
Caballero con Broche de ORO
El Juli, niño mágico, demostró ser
humano en corrida extraordinaria.
Arriba, faena clásica trasuntando torería y lentitud. Tarde de Caballero. Derecha: el Juli, justo ganador del Premio al Mejor Capote que otorgó CARETAS.
AHORA sí. Ahora va de veras. De verdad de la buena. Se acabó la Feria y la posferia. Ya no habrá toros hasta el año próximo. Esto siempre es terrible. ¡Pobre de mí!, como en los Sanfermines de Pamplona cuando las fiestas finiquitan y las pamplónicas cantan con tristeza: "Pobre de mí, pobre de mí, ya se acabaron las fiestas de San Fermín". La tristeza, en este caso, no tiene fronteras.
La despedida táurica de este año fue cubierta por un saldo de toros mejicanos y españoles de diferentes ganaderías. O sea que hubo de todo. Toros chicos y toros grandes. Toros que parecían toros y toros que parecían ratas. Toros íntegros y toros semiinválidos como el último de Rafael Gastañeta que se caía y daba el bochornoso espectáculo de no poder levantarse si no es con la ayuda de dos peones tirando al alimón de cabeza y cola. Hubo toros que se dejaron y otros que no se dejaron tanto y hubo tres toros, los dos de Gastañeta y el último del Juli que presentaron serios problemas rozando lo francamente ilidiable.
El capote que armó la feria. Derecha: salida en hombros lograda a pulso por Caballero. Dos orejas cortadas con la espada.
El público, que llenó más de tres cuartos de plaza había ido a ver al Juli, al niño mágico, al habilidosísimo alevín de torero que está revolucionando el mundo del toreo con su toreo largo, abundante, torrencial y absolutamente intuitivo. Y esta vez el Juli, humanos somos, no la armó, como es su costumbre. Lo cual corrobora un hecho cierto que hasta esta jornada no se había podido comprobar: el Juli, a fin de cuentas, es un ser humano. La sobrenaturalidad del Juli no es un axioma intocable. El Juli, señores, es de carne y hueso.
Y vamos con él. El Juli es el tercero de la terna. Va después de Caballero, que abre plaza e inmediatamente después de Gastañeta que es el sandwich, el relleno y la "chicha" entre el clasicismo de Caballero y la revolución de la largura. El Juli va y se inventa la lidia de su primer toro llamado Mariachi, de Saltillo con 560 kilos. Al toro se le nota un tanto corraleado y se aploma. Es por tanto un toro de medios pases y el niño ingenioso lo entiende así. Y ahí lo tenemos practicando el encimismo, cruzándose, muy valiente siempre sorprendiendo al público con remates de tandas que son vacíos de toro. Vacíos de vaciarse al toro. De extrapolarlo. De darle salidas sorpresivas que entusiasman a los tendidos. Lo impensable. Lo no estudiado. Lo intuido en tres décimas de segundo. Y ahí, el Juli, con muy poco toro, pone al público de pie. Mata muy decentemente y una orejita muy merecida porque si nos fijamos bien, todo, absolutamente todo, lo ha hecho el torero. Es ésta una faena sin toro. Las cuchillas sensibles de los nervios del público han tenido que soportar desplantes tremendistas de filudos rechinamientos.
Con los pitones a la altura del pecho, el niño sabio demostró kilos de humano valor.
El último toro, un torazo de gran alzada, descubre la humanidad doliente del Juli. Este toro de 585 kilos se revuelve en un palmo de terreno. Esto va a contraestilo del cuasi imberbe matador. No lo banderillea por una sencilla razón: no lo va a hacer bien: el torero es diminuto y no le llega al morrillo y menos podrá asomarse al balcón. Con la muleta dibuja una faena correosa que intenta ser lidiadora y llena de empeños de dominio que no acaban cristalizando. Lo pasaporta con habilidad y suma decencia y el Juli, cosa extraña, sale de Acho por su propio pie.
El buen torero Rafael Gastañeta se encuentra, en conjunto, con un muy mal lote. Por primera vez no corta oreja este año en Acho. Su primer toro, español, de Giménez Indarte no va por la derecha, así que la faena va a tener el signo de la mano izquierda. Pero el toro es demasiado eléctrico y se revuelve. Por ello, a veces se echa al toro encima. Falta algo más de salida. A Rafael le va el toro que embiste largo no el que culebrea. Faena a contraestilo, con los soplapitos de costumbre haciendo de las suyas. Vistas las cualidades del animal Gastañeta estuvo más que aceptable.
Su último toro llegó a la muleta en estado de invalidez casi total. Era para echarse a llorar. No tuvo enemigo ni amigo, no tuvo toro y no tuvo nada. Nada que hacer con esto, se entiende.
Jurados Valero y Puga, Del Castillo atrás, atentos a entrega de manos de Enrique Zileri del Premio CARETAS al Mejor Capote. El ganador: El Juli.
La tarde fue para Manuel Caballero. Manuel Caballero es un pedazo de torero. Manuel Caballero con su primer toro, mejicano, de Fernando de la Mora demostró gran elegancia y lentitud aunque el toro se le despegaba por el cuerno izquierdo. Un toro extraño mitad noble y mitad cobardón y rajadito. Faena muy compuesta y aseada, bien rematada y una gran ovación desde el tercio.
A su segundo le dio las verónicas de la tarde y con la muleta hizo un faenón, templadísimo, muy en torero, de corte clásico, faenón muy bien hilvanado, dejando respirar al toro, trasuntando lentitud y torería de la buena. Grandes naturales y derechazos. Pureza. Hondura. Ritmo lento. Sin prisas pero sin pausas. Dejándose ver. Andándole al toro. Adelantando la pierna contraria y llevando la muleta al hocico del toro para atraérselo y alargar el recorrido de cada pase con "tempos" mayestáticos y solemnes. Corriendo la mano y rematando con gran suavidad. Estoconazo hasta la bola. Dos orejas muy merecidas demostrando la valía de una gran faena tersa y aterciopelada que va a unirse en el recuerdo conjunto de una gran feria en la que hemos visto muchas y grandes cosas.
¡Qué tristeza! ¡Qué gran tristeza que todo esto haya terminado ya!