
Después Del Catchascán
Presidente ecuatoriano en las alturas del Palacio de Carondelet, el viernes 20 de noviembre, a los 100 días de su mandato, aprendiendo que el poder es calistenia.
El proceso iniciado por el nuevo régimen de Jamil Mahuad en Ecuador y el ya baqueano de Alberto Fujimori en el Perú deja sentir sus contradictorios efectos, tanto que el volcán Pichincha ha despertado y el Amazonas ruge con denuedo.
UN leve temblor remece el despacho presidencial al momento del saludo.
-¿La guagua Pichincha?, inquirimos alertados.
Jamil Mahuad sonríe. No, es el paso de los vehículos, asegura.
Alto y flaco, de mano firme, el presidente del Ecuador nos invita a tomar asiento. La luz serrana inunda el despacho del Palacio de Carondelet, a través de grandes ventanales que dan a la Plaza Independencia.
En Quito es el viernes 20 de noviembre, precisamente el día 100 de su mandato. La fecha convencional que se traza imaginariamente para hacer el primer balance de un gobierno.
A diferencia de otros líderes, este centenar de días encuentra a Jamil Mahuad encaramado ya en la historia, tras el valiente paso de haber apostado a la paz con el Perú. Algo que pocos días antes parecía imposible.
El despacho es austero, de altas paredes blancas, con unas cuantas macetas de plantas discretas y sillones mullidos de cuero.
Si la paz equivale a cruzar los Andes con esfuerzo, no son pocas las marejadas políticas internas -la reconstrucción del fenómeno de El Niño, el programa económico y la reforma fiscal, la convivencia con la oposición- que han complicado la agenda política de Mahuad.
El presidente Mahuad respondió preguntas a boca de jarro, pero una -sobre reciprocidad respecto a centros de comercio y a navegación- la contestó después, por escrito.
A todo ello se suma el despertar del majestuoso volcán Pichincha, a cuyas faldas se extiende serena la ciudad de Quito.
El hombre luce relajado, sin embargo. Apenas unas horas antes, el Congreso ecuatoriano aprobó el Tratado de Integración con el Perú, y optó por dejar al Ejecutivo la responsabilidad de la firma del Tratado de Comercio y Libre Navegación suscitando comprensibles suspicacias en el Perú.
La sesión fue tumultuosa, como lo quiere la costumbre de los hombres del Guayas. 50 parlamentarios de la oposición abandonaron el hemiciclo (entre ellos el general (r) Paco Moncayo, líder del belicoso grupo de Izquierda Democrática). Pero Mahuad no parece preocuparse.
Sin duda, como lo puede comprobar cualquier cronista, el Congreso y el aeropuerto son las áreas de mayor cuidado en la capital del Ecuador. Es el terreno de la improvisación, de la incertidumbre, del artero viento cruzado o de la olímpica lavada de manos.
Puntos neurálgicos por donde ha de transitar una plena integración entre nuestros países. Difícil hacer negocios en un país donde el riesgo de quedar varado en el aeropuerto se puede prolongar tres días, y aún más difícil donde la inestabilidad jurídica es palpable como una tortuga de Galápagos.
Pero el presidente Jamil Mahuad en sus primeras catorce semanas de gobierno está demostrando hasta el momento temple, visión y genuinas cualidades de libre navegante.
La economía domina hoy la agenda política del Ecuador. Ella obliga, por cierto, a una nueva correlación de fuerzas políticas entre la gobernante Democracia Popular y el opositor Partido Social Cristiano de León Febres Cordero y cuyas cabezas visibles en el Parlamento son Jaime Nebot y Heinz Moeller.
Las dudas y murmuraciones en el Ecuador sobre el proceso de paz han pasado, por el momento, a un segundo plano. Pero no cabe duda que aún falta un buen trecho por recorrer.
"Yo sigo apostando que el proceso de paz con el Perú es una corriente con la fuerza del río Amazonas que nos debe llevar adelante", afirma convencido Mahuad, reconociendo que hay remolinos y vados traicioneros.
Confía en la mano diestra -recorridos ya los tributarios ríos parlamentarios y municipales-, pero sobre todo en la transparencia. "No hay nada que ocultar y, si lo hubiera, hay que esclarecerlo", remacha.
