Zampándose Entre Los Palos




Zampándose
Entre Los Palos
En busca de alternativas, la opinión pública adjudica un constante tercer lugar a Castañeda Lossio, quien, en hipotética segunda vuelta, ganaría a Fujimori...

Se diría que Luis Castañeda Lossio es un pasajero más de ese ómnibus controvertido y solicitado que se llama la política. Pero en las últimas semanas, por las encuestas y las masas que mueve en sus giras en pos de las firmas, está cobrando la forma de un candidato con duende y polendas.

Las encuestas, instantáneas de un panorama móvil, le dan, sin mayor esfuerzo de su parte, un buen arranque.

TIENE 53 años, un aire juvenil, fama de buen administrador e inspira rápidamente confianza.
Gran parte de estos atributos corresponden a la gente del norte, más específicamente a los chiclayanos, cuya estirpe le agrada recordar, tierra que no ha dejado de dar notables políticos, caracterizados por la ductilidad y el don de gentes.
¿Estas son suficientes razones como para llevar a creer a los peruanos que estamos ante un virtual candidato presidencial? En la actual coyuntura política el caso de Luis Castañeda Lossio, abogado que ha desfilado de la administración municipal a la del seguro social, con breve incursión en el sector privado, resulta inquietante.
Quizá, en parte, su súbita aparición como tercer actor en la liza presidencial, después de Alberto Fujimori y Alberto Andrade, no dependa tanto de él, sino más bien del temperamento del público elector, que a un año vistas está a la caza de una figura distinta de los dos Albertos que, de tanto cargamontón, han terminado por parecerse demasiado.
Castañeda puede tener méritos personales, pero en la práctica no ha tenido -o no ha querido tener- confrontaciones electorales. Es fruto de la opinión, no de las urnas.
Además, en la corriente de continuar creyendo en la opción "independiente" ratificada en las pasadas elecciones municipales, Castañeda pinta bien, pues salvo una remota militancia en Acción Popular, ha preferido hacer a actuar partidariamente.

El sondeo de Analistas & Consultores indica el bajonazo de Fujimori como candidato.

¿Ha quedado tan grabado en la experiencia peruana el fenómeno Fujimori que se podría interpolar ahora un Castañeda Lossio, caminante de todas las rutas? "No lo creo -dice-. A mí se me conoce poco pero proyecto una imagen. No soy exótico, soy claramente de aquí. No me disfrazo, camino como soy y simplemente pregunto, aprendo y propongo.
Puesto ya en notoriedad, se especula sobre la real fuerza de este hombre que, por lo pronto, intentó postularse como candidato municipal en las elecciones de 1996, movimiento que amagó tempranamente con la ostentosa incursión de Jaime Yoshiyama, y que ha sufrido ya un desliz con el reviraje de sus firmas para inscribir a Solidaridad Nacional, un partido multiforme y de algún modo en las sombras.
Los comentarios crecen al mismo tiempo que Castañeda guarda perfil bajo y declara, de tiempo en tiempo, algunas generalidades.
"Doctorado en silencios" lo llamó Javier Valle Riestra, poco después de terminar su volcánico premierato y cuando aún echaba lavas políticas.
A la gente no le termina de disgustar que se hable poco, pues la locuacidad suele atribuirse a los políticos, atacados de verbafagia.
Hablar lo necesario y sencillamente es, todavía, una virtud preelectoral. Así pasó con Alberto Andrade cuando apuntaba para Lima Metropolitana, aunque ahora se le critica no haber debatido en la última contienda electoral municipal.

Sus giras encuentran acogida, pero aún no tiene las 800 mil firmas ni adecuada organización.

