Neruda En El Corazón




Neruda En El Corazón
A la luz del caso Pinochet, cobra relieve una biografía del poeta.

Foto que el poeta dedicó a su amigo argentino Héctor Eandi, con quien tuvo amplio epistolario.

Volodia Teitelboim es un hombre poblado de libros y combates. Y ha querido la suerte que llegue a Lima para presentar su última creación justo en el clímax del caso Pinochet. Ocurre, a este respecto, que Teitelboim es autor de una vasta biografía de Pablo Neruda, que incluye el momento de la muerte del poeta, cuando éste, en mitad del camino entre la realidad y el delirio, clamaba: "¡los están fusilando! ¡los están matando!".
Era pocos días después del asalto al poder por los militares fascistas. El libro de Teitelboim sobre Neruda ha sido considerado "la más completa, amena y compenetrada biografía que se haya escrito sobre el poeta". Lo es. Se trata de una reconstrucción dictada no sólo por la extensa amistad y la comunión política, sino también por un lúcido amor a la verdad y la poesía.

Escribe CESAR LEVANO

LA La última vez que estuvo en Lima, en julio de 1971, Neruda dio en el auditorio del Colegio Santa Ursula un recital en beneficio de los damnificados del pavoroso terremoto que había asolado a Ancash el 31 de mayo de 1970. Apenas apareció el poeta en el escenario, dijo: "Voy a recitar algunos de mis poemas más antiguos en homenaje a los más jóvenes del público". Y empezó: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche".
El auditorio, repleto de muchachas y muchachos, estalló en una ovación estruendosa que parecía no tener fin. En CARETAS 419, bajo el título "El poder joven de la poesía", tracé la crónica de esa noche memorable.

Neruda y su fraterno Volodia Teitelboim, autor de la más amplia y traducida biografía de Neruda.

La ironía de la historia -de los que hacen la historia a la fuerza- quiso que quien celebró el júbilo nupcial de la pareja humana muriera víctima de un turbión de odio y de sangre que hasta ahora divide a su país.
Si algo distingue a Neruda de otros poetas latinoamericanos, excluyendo a los brasileños, es su intensa sensualidad. Eso es lo que primero atrajo a los jóvenes de buena parte de este siglo en América Latina. No en vano Veinte poemas de amor y una canción desesperada es el libro de poesía más vendido de todos los tiempos en Latinoamérica. Hace veinte años andaba ya por los dos millones de ejemplares. Medio siglo atrás, cuando presté a una amiga mi ejemplar del libro, escandalicé la virtud, por los primeros versos: "Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos..."
Ahora bien, durante mucho tiempo, Neruda ocultó la identidad de la mujer y/o las mujeres que inspiraron ese libro. Teitelboim aclara, sin duda porque fue amigo fraternísimo del poeta, misterios y claroscuros al respecto.
Neruda, dice nuestro autor, no era un monógamo intransigente. No lo fue ni aun en la adolescencia. Recuérdese que había nacido el 12 de julio de 1904 y que Veinte poemas fue publicado en junio de 1924; es decir, cuando el autor no había cumplido veinte años.
Para entonces, dos mujeres vibran en sus versos. Una es Marisombra; la otra, Marisol. Queda establecido que Marisombra es Teresa León Bettiens, la de Temuco, que rompe con él debido a prejuicios sociales de la familia. Neruda, hijo de un ferroviario y estudiante que se moría de hambre, confiesa en una carta: "no estoy en edad de no comer todos los días". Teitelboim anota, sin embargo, que ella se casó sólo a los 45 años de edad. Quizás anduvo esperando al poeta.
La otra musa es Albertina Rosa Azócar. Esto se sabe desde que, en 1975, un enemigo político de Neruda consiguió autorización de la dama para la publicación del epistolario publicado con el nombre de Cartas de amor de Pablo Neruda. Teitelboim precisa y subraya hechos relacionados con ese idilio muerto.

La dictadura de Pinochet, que mató en masa a amigos de Neruda, prohibió el ingreso a la casa de éste.