El presidente Jamil Mahuad se comprometió a responder a CARETAS, luego de consultar con su Cancillería, sobre cuál es la lectura del Ecuador del Artículo 36 del Tratado de Comercio y Libre Navegación que habla de la reciprocidad que le corresponde a su país otorgar al Perú en el tema de los centros de comercio y navegación. La respuesta de la Presidencia de la República del Ecuador se recibió por escrito.
"En cuanto a la reciprocidad, Ecuador podría concederla en la navegación de los ríos septentrionales afluentes del Marañón-Amazonas que corren por territorio ecuatoriano".
Músculo y Cordura
USTED no es ciertamente el único protagonista en este proceso y no será el último. ¿Qué seguridades se tiene de que no vaya a dar marcha atrás en el Acuerdo de Paz?
-Aquí hubo personas que criticaron la decisión final, pero ni siquiera los más críticos han sostenido que no debí firmar. Y las encuestas de opinión muestran un gran respaldo popular.
-Ecuador denunció la inejecutabilidad del Protocolo de Río de 1942 en 1951. ¿Cuánto tiempo debemos esperar para que el Acuerdo de Paz suscrito se selle?
-Hay dos maneras de ver este problema: uno es centrarse allí y otro mirar adelante. Mirando para adelante resulta que a tres semanas de la firma los Congresos ya han aprobado los tratados. Ahora falta intercambiar las notas, crear las condiciones para la demarcación, proceder a poner los hitos en la frontera, suscribir la escritura sobre el tema Tiwinza. En la parte formal de la delimitación, por ahí vamos contruyendo. Creo que llegamos a firmar la paz porque ambas partes reconocimos las dificultades. Cuando Ud. logra entender lo que pasa con el otro, puede avanzar. En caso contrario, lo critica desde afuera.
-Ud. ha logrado avanzar en 100 días lo que no se pudo lograr en 56 años. ¿De dónde nace su convicción de paz?
-Viví en una provincia de frontera, y mi abuelo fue militar. Para mí el tema de la guerra nunca fue un tema ajeno, lejano, ni que me lo contaban. Mi familia lo vivió. Al mismo tiempo tengo muchos amigos peruanos. Yo he ido desde muchacho a Sullana, Talara, Tumbes, Piura, Catacaos. Recorría mucho esas zonas: hasta son los mismos apellidos. Así que es natural que la gente de nuestra frontera esté unida. Cuando la frontera se cierra, no la cierran ellos.
-El 10 de agosto, el día que Ud. asumió el mando, las tropas peruanas estaban a menos de 50 metros de distancia, y el riesgo de una guerra de gran escala era inminente. ¿Qué seguridades tiene Ud. que esa lógica bélica ha sido efectivamente desactivada con la firma del Acuerdo de Paz?
-La garantía de que la gente cree en vuestro país y en el mío. Era el último conflicto armado que había en América del Sur. Han participado en la firma muchos Presidentes, y ha merecido un aplauso mundial. Va a ser bien complicado que a alguien se le ocurra una cosa distinta. No creo que tenga apoyo nacional ni de ningún país.
-Ahora, claro, las guerras no son necesariamente decisiones muy democráticas que digamos...
-Sí, pero las gentes que las provocan actúan en un contexto. Yo creo que eso evitó hace cien días un enfrentamiento: la presencia de la Momep, el trabajo intermediario. Lo importante es concretar la gran cantidad de oportunidades que nos ofrece la paz, y que la gente obtenga más en su vida cotidiana.
El general (r) Paco Moncayo y René Mauge estuvieron entre los 50 congresistas que el jueves 19 abandonaron la sesión extraordinaria en la que el Parlamento del Ecuador aprobó el Tratado de Integración.
-El Canciller Fernando de Trazegnies dijo que la frontera podía ser demarcada en dos o cuatro meses. ¿Cuándo se va a instalar el último hito?
-Yo podría coincidir en eso, que no es una fecha, es un período.
-Recientes declaraciones de su canciller Luis Ayala parecieron condicionar la instalación de los hitos a la conclusión del trazado de las carreteras y a la ubicación de los centros de comercio y navegación.
-Yo pienso que ambas cosas las haremos perfectamente en ese lapso. El Canciller ha trabajado muchísimo por la paz. Es un hombre cautivado por la paz y va a seguir trabajando en esa línea.
