado, que algunos pueblos de su departamento estaban en la selva y pidió ser considerado.
Otro reclamo, con paro incluido, provino de Huánuco, un departamento que sí tiene razones amazónicas más reales. El mismo sentimiento empieza a brotar en San Martín, Pasco, Madre de Dios y en Amazonas, que por su nombre y por alojar a Tiwinza, tiene motivos suficientes para solicitar su invitación.
Los loretanos no son los únicos, pues. De cabo a rabo del Perú existen otros pueblos y habitantes que también se sienten con derecho a incentivos amazónicos. Pueblos que no se salvaron de la marginación ni con la Marginal.
Otro problema, nada sencillo, es la frondosa maraña de intereses alrededor de la Amazonía. ¿A quién hacerle caso? ¿A los empresarios que sueñan con zonas liberadas de impuestos? ¿A los ecologistas que ponen su esperanza en la biodiversidad? ¿A los indígenas, siempre excluidos? ¿A los colonos?
El desarrollo sostenible se torna, por eso, en una necesidad. Y un ordenamiento territorial previo (organización armónica de los elementos sociales y ambientales) es elemento sine qua non. No es imposible ser racional y justo. En Estados Unidos existen incentivos específicos para las reservas de pieles rojas, para Alaska, para el estado de Georgia.
Mientras el gobierno se muestre retrechero en exponer sus razones y mantenga a funcionarios difíciles en el cargo, su negociación con los pobladores de la selva se hará más tormentosa. El Oriente necesita por lo menos un gesto. (Ramiro Escobar).