
Todo se Paga
La justicia tarda pero llega. Pinochet enfrenta
procesos por violación de los derechos humanos.
Pinochet pensó que nunca le pedirían cuentas. Londres puede ser el inicio de su debacle.
"¿Sabe usted, general Pinochet, por qué son longevos los dictadores? ¿No será, acaso, porque tienen que pagar sus culpas?", se pregunta un ciudadano chileno luego de la decisión del Comité de Apelación de la Cámara de los Lores de Inglaterra en el proceso contra el general Augusto Pinochet.
Tres de los cinco lores -Leonard Hoffman, Donald Nicholls y Johan Steyn- se pronunciaron en contra de la inmunidad de Pinochet. Gordon Slynn y Anthony Lloyd a favor.
El 25 de noviembre había expectativa mundial. Ese día, Pinochet cumplía 83 años y el Comité de los Lores iba a decidir su futuro. En Londres y Santiago, los nervios mataban a los que estaban a favor de la liberación del generalísimo, y los que rogaban para que Inglaterra fuera el primer peldaño de la justicia de los desaparecidos y asesinados.
Rostros desencajados, gritos histéricos e insultos. Son los partidarios de Augusto Pinochet que reclaman la libertad del que consideran su "salvador".
El juez Baltazar Garzón, en su demanda, pedía la extradición de Pinochet Ugarte para que los tribunales españoles puedan juzgarlo por genocidio y tortura contra ciudadanos españoles.
Los abogados del dictador recordaron su inmunidad diplomática, y la Corte Suprema de Inglaterra reconoció esa condición. Garzón apeló ante la Cámara de los Lores.
La posición de los lores Slynn y Lloyd hicieron pensar en algún momento que el dictador chileno sería liberado pronto. El primero, para oponerse después de un largo alegato dijo: "La referencia a los funcionarios públicos en la Convención sobre la Tortura de 1984 no incluye a los jefes de Estado". Lloyd sostuvo: "Debemos ejercitar autocontención judicial renunciando a nuestra jurisdicción".
El partido se volteó. Nicholls votó a favor de la apelación de Garzón diciendo: "La tortura y la toma de rehenes no constituyen una conducta aceptable por parte de nadie. La conclusión contraria constituiría una burla del derecho internacional".
Steyn fue más duro: "Las acusaciones que se le hacen no pueden entrar en la categoría de actos llevados a cabo en el ejercicio de sus funciones de jefe de Estado que asesina a su jardinero u organiza como mero espectáculo la tortura de sus rivales. En mi opinión, el general Pinochet no tiene derecho de inmunidad".
Ni dos minutos le tomó a lord Hoffman su voto: "He tenido la ventaja de leer el borrador del discurso de mi noble y sabio amigo lord Nicholls y por las mismas razones que él ofrece yo también doy luz verde a esta apelación".
¿SOBERANIA?
El mundo en general mostró su satisfacción por la decisión de los Lores, pero hubo excepciones. Rostros desaforados como el de Augusto Pinochet Hiriart, hijo del dictador, hasta declaraciones de políticos oficialistas peruanos como Martha Chávez y Víctor Joy Way, pasando por los seguidores del general en Chile, todos mostraban su oposición al fallo. "Estoy con el corazón destrozado, ha triunfado una expresión partidista y sectaria, el día que cumple años", dijo el hijo de Pinochet. Luego argumentó: "No han reparado, siquiera, en el estado de salud y en el estrés de mi padre".
Alberto Espina, presidente del grupo derechista Renovación Nacional, fue enfático: "Esta es la mayor agresión a la soberanía chilena en muchas décadas, donde la izquierda chilena ha tenido un papel decisivo". Entre las imágenes de gritos y dolor de los partidarios de Pinochet en Chile, y la alegría de los familiares de los desaparecidos, a nuestra Martha Chávez no se le ocurrió mejor cosa que decir: "Podríamos estar ante un nuevo tipo de imperialismo promovido por la burocracia internacional que pretende ponerse por encima de la soberanía de los países".
Joy Way, el presidente del Congreso, siguió con la cantaleta: "Más allá de la conducta del general Pinochet están los aspectos fundamentales del respeto a la leyes, la Constitución y la soberanía de Chile".
Ministro Straw decidirá el futuro del dictador.
Pero, Martha Hildebrandt, después de reconocer la condición de genocida de Pinochet, y que todos deberíamos alegrarnos de que después de muchos años se haga justicia, matizó sus palabras: "Realmente no hay una justicia internacional para juzgarlo, sólo hay justicia nacional". ¿Será cierto, eso o están cuidando el futuro de alguien?
DERECHOS DEL MUNDO
Sobre este caso, el escritor mexicano Carlos Fuentes, en un artículo del diario El País, señala: que "Los instrumentos de defensa de los derechos humanos y castigo para quienes lo violan han ido adquiriendo dos dimensiones imprevistas en el derecho penal clásico. La primera es la universalidad. La segunda es la imprescriptibilidad".
Susana Villarán, del Instituto de Defensa Legal (IDL), precisa que contra lo que muchos creen en este proceso nada ha tenido que ver la unificación política de Europa, ya que cada país, a nivel judicial, mantiene su soberanía. "Lo que ha ocurrido, dice, es que los delitos contra los derechos humanos forman parte de los delitos contemplados en el derecho internacional. Y al ser leyes internacionales, para el caso de los derechos humanos priman sobre la soberanía de los países. Más aún cuando las naciones del mundo han suscrito Convenios Internacionales contra la tortura y el genocidio".
Desde el lado piscológico, Ruth Kristal de Burstein precisa que la depresión que según se dice estaría sufriendo el dictador, podría deberse más a la impotencia y cólera que a un reconocimiento de saberse un ser vulnerable y que provocó las atrocidades conocidas.
La suerte de Pinochet está en manos del ministro Jack Straw, quien el 11 de diciembre deberá pronunciarse a favor o en contra de la extradición del general. Si el fallo es positivo, otros países europeos que también han pedido juzgarlo deberán incluir sus demandas en un solo proceso.