El silencio en política peruana no es, necesariamente, poquedad de ideas y de ánimo.
¿Es Castañeda Lossio un hombre de fortuna personal, adalid de un grupo económico o cuenta con un padrino todopoderoso? Todavía en el Perú es difícil imaginarse un candidato sin un soporte financiero persuasivo. No gustan los hijos de la gran fortuna, pero tampoco inspiran confianza los desposeídos de todo predicamento con los círculos del dinero.
Ya se han lanzado especies tales como que Castañeda Lossio es protegido de un líder de las telecomunicaciones, que se están armando bolsas... "Por lo menos, no han surgido todavía quienes estén vendiendo opciones para almorzar conmigo", bromea Castañeda.
Hay un argumento más refinado y coyuntural. Castañeda Lossio -se dice- apunta a ser el delfín del fujimorismo. Como Alberto Fujimori no irá, y como no puede dejar a nadie que sea producto de este régimen, se precisa de un hombre independiente que haya demostrado coincidir en lo fundamental del diseño económico, aunque no político, que tenga buenas relaciones con los militares y que inspire confianza en la gente. En suma, que no esté quemado.
¿Pero ese, acaso, no es Juan Carlos Hurtado Miller? Para empezar, éste tiene las credenciales de su votación en Lima el pasado octubre: más de un tercio del electorado capitalino.
"Esta especulación podría ser creíble -dice Castañeda- si en efecto yo hubiera sido y fuera fujimorista, hipótesis negada. Trabajé como independiente en el Seguro Social y no tuve en ningún momento tarea política. Lo que ocurra con Juan Carlos Hurtado dependerá de lo que hagan los partidos del gobierno. En mi caso, el trabajo es más simple y directo: queremos inscribirnos como partido político, estamos consiguiendo las firmas y ni siquiera todavía se ha decidido quién será candidato a la presidencia".

La desaprobación a la gestión presidencial, que bajó a 50% en marzo, está ahora en 60.8%.

Otro fruto no siempre deseable de la notoriedad es que los grupos tiran del candidato probable para uno u otro lado. ¿Es Luis Castañeda Lossio un ortodoxo en economía? ¿Qué posibilidades tendría de cambiar el modelo en curso que, entre otros, los empresarios juzgan inamovible?
"A veces me piden respuestas con el propósito de ver en qué caigo -dice el líder de Solidaridad Nacional- como si la política fuera construcción de algún iluminado. En estos viajes por el Perú voy aprendiendo cada vez más que hay que saber escuchar y que la política es construir con la voz, con el concurso, de todos. Los peruanos tenemos que aprender a hacer otro tipo de política. La democracia es un ejercicio que comienza de a pocos y desde abajo, ¿no?".
Viéndolo uno piensa que quizá no tengo apuro, que de algún modo está haciendo una prueba para medir fuerzas. Ya quisieran muchos arrancar con encuestas soplando a su favor y con una recepción espontánea como las que en octubre y noviembre ha presidido en Puno, Cusco, Chiclayo, decenas de pueblos y provincias del interior.
"Sé lo que hacemos -confiesa-. Es caminar, escuchar, ver el Perú de siempre y de futuro. Vamos en caravana, paramos en cada sitio, no discurseamos, nos reunimos en las plazas sin previo aviso. Es formidable ver que la gente se acerca, va formando grupos, dice lo que quiere, se queja del centralismo y rápidamente propone proyectos, pedidos, de cuando en cuando se queja de algunos políticos que alguna vez pasaron".

Si sólo Andrade y Castañeda pasaran a la segunda vuelta, el alcalde ganaría holgadamente.

