Culturales




Biografía de la Carne
José Watanabe, en diálogo exclusivo, anuncia "Cosas del Cuerpo", su nuevo libro.

El poeta en su hábitat, frente a los instrumentos que le permiten convocar a los dioses personales.

JOSE Watanabe sonríe con incredulidad cuando escucha que es un poeta acerca del cual nadie ha osado pronunciar diatribas lapidarias. En tono irónico, comenta que no está seguro de si aquello constituye un buen augurio, pero su memoria no tarda en invocar los días en que Alejandro Romualdo le endilgaba adjetivos laudatorios, distinguiéndolo del resto de sus compañeros de ruta. Hace poco me invitaron a San Marcos. Se presentaba una nueva revista, en la que yo he publicado dos poemas. Esperaba una asistencia de cuarenta o cincuenta personas, pero la sala estaba atiborrada de público. Puede ser cierto que los poetas jóvenes experimenten alguna identificación con mi poesía.
El tema de su ubicación en el panorama poético de la década de 1970 parece activar en él un particular entusiasmo. No duda en defender su carácter insular, pese a ciertas pintorescas confusiones que lo asocian al grupo Estación Reunida. Al respecto, siempre ha sostenido jocosamente que su nombre no figuró en ninguno de los manifiestos de la época debido a un factor accidental. Es posible que un resfrío o una gripe me haya impedido estar en el lugar y tiempo adecuados. Por eso, no figuro en la nómina de Hora Zero o de otras agrupaciones. Lo digo sin ningún ánimo ofensivo. Estar asociado a un grupo era algo incidental. La existencia de estas cofradías fue, de algún modo el resultado de una mitificación.

El cuarto poemario del autor aparecerá en el mes de enero.

El diálogo se orienta hacia aguas un tanto más serenas, pero no por ello menos intensas: el itinerario poético de José Watanabe, iniciado con Album de Familia (1971), un libro que le valió el Premio "Poeta Joven del Perú" -compartido con Antonio Cillóniz-. Los textos incluidos en esta colección fueron escritos a fines de la turbulenta década de 1960. Esa agitación exterior constrasta con el universo generado por el poeta en torno de los años infantiles, transcurridos en Laredo, pueblo norteño donde recalara su padre -inmigrante que llegó al Perú en 1912-. El libro se inserta en una tradición de larga data. Me refiero a las Canciones de Hogar que aparecen en la última sección de "Los Heraldos Negros", de Vallejo, o a poemas como "El Hermano Ausente en la Cena Pascual" y "Tristitia", de Valdelomar. Mi intención fue rescatar el mundo de la infancia, de la intimidad hogareña con sus grandezas y tragedias.
En 1989, Watanabe publicó El huso de la palabra, considerado el poemario más importante de aquella década a partir de una encuesta efectuada por la revista Debate. En ese libro de madurez, subyace un registro en el cual las experiencias vitales derivan hacia la contemplación y el desencanto. Los poemas de "El huso de la palabra" reflejan una preocupación personal por la ciencia, por el hecho de que ella albergue temas de profundas implicancias poéticas. Sin embargo, es recurrente el paraíso no perdido de la infancia.
Cinco años después, en 1994, sale a la luz Historia Natural, una "biografía del cuerpo" con resonancias de la poesía japonesa y de la cultura andina. Laredo es un punto de tránsito entre la costa y la sierra. De ahí que yo, por parte de mi madre, siempre estuviera familiarizado con una organización del mundo particular, una visión que divide la historia en dos etapas: la de los gentiles (natural, primitiva) y la cultural , el momento de la civilización.
A la extensión de ese sondeo corresponde Cosas del Cuerpo, nuevo poemario de Watanabe que circulará desde enero. Según el escritor, el soma deviene metáfora ya no del cosmos, sino de la patria esencial constituida por nuestros órganos y fisiología. El libro se concentra en la fugacidad, en lo efímero de la condición biológica. Su título proviene de una frase común en las provincias del Perú. Cuando un muchacho justificaba ante el profesor su salida del aula por una urgencia corporal, decía que "iba a hacer cosas del cuerpo". Poco después, me enteré, a través de un amigo, de que un texto del escritor latino Marcial coincidía con la frase que yo había elegido: "Que se hable de los dioses/ por los siglos de los siglos,/ pero del cuerpo y de las cosas del cuerpo/ acordémonos todos los días". (José Güich Rodríguez).

