La "Amazonía" de Tumbes




La "Amazonía" de Tumbes
Acerca de la frondosa propuesta del alcalde Ricardo Flores Dioses.


Mientras crece el clamor por una ley de promoción que atempere los ánimos de los pobladores de la selva, el alcalde tumbesino, Ricardo Flores Dioses, salió al frente con una propuesta inusitada: incluir a su departamento en la nueva legislación pro Amazonía. Si bien es cierto que muy cerca de Tumbes se pueden encontrar animales como el búho pigmeo (arriba), la culebra flecha (abajo, izquierda) o el tigrillo (abajo), viviendo entre lianas y bosques, aducir que esto es amazónico es una exageración casi novelesca.

CUALQUIERA que haya viajado por tierra hasta el extremo norte de nuestro territorio, habrá notado que, más o menos a partir de Chiclayo, nuestra costa sufre una sutil transformación. Ya no la constituyen sólo esas interminables lenguas de aridez que llegan hasta el mar, ocasionalmente interrumpidas por el verdor de un valle; sino que, poco a poco, la van poblando también algunos tímidos árboles.
Ese panorama es aún más claro luego del díscolo Niño que se abatió sobre el país entre 1997 y 1998. Ha aparecido incluso esa laguna denominada "La Niña" -que ya se está extinguiendo- y hay bosques en una zona cuya frondosidad es, por lo general, más discreta. En Tumbes la cosa fue más notoria: se desató una suerte de tropicalización asombrosa.
Varios factores provocan este desenlace. Por un lado, la escasa altura que tiene en esa zona la Cordillera de los Andes hace que las nubes provenientes de la Selva "pasen" hacia la costa con toda su carga eléctrica. Más importante, sin embargo, es la propia condensación producida en la costa debido a la temperatura del mar, que casi ya no recibe la influencia de la corriente fría de Humboldt.
El Niño es la versión exagerada de esta condición natural y, por eso, provoca lluvias tempestuosas que, por lo demás, regeneran los frágiles ecosistemas del Norte. Sobre todo el Parque Nacional Cerros de Amotape, que, en rigor, vive de las lluvias estacionales, y renace con fuerza cuando acaece el cíclico fenómeno, pues su napa freática (agua del subsuelo) se carga de manera dispendiosa.
Algo similar ocurre con la Zona Reservada de Tumbes (ZRT), un bosque de 26 mil kilómetros cuadrados vecino a este parque nacional, y que, al parecer, es el "argumento" del alcalde tumbesino para convertir a su departamento en amazónico. Se trata, en efecto, de una especie de selva, ubicada a sólo 50 kilómetros del mar, en donde se pueden encontrar los animales que ilustran estas páginas y otros más, varios de ellos en peligro de extinción.
¿Hay una especie de milagro de la naturaleza para que la Amazonía dé un salto hasta cerca de la costa norte? No, no hay tal cosa. En primer lugar porque el río Tumbes, que cruza dicha área protegida y luego la ciudad, así desemboca en el Pacífico y, por ende, forman parte de su cuenca no de la cuenca amazónica.

Bosque Reservado

El mapa muestra la Zona Reservada de Tumbes, un reducto boscoso que, junto con el Parque Nacional Cerros de Amotape y el Coto de Caza El Angolo, conforma la Reserva de Biósfera del Noroeste. Todo está en la Cuenca del Pacífico.

Es precisamente esa ubicación la que hace que la ZRT sea un bosque tropical del Pacífico, similar a los que hay desde Ecuador hasta México. La explicación de que en nuestro caso sea tan pequeño es que se trata de un relicto, es decir del rastro de un bosque mucho más grande que fue desapareciendo por la ocupación humana, algo que es fácil notar cuando, por esa ruta, uno se asoma a la frontera y ve el territorio ecuatoriano poblado de antenas y carreteras (fronteras vivas, que le dicen).
Las especies que allí se encuentran son similares pero no iguales a las amazónicas. Ejemplo de ello son los loros macareños, muy distintos de los guacamayos del Oriente. Lo mismo ocurre con el cocodrilo de Tumbes, pariente pero no hermano del caimán negro amazónico; y con la nutria del noroeste parecida pero no la misma que la nutria de la selva o lobo de río (ver CARETAS No. 1542).
Es posible que ocurra alguna migración de especies de la selva hacia estas zonas, aunque lo más probable es que el desplazamiento provenga desde otros bosques tropicales del Pacífico. Hacer esta eco-aclaración no significa dejar a Tumbes en el abandono. El alcalde debería solicitar apoyo por lo que realmente esa región es: una zona fronteriza, todavía afectada por los estragos del fenómeno El Niño, con índices de pobreza notables.
En cuanto a la ZRT específicamente, es una joyita que debemos cuidar. Tiene una enorme importancia biológica y puede ser un prospecto importante para la investigación y el ecoturismo. Es como una isla de bosque muy frágil, pues ya no recibe la influencia benéfica de bosques aledaños.
Hubo un tiempo en que todo ese territorio, en efecto, era similar a la Amazonía, aunque nunca haya sido lo mismo. Los ancestros de los animales que allí viven quizás lo disfrutaron y acaso también un jaguar que hace 15 años apareció en el vecino Coto de Caza El Angolo, como para decir que lo salvaje de este territorio todavía estaba vivo (Ramiro Escobar).