CONTROVERSIAS


Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Otro Mesías en Venezuela

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

UNA de las primeras cosas que dijo el comandante (r) Hugo Chávez, luego de su arrollador triunfo del domingo pasado, es que permitiría el regreso a Venezuela del ex dictador Marcos Pérez Jiménez (1952-58), con quien había tenido un encuentro previo. Todo un simbolismo, al finalizar una década durante la cual muchos creyeron -equivocadamente- que América Latina había salido definitivamente de la pesadilla de las dictaduras y se dirigía hacia la consolidación de la democracia.
En esa misma conferencia de prensa, Chávez se refirió al Pacto de Punto Fijo (octubre de 1958), emblemático del sistema democrático venezolano, como el causante de todos los males del país en los últimos 40 años. Aunque el comandante (r) dijo explícitamente que no se creía un Mesías, es obvio que está convencido que lo es. Él va a refundar Venezuela, todo lo anterior fue el reinado de la corrupción y la ineptitud, a partir de ahora se abre un nuevo período histórico de prosperidad y honestidad, fue en síntesis su mensaje inaugural. Si eso no es el más típico y tradicional mesianismo latinoamericano ¿qué lo es?
Ningún líder democrático cree -ni dice- jamás que con él empieza la historia. Por más importantes transformaciones que emprenda, la democracia es un sistema político que permite sólo cambios graduales, respetando a las transitorias minorías, buscando compromisos y negociaciones. Eso precisamente hace que los cambios sean más sólidos y perdurables que los que se efectúan mediante la imposición autoritaria. Chávez, sin embargo, está anunciando el comienzo de la historia para el 2 de febrero de 1999, cuando asuma la presidencia. Por supuesto, como todo Mesías que se respete, necesita una nueva Constitución.

Cómo la actual Constitución venezolana de 1961 prevé su propio mecanismo de reforma por el Congreso (elegido hace un mes), en el que Chávez no tiene mayoría, el caudillo va a liquidar al Parlamento y elegir una Constituyente a través de un mecanismo extra constitucional: un referéndum que convocará el 15 de febrero.
No se sabe con exactitud que contendrá la nueva constitución, pero puede apostarse que hay un tema nuevo que tratarán de introducir: la reelección presidencial inmediata. (Actualmente deben pasar dos períodos, diez años, para que un ex presidente pueda volver a postular).
Como todo Mesías con un elevado nivel de autoestima, Chávez está convencido que él es imprescindible para Venezuela. Cinco años son muy poco para efectuar las profundas e históricas transformaciones que va a emprender, así es que necesita dos, tres o más períodos.
Por supuesto, cualquier parecido con situaciones de otros países latinoamericanos no es pura coincidencia.
La llegada al poder por la vía electoral del comandante Chávez, que encabezó un sangriento y frustrado golpe de estado en febrero de 1992, ha sido posible por un fenómeno que los peruanos conocemos bien, el descrédito de los partidos políticos.
Acción Democrática (AD) y Copei gobernaron Venezuela desde 1959 hasta 1993, en que Carlos Andrés Pérez fue destituido. El éxito de los partidos se debió en buena medida a la riqueza petrolera, a pesar que en gran parte fue derrochada y robada.
Pero con la crisis de la deuda externa y la caída de los precios del petróleo, la economía venezolana se empezó a tambalear desde mediados de los '80. La agonía del régimen democrático empezó con el violento rechazo al ajuste económico que intentó Pérez en febrero de 1989, los golpes de febrero y noviembre de 1992, y su destitución al año siguiente.
En las elecciones de 1993 los partidos fueron rechazados por la población. Se impuso el anciano Rafael Caldera, ex presidente (1969-74) que abandonó su partido Copei. De todas maneras, Caldera ganó con poco más de 30% y AD y Copei obtuvieron, en conjunto, 56%.
El domingo pasado, AD y Copei tuvieron que retirar a sus candidatos y apoyaron a un "independiente", Henrique Salas Romer, que ni así -o quizás por eso-, pudo amenazar el holgado triunfo de Chávez.
En suma, el sistema de partidos venezolano se ha desecho y no ha sido reemplazado por uno nuevo. Un caudillo autoritario con pretensiones de Mesías ha llegado al poder con el respaldo de una población agobiada por una larga crisis económica, hastiada de la corrupción y esperanzada por un rápido cambio que les devuelva la prosperidad.
Son los inconfundibles ingredientes de la política latinoamericana, que vuelve a lo mismo cuando se creía que ya había cambiado definitivamente.

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