CONTROVERSIAS




Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

La Soberanía Como Pretexto
LA arrogancia y prepotencia del ex dictador chileno Augusto Pinochet es denominada ahora "dignidad" por sus alterados partidarios. Quien pisoteó sin misericordia los más elementales derechos de las personas, arrasando con la Constitución, las leyes y la vida de sus semejantes -y quienes lo respaldan-, se horrorizan ahora por las supuestas transgresiones de los más delicados y sutiles principios jurídicos.
Los que organizaron la "caravana de la muerte", un destacamento militar que recorrió el norte de Chile fusilando sin juicio a decenas de prisioneros civiles, se escandalizan porque uno de los lores participa en una institución de derechos humanos.
Los que despedazaron con una bomba al general (r) Carlos Prats y su esposa en Buenos Aires, e hicieron lo mismo en Washington con Orlando Letelier y su secretaria, se rasgan las vestiduras ahora por la horrenda violación de la soberanía de Chile.
Apresar al ex dictador y someterlo a proceso con todas las garantías que él no concedió a los chilenos que asesinó, torturó y desapareció, resulta una política "colonial".
Por supuesto, ninguno de sus excitados partidarios se molesta en recordar que todo comenzó con la comprobada intromisión de los norteamericanos en Chile, que conspiraron para derrocar a Salvador Allende, financiando y apoyando el golpe de Augusto Pinochet.
En las últimas semanas el gobierno norteamericano ha empezado a desclasificar algunos documentos de los Departamentos de Estado y de Defensa, la CIA, el FBI, el Consejo Nacional de Seguridad y otros, que confirman sin lugar a dudas la intervención y apoyo norteamericano al golpe de Pinochet y la responsabilidad directa de éste en los crímenes cometidos por la junta militar.

  • Los primeros documentos describen los frenéticos intentos para impedir que Allende llegue al poder, e incluyen las notas manuscritas del entonces director de la CIA, Richard Helms, de su reunión del 15 de setiembre de 1970 con el presidente Richard Nixon. Las directivas de Nixon son claras: iniciar operaciones encubiertas para impedir que Allende llegue al gobierno y promover un golpe en Chile. (Allende había ganado las elecciones, pero como no había alcanzado el porcentaje mínimo tenía que pasar por una votación en el Congreso).
  • Al día siguiente Helms se reúne con el staff de la CIA y crean un grupo de tarea dirigido por el veterano agente David Atlee Phillips y supervisado por Thomas Karamessines, director de Planes de la CIA. El nombre clave de la operación contra Allende es "Fubelt".
  • Un memorándum de la CIA del 15 de octubre de 1970, resume las discusiones entre Henry Kissinger, el general Alexander Haig y Karamessines. Para esa fecha había fracasado el plan "Track I", que consistía en anular las elecciones y reelegir al presidente democristiano Eduardo Frei Montalva, con apoyo y financiación de los EE.UU. Estaba en marcha el "Track II", derrocar a Allende.
  • Al día siguiente Karamessines transmite las órdenes de Kissinger al jefe de la estación de la CIA en Santiago, Henry Hecksher: "Allende debe ser derrocado por un golpe". Además, precisa el cable, el embajador de EE.UU. en Chile, Edward Korry, no debe ser informado de "Track II" y cualquier orden contraria a la preparación del golpe debe ser ignorada por la CIA.
    Esto desmiente la versión que ha dado luego Kissinger en libros y declaraciones, en el sentido que Track II fue cancelada.
  • Pero había un obstáculo, el Comandante en Jefe del Ejército, el general René Schneider, se mantenía firme en respetar la decisión popular y se oponía al golpe. La CIA provee armas y municiones y complota con un grupo de militares chilenos para "neutralizar" a Schneider, pero otro grupo de militares, con el que la CIA también había colaborado, se adelanta y asesina a Schneider el 22 de octubre.
    La reacción popular y militar es contraproducente para los golpistas y dos días después Allende es ratificado por el Congreso.
  • Los centenares de páginas de documentos desclasificados incluyen un reporte del agregado militar norteamericano en Santiago, del 15 de abril de 1975, que señala que el jefe de la DINA (el servicio de inteligencia), el coronel Manuel Contreras "reporta exclusivamente, y recibe órdenes sólo del presidente Pinochet".
    Eso confirma la versión de Contreras, hoy preso, que ha sostenido que todas sus acciones eran conocidas y ordenadas por Pinochet, con quien se reunía diariamente.
    En suma, los documentos desclasificados corroboran la intervención directa de los EE.UU. en el derrocamiento de Salvador Allende y el respaldo posterior a la dictadura de Augusto Pinochet.
    Pero esta intervención extranjera, que culminó con el asesinato de miles de personas, no violó la soberanía de Chile, según el ex dictador y sus partidarios. La escrupulosa decisión de los jueces británicos y españoles que tienen a Pinochet en una jaula de oro, sí. ¡Qué tal cuajo!

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