El asunto, sin embargo, es menos poético y más concreto. Requiere firmas para inscribirse. No menos de 800 mil para que cualquier revirada no lo agarre de sorpresa. Y no parece tener una maquinaria para este fin. "Tenemos comités que se están formando en todo el país. El asunto de las firmas es más que un acto formal, debe servir para tomar el pulso de los adherentes. Y no nos podemos quejar. La gente quiere otra perspectiva política".
Meses atrás, cuando se hablaba de Castañeda Lossio, surgía la imagen de jubilados, de hombres de la tercera edad, de discapacitados y de madres de familia que lo recibían con los brazos abiertos, reconociendo en él a alguien que no los olvidó en su abandono.
En las últimas giras hay este contingente, pero también numerosa juventud. En eso lo ayudan el bluejean y la casaca juveniles, pero también la frescura de planteamientos sencillos y próximos a lo que la gente joven está pidiendo. La política de hoy pide lozanía en las ideas, en los gestos, en la actitud. Castañeda agrega: "Hay juventud, pero también pasión y conocimiento del Perú. Hay que hacer política distinta para un país distinto".
De repente, en Solidaridad Nacional está cobrando forma, no una sorpresa política pero sí una opción que surge por la sencilla razón de que la gente necesita alternativas, frente a un régimen en creciente descrédito y una oposición excesivamente tradicional.


No Rotundo
Fujimori sabe por qué no es buen candidato.

S"No sé si France-Presse tiene un detector de lo que uno piensa al interior de su cerebro. Todavía la ciencia no está tan adelantada". El presidente Fujimori buscó desmentir con estas palabras una información de la mencionada agencia de noticias en el sentido de que él había desistido de postular a una nueva reelección. La verdad es que, en efecto, la ciencia no está tan avanzada; pero el periodismo sí tiene medios para detectar hechos y opiniones íntimas.
Luis Jaime Cisneros, el periodista de AFP que elaboró la información, había captado en fuentes de la familia Fujimori y, además, en reiteradas encuestas de popularidad (e impopularidad) una intención que aparece cada día más evidente, aunque, como es previsible, no se quiera admitir abiertamente.

Los resultados de Analistas & Consultores (21 al 23 de noviembre) en la Gran Lima confirman los de otras encuestas. Su mensaje no exige detector de cerebro.

Nada de esto se halla oculto en la cámara oscura de ningún cerebro. Por lo pronto, Keiko Sofía, primera dama de la nación en su condición de hija mayor del mandatario, ha declarado más de una vez, aquí y en el exterior, ante cámaras de televisión, que los familiares del Presidente desean que él se retire a la paz del hogar y del descanso.
Es un secreto a voces, además, que Fujimori adolece de un mal que puede obligarlo, en los próximos meses, a una cura de silencio. Sin duda que en la voluntad familiar entra la preocupación legítima por la salud del jefe de la familia y del Estado.
Las encuestas, por otra parte, son vastamente desalentadoras, como para hacer que Fujimori y su entorno íntimo lleguen a esta cuerda conclusión: abstenerse él para el 2000 y quizás prepararse para el 2005. Si de planes reeleccionistas se trata, servirían, en todo caso, para el candidato que en el 2000 encabece una fórmula oficialista y para su correspondiente lista parlamentaria.
Los legisladores de la mayoría y algunos funcionarios que son la conciencia negra del fujimorismo resultan los más preocupados por la perspectiva de una ausencia de Fujimori en la próxima contienda electoral.
Los congresistas reeleccionistas temen que el voto los arroje de su curul. Se sabe incluso que las esposas de algunos de ellos, asustadas por lo que ha ocurrido con el general Augusto Pinochet, están insistiendo ante sus esposos para preparar una retirada estratégica a algún lugar seguro. Comprensible aunque exagerado nerviosismo de las damas.
El hecho inconmovible es que las encuestas no auguran nada bueno para el régimen en las elecciones del 2000, de Presidente a paje. Cierto es que Fujimori conserva alrededor de un 30 por ciento de aprobación como Presidente; pero la desaprobación sobre su desempeño ha crecido hasta un 60 por ciento.
Lo más pavoroso para el oficialismo es que cuando se trata de intención de voto, el caso empeora. El cuadro adjunto indica que el candidato, no el Presidente, desciende hasta 14.8% de la intención de voto, según encuesta recentísima de Analistas & Consultores. Un bajonazo rotundo. Sería un insulto a la inteligencia de Fujimori suponer que su cerebro no ha computado el mensaje de éste y otros sondeos de opinión, que de alguna manera reflejan la inquietante situación económica del país.