-¿Pero habrá que demarcar la frontera?
-No sea tan desconfiado. Claro que sí, de eso se trata. Hay que demarcar la frontera, trazar la carretera que va del Ecuador a Tiwinza y la que va del Ecuador a San Francisco de Borja porque estamos en el corazón de la integración andina. Cuando el presidente del Ecuador se reúne con el presidente de Colombia hablan de integración, de vías, de zonas francas en la frontera, de convenios para migración, de tipos de documentos. Cuando el presidente del Perú se reúne con el del Ecuador, de qué hablan: exclusivamente de límites. Vamos a tener que cambiar eso.
-¿Dónde se ubicarán los centros de comercio y navegación? ¿A orillas del Amazonas, por ejemplo?
-Esa es una definición técnica, no es una definición política. Tiene que ser en sitios donde sean accesibles, donde tengan facilidades para funcionar. Y es una comisión binacional la que establecerá eso. Pero son ya detalles. Yo creo que todos debemos trabajar para que esos detalles se hagan. Sería una pena que ahí se produzca un problema.
-Bien sabe lo que viene ocurriendo en Iquitos.¿Cómo lo interpreta?
-Entiendo que haya reacciones violentas de parte de un sector de la población porque estamos tocando un problema con un alto contenido emocional. Ahora es necesario mirar hacia delante. Ambos pueblos vamos a ganar con la integración. Tenemos economías complementarias: hay una integración geográfica, histórica, natural, especialmente en la gente. Trabajemos por la paz y para el futuro. Ya vendrán tiempos en que los ánimos se aplaquen. Somos seres humanos con los mismos valores. Mucha gente, por mucho tiempo, ha tratado de pintarnos una caricatura.
-¿Sobre el tema de la reciprocidad que le corresponde al Perú en el marco del Tratado de Comercio y Navegación?
-El Tratado de Comercio y Libre Navegación, por definición, es un tratado a favor del Ecuador, es una compensación por otras cosas. Pero cuál es la dinámica y la lógica: que sean los ríos del oriente navegables por donde puedan pasar productos. Los derechos a favor del Ecuador ya están establecidos, pero si lo que buscamos es una real integración es posible que se pueda conversar sobre eso.
-¿Cuándo le gustaría ir a Tiwinza?
-Eso tiene que hacerse con la colocación del último hito, en cuatro o cinco meses.
-¿Entonces, puesto el último hito y suscrita la escritura pública de Tiwinza Ud. inmediatamente irá allá?
-Claro, iré en condición de propietario de este territorio. Con el permiso de la Momep y con otras personas podemos ir cualquiera de los dos Presidentes. Tiwinza fue una posición que defendimos con éxito. De Tiwinza no salimos por el conflicto de 1995. Salimos cuando se desmilitarizó.
-Se dice que Tiwinza es un lugar topográficamente endemoniado.
-Pero no Tiwinza. Tiwinza está en el valle. Está junto al río. Es más bien una zona muy bonita. Yo sobrevolé Tiwinza hace poco con permiso de la Momep. La vi desde el aire. Y hay muchas fotografías aéreas también.
-Tiwinza fue un puesto ecuatoriano que el Ecuador defendió exitosamente. ¿Cuánto tiempo estuvo ocupado?
-No sabemos.
-Pero fue un puesto ecuatoriano que ahora ha quedado totalmente establecido que queda dentro del Perú.
-En ese entonces la zona no estaba delimitada y ambos países la reclamaban como propia. Cada palabra suya debería ameritar una respuesta, y eso no le hace ningún bien a la paz.
-¿Qué ha pensado hacer en Tiwinza?
-Un monumento a la nación.
-Ahora que se ha abierto un espacio de reflexión en el Ecuador sobre su historia, ¿cómo piensan los ecuatorianos plantear lo de la frontera en términos educativos?
-Hay una gran dosis de realismo en el Ecuador. Es un tema que quedará para reflexiones, artículos, libros, conferencias, debates. Así se hace la historia de los pueblos. Con lo que tenemos vamos a hacer un país y vamos a salir adelante. Lo concreto es que tenemos una frontera definida y a partir de esa frontera vamos a trabajar.