Las páginas de la biografía son ricas, por otra parte, en episodios de la vida juvenil de Neruda, transcurrida en medio de una bohemia que, sin embargo, no rehuía el trabajo intelectual. Aparte queda clara la filiación anarquista del Neruda más joven, participante activo de las luchas estudiantiles. Y lo vemos asomar, desde muy temprano, como traductor de James Joyce y admirador de Marcel Proust. Una anotación: sentimos otra vez que no se valora aún al Neruda de Anillos como renovador de la prosa artística latinoamericana. Ese libro, escrito al alimón con Tomas Lago, es de 1926. La casa de cartón de Martín Adán, de 1928.

LA ARISTOCRATA ROJA

El biógrafo recorre en su libro, toda la trayectoria de Neruda. Los años en Oriente durante los cuales trabaja Residencia en la tierra, los días de la guerra civil española que definen su militancia política.
No olvida perfilar la imagen de Delia del Carril, la segunda esposa de Neruda. Hija de un estanciero argentino, que viajaba con sus once hijos a París en un barco en que llevaba la vaca familiar para la leche del desayuno, la bella y refinada joven se había hecho comunista mucho antes que el poeta. En París, donde estuvo internada en el convento de las Hermanas de la Asunción, trabó amistad con el poeta Oliverio Girondo y el novelista Ricardo Güiraldes. Más tarde, fue discípula del pintor Fernand Léger y se hizo amiga de Pablo Picasso, Le Corbussier, Paul Eluard y Louis Aragon. En Buenos Aires formó parte del círculo de Jorge Luis Borges.
Esta mujer brillante y distinguida se entregaría a la causa del socialismo con una pasión casi tan grande como la que consagró a Neruda, a quien conocería en Madrid. Era tan activa que sus amigos la llamaban "La Hormiga". Neruda estaba entonces casado con la holandesa María Antonieta Hagenaar. Pero eso no impidió el flechazo entre él y Delia.

SETIEMBRE NEGRO

Después, Neruda se enamoró de Matilde Urrutia. Fue durante largos años un amor secreto, con citas súbitas en países y continentes lejanos. El poeta temía ofender a Delia. Al final, Los versos del capitán y las confidencias descubren la verdad a "La Hormiga". Era un triste final para una mujer, cierto que veinte años mayor que el poeta, que le había dado cariño y cauce a su vida. Pero Matilde fue la gran animadora del crepusculario vital nerudiano.
Las persecuciones, las expulsiones de países, las fiestas bacanales de este gran sensual, el Premio Nobel, el amor y la furia, la riqueza cultural del Chile democrático: todo está en las bellas páginas de Volodia.

Con Matilde Urrutia, su compañera final, vivió idilio oculto. Al lado, Delia del Carril, la aristócrata rebelde, amiga de Borges y Picasso, que amó y encauzó durante años al poeta.

También está, por supuesto, la historia del golpe de Pinochet contra un régimen democrático, que respetaba las leyes y que podía ser discutido -y, en última instancia, sustituido- por el voto. En estos días, mientras me sacude la polarización en Chile y la nueva amenaza que pende sobre su institucionalidad, leo y releo el libro Nixon. An Oral History of his Presidency, de Gerald S. Strober y Deborah Hart Strober, publicado por Harpers Collins Publishers en 1994. Allí, William Colby, director de la CIA entre 1973 y 1976, declara con todas sus letras que Nixon dio, primero, la orden de impedir el acceso de Salvador Allende al poder. Fue terminante: "Y no le digan nada al Departamento de Estado o a nuestro embajador. Háganlo". La idea era animar a los militares chilenos. En vista de que fracasaron inicialmente, los agentes acudieron a secuestrar al general constitucionalista René Schneider. "Schneider resultó herido y murió poco después", declara Colby. "No estoy limpiando ahora a la CIA, pero estuvo claramente dentro de la directiva del Presidente".
La tragedia chilena tiene un autor, con obra todavía inédita.
En las páginas finales de Teitelboim, Neruda, poeta al fin, aparece presintiendo lo que iba a ocurrir en su país, que había sido ejemplo de democracia y cultura para nuestra América. El golpe fue el 11 de setiembre de 1973. Neruda murió doce días después.