Baca y Su Laberinto




El Bono o La Vida
Los Tesobonos y los Bonos Rotos.

LA compra de cartera mediante el intercambio con bonos del Tesoro Público no es precisamente una novedad, ya que en 1993 se ensayó un mecanismo similar por US$ 100 millones para reestructurar empresas en problemas. Los bancos podían optar entre pedir bonos o dinero en función al número y requerimientos de empresas productivas con un plan de reestructuración de sus pasivos, un cronograma de pago, la capacidad de pago, la competencia en el mercado y, de ser necesario, un plan de reconversión.

Baca: para qué habló de 20 años.

Ahora el esquema es distinto. La compra de cartera no está dirigida a reestructurar los pasivos de las empresas, sino a mejorar notablemente los balances de los bancos. Quizá por ello, los empresarios que no son banqueros han empezado a reclamar el mismo apoyo que el gobierno les da a los bancos. Otro tema es si la medida realmente es un aumento de la liquidez. De negociarse en el mercado secundario estos Tesobonos por US$ 150 millones -luego de descuentos y castigos- representarían aproximadamente US$ 126 millones de inyección. Sin embargo no es suficiente.
Si sólo se contempla como una solución a la cartera pesada de los bancos, la interrogante se mantiene. Entre enero y octubre de este año la cartera pesada se elevó de S/. 1,827 millones a S/. 3,110 millones, es decir, S/. 1,283 millones (US$ 350 millones). La llegada de estos primeros US$ 126 millones no resuelve mucho porque en la medida que los bancos vayan ordenando sus cuentas, nuevos créditos seguirán venciéndose y pasando a morosidad. Se espera por ello que muy pronto salga el segundo tramo y luego otro, hasta llegar a los US$ 1,000 millones prometidos.
Una solución más integral hubiera sido repetir la experiencia de 1993 -"bonos más líneas de crédito"- combinación que no sólo animaría a elevar el capital de los bancos, sino que representaría un chorro para las empresas.

CHILE

El ministro de Economía Jorge Baca en la CADE de Piura comparó al Perú con las vicisitudes de Chile en la década del '80 en la que la compra de la cartera pesada representó un hito. Sin embargo, la crisis chilena fue magistral. La cartera pesada pasó de 2.3% (1981) a 18.3% (1983), y los créditos en problemas pasaron de 15.2% (1981) a ser el 46% (1982) y una trepada espectacular en 110% (1983). En otras palabras, con sólo abrir las oficinas los bancos estaban generando pérdidas.
Entonces las autoridades chilenas decidieron olvidarse de la mano invisible y salieron con los salvavidas a intervenir en el mercado. Entre 1981 y 1982 se liquidaron 11 entidades financieras, principalmente por problemas operativos y por la existencia de créditos relacionados (concentrados). En 1983 se intervinieron una financiera y siete bancos, entre ellos los dos bancos más importantes de ese país; la Superintendencia designó administradores provisionales y finalmente 3 bancos no lograron sobrevivir.
Cosa curiosa, los Chicago Boys que antes habían privatizado el sistema financiero, luego, llegaron a controlarlo todo. Entre 1985 y 1986 los bancos se volvieron a reprivatizar.
¿Cómo se limpiaron los créditos vencidos de la banca? El gobierno chileno determinó en 1982 que el Banco Central comprara la cartera pesada de los bancos, con bonos del Tesoro hasta el nivel del 100% del patrimonio de las instituciones, al igual que ahora en el Perú, pero sin un límite tan bajo como en el caso peruano.
En 1984 el Banco Central de Chile llegó a ser dueño del 60% de la cartera de los bancos. El costo de este salvataje chileno fue bastante elevado. La versión oficial reconoce US$ 3,400 millones, aunque hay expertos que afirman que llegó hasta US$ 7,000 millones. De acuerdo al libro Banking Crises editado por el Fondo Monetario (FMI) y escrito por Andrés Velasco, en 1985. El monto de la cartera vendida por la banca comercial al Banco Central era de US$ 2,360 millones. Mientras Nicolás Eyzaguirre señala en "Financia Crisis, Reforma and Estabilización: the Chilean Experience", que el costo del programa de rescate representó entre US$ 7,000 y US$ 9,000 millones, aproximadamente 14,3% del PBI.


Pavo Flaco
El Programa Navideño.

LA economía peruana viene mostrando su rostro más triste estas fiestas navideñas. El entrampamiento del modelo podría resumirse en una frase: "Si se produce, no se vende, y si se llega a vender, no se cobra". Con el agravante que ya se ha pagado el IGV y el crédito a los bancos, existe un riesgo que muchas empresas vayan a cerrar por esta perniciosa situación.
Este es el nudo -nada umbilical- que se ha formado entre industriales, comerciantes y bancos y es el que no logra desatar el ministro de Economía Jorge Baca.

Carlos Bruce de Adex: la santa paciencia.

No sólo se trata de que "la demanda ha caído" para equilibrar el déficit externo (CARETAS 1546), sino que aquellos que aún tienen capacidad de gasto se abstienen de consumir porque esperan que los precios sigan cayendo para realizar, más adelante, una compra más ventajosa, mientras que otros se han dedicado a ahorrar afanosamente porque el fantasma del desempleo parece tocar sus puertas.
El suelo no está parejo aún porque el caso del Banco República y del Banco Latino han mellado la credibilidad del modelo.
No era tan cierto "que el programa económico era el más fuerte de la región", ni tampoco que "poseíamos el segundo sistema financiero más fuerte", o aquello de "la mejor regulación" y hasta que teníamos una supervisión realizada por "jóvenes turcos".
También preocupa que ningún gurú criollo haya podido atisbar estas debacles bancarias. Las cifras oficiales de la SBS y el BCR mostraban una realidad distinta. Los empresarios reclaman planes de contingencia mientras que Baca señala que hay que persistir 20 años en el modelo.

Emilio Navarro de la SNI: guerra abierta.

Por cierto, es muy difícil que volvamos a gozar de la primavera de los capitales de corto plazo de la década de los '90. Hasta el segundo trimestre de 1990, el promedio mensual de ingresos a la banca era de US$ 134 millones, pero luego de la crisis rusa el sentido del flujo cambió de dirección, tanto que el retiro de las líneas de crédito ascienden a un promedio mensual de US$ 94 millones. Quizá por ello los adeudos con el exterior de la banca han caído de US$ 3,701 millones (30/6/98) a US$ 3,323 millones (15/11/98).
Lo que es peor es que el costo de estas líneas se ha incrementado en dos o tres puntos por las restricciones de las entidades supervisoras de EE.UU. y Europa, sumamente cautelosas ante el desenvolvimiento del caso peruano.
Esta crisis de liquidez se debe a que el BCR desde 1990 privilegió la toma de adeudos al castigar los depósitos en moneda extranjera con un altísimo encaje mayor al 40%, propiciando así que los bancos recurrieran al fácil expediente de aumentar endeudamiento con el exterior.
Esta política de encaje resultó siendo el talón de Aquiles del sistema financiero al carecer el equipo del MEF de la lectura correcta de la inestabilidad de Brasil.
La discusión se limitó a los efectos cambiarios y comerciales de una devaluación del Real sin considerar que la región se tornaba peligrosa para los capitales de corto plazo al que eran "adictos" los bancos peruanos (porque sólo podían disponer de alrededor de 60% de sus depósitos en moneda extranjera).
El Perú estaba sumamente expuesto a sentir esta restricción del mercado de capitales, y ni el MEF ni en el BCR la vieron. Un error de diagnóstico. Otro error fue la combinación perversa en la contracción de la demanda vía fiscal reconocida por el titular del MEF, con la reducción del crédito interno (alentado por la política monetaria del BCR). Es así que en 1998 la tasa de expansión del crédito se redujo a la tercera parte de lo experimentado en 1997, lo que motivó que se rompiera la cadena de pagos en muchos segmentos del mercado. Las letras de cambio para descontar en un banco dejaron de ser un mecanismo de acceso a la liquidez, se proscribió el sobregiro y las cartas fianzas; y se congelaron los pagarés.
El tercer error más reciente en el caso del Banco Latino fue confundir un problema de liquidez con un problema de solvencia. La licuación de la participación accionaria de los antiguos accionistas es una evidencia del deterioro de la calidad de los activos de los bancos. La falta de financiamiento es el principal motivo de la morosidad bancaria.
En este caso, por paradójico que parezca, ni el ministro Baca ni el superintendente Martín Naranjo han percibido concentraciones de crédito en los grupos económicos vinculados a los accionistas. En hora buena.