EL MAESTRO DE KUNG FU

Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente al mar de Barranco

Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.

Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.

Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.

-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.

José Watanabe.
Cosas del Cuerpo.


La Isla de Pineda
La Galería Municipal Pancho Fierro ha inaugurado la muestra de Jorge Pineda, un importante artista dominicano. La instalación que presenta se titula La Isla. Trata sobre las alegrías y las tristezas de los hombres y las mujeres del Caribe. Permanecerá abierta al público hasta el 27 de diciembre, en el horario corrido de lunes a domingo, de 11.00 a.m. a 8.00 p.m., en el pasaje Santa Rosa 110.


Voces de la Tierra
Publicación consolida panorama del arte peruano desde su tiempo fundacional.

Figurina de la Cultura Nasca, Período Intermedio Temprano.

Unca con felino y aves. Textil de la Cultura Chancay.

EL Instituto Nacional de Cultura (INC) y Petroperú han editado una atractiva publicación titulada Arte en el Antiguo Perú, del investigador Ricardo Estabridis Cárdenas. Este esfuerzo conjunto del sector público y privado rescata, en extraordinarias imágenes, un patrimonio que se integra con naturalidad a los grandes aportes de las antiguas civilizaciones y culturas al arte universal. Casi diez mil años de historia han sido condensados en el volumen. De este modo, el lector accede a un panorama completo de la actividad plástica, desde el arte rupestre hasta las grandes realizaciones precolombinas y los hitos del incario, hito máximo de una aventura humana incomparable. Dice Pablo Macera en el prólogo: "El arte plástico del antiguo Perú ¿es también un arte del Perú actual? Este libro parece elegir una respuesta afirmativa que implica otra postulación: el Perú actual es algo diferente y también a la vez quiere verse como una continuación del antiguo Perú". Sin duda, se trata de un valioso material de consulta para todos aquel interesado -especialista o neófito- en la indagación del pasado y sus vinculaciones con un presente plagado de expectativas. Las manifestaciones que el texto reproduce dice mucho de los hombres que hace miles de años poblaron nuestro territorio y supieron crear belleza sin límites.


Galardones
Eduardo González Viaña y Jorge Ninapayta, quien ganó el Cuento de las Mil Palabras con el relato "García Márquez y yo".

Dos escritores peruanos se han hecho acreedores a sendos premios en el prestigioso Concurso Internacional de Cuentos Juan Rulfo 1998. Se trata de Eduardo González Viaña, con su relato "Siete Noches en California". Por su parte, Jorge Ninapayta, ganador del "Cuento de las Mil Palabras", recibió el reconocimiento Le Monde Diplomatique, con el relato "Muñequita Linda". Cada uno recibirá quince mil francos.


Guaracha Escrita
Luis Rafael Sánchez, el mágico escritor portorriqueño, retorna a Lima en un libro.

El escritor caribeño es un maestro del lenguaje festivo y lúdico.

LUIS Rafael Sánchez, autor de La Guaracha del Macho Camacho, de La Importancia de llamarse Daniel Santos y del flamante No llores por mí, Puerto Rico, es uno de los narradores más animosos y sorprendentes de la América Latina, "la América descalza que habla en español". Idioma éste en que él ha echado a andar una prosa rítmica y jugosa, que alberga ecos de maracas, de Quevedo, de Mahler, de Chopin. La Universidad de Lima, coligada con el Fondo de Cultura Económica-Perú, acaba de publicar en libro las intervenciones de los 37 participantes del Encuentro Internacional de Narradores. Las páginas de Sánchez reafirmarán o justificarán, sin duda, el entusiasmo que despertó este autor casi desconocido acá, aunque ovacionado por la primera división de los escritores de América y anchamente popular en el Caribe y en el núcleo de habla hispana de los Estados Unidos. Quizás muchos ignoran que Sánchez es asimismo ensayista memorable. Su libro La guagua aérea (guagua llaman en Puerto Rico y en Cuba al ómnibus) es una maravilla de reflexiones sobre la historia viva de nuestros pueblos , y en particular de Puerto Rico. Sánchez es también festejado autor teatral. (César